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Gustavo
F. Cirigliano
Profesor
Responsable de la sección
"Reflexiones del viejo profesor"
¿Cómo redactar una "semblanza"
sin caer en la habitual y casi inevitable enumeración
curricular o acumulación de presumibles antecedentes
profesionales? Si acaso tales datos no son más que
una cáscara ¿qué quedará cuando
uno se despoje de ellos sino una indisimulable desnudez?
Pero valga el intento de satisfacer su pedido.
No diré que empezaré por el comienzo porque
no sé cual fue el comienzo y de qué lo fue.
Casi cualquier dato puede ser comienzo. Así que me
veo en el año 1952 enseñando latín
en un secundario nocturno de Lomas de Zamora. A partir de
eso lo que siga puede ser un rosario de instituciones recorridas
a veces en un cambio voluntario, otras por un cambio forzado
o quizá debido a la atrayente sospecha de una ocasión
para mejorar. Vaya a saber qué fue. Bueno será
recordar las cosas buenas, porque de las otras sobran. Y
ya que estamos continúo.
A los 27 años, profesor en la Facultad
de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad
Nacional de La Plata, a cargo de Filosofía de la
Educación. Y a los 30 años profesor visitante
en Syracuse University, EE.UU. En ambos casos debido a la
generosidad y ayuda de auténticamente valiosos profesores
antes obviamente que a méritos míos. Según
creo, era visto por ellos como una promesa. Dios sabrá.
Porque se cumplen tan poco las promesas en nuestro país.
Me casé con una profesora, compañera de estudios
en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, tengo
una hija, dos nietos, escribí libros, de los cuales
uno alcanzó regular fortuna pero siempre escasa retribución
económica.
Recorrí todo el ritual o ceremonial,
que quizá sea más una simulación académica,
participando en congresos en el extranjero, escribiendo
en sedicentes revistas especializadas, dando conferencias,
impartiendo cursos en el interior. Con los años uno
ve que casi todo eso contiene mucho de frágil y perecedera
rutina pero entonces prefería creer, o engañarse,
que estaba ayudando a mejorar la realidad. Cuánto
esfuerzo vano cuando el país no tiene un claro proyecto
de lo que ha de ser, de lo que se compromete a ser. Un país
que recorrió proyectos de nación cuando está
sin proyecto se encuentra perdido. Pero también cuando
un país no tiene proyecto, termina estando en el
proyecto de otros países que sí lo tienen.
La gente vinculada con la Educación,
los docentes en particular, fueron muy generosos conmigo
y me atribuyeron virtudes que, vistas con frialdad, eran
apenas insistencias. La insistencia puede considerarse virtud
si se la ve como tenacidad o defecto si como terquedad.
Prosigo. Cuando la realidad que sigue implacables cursos
me empujó hacia afuera fue la generosidad de la Universidad
Nacional Abierta de Venezuela la que me acogió desde
1977 a 1980 y me permitió aprender y trabajar en
"educación a distancia". Las vueltas que
tiene la vida, según reza el tango. De 1981 al 84
a España le debo la posibilidad de trabajar ofreciendo
cursos de "Análisis Transaccional aplicado a
Educación" en los ICE de sus universidades.
En 1984, de regreso sí, pero a empezar de nuevo el
recorrido por universidades argentinas.
Me pregunto a quién le pueden interesar
estos recuerdos. Mejor abreviar. Actualmente
me ocupa el escribir artículos para
ejercicio de paciencia de aquellos que reciben las "Reflexiones
del viejo profesor" o "Historias del Agustino"
o las "Disquisiciones tangueras" que ejemplifican
los intereses de hoy: por ejemplo al Agustino le interesan
los gnósticos cristianos del siglo II y III y los
austeros cátaros de los siglos XI y XII y también
los valdenses, los fratricelli....
Y se acaba...
Gustavo F. Cirigliano
Buenos Aires, septiembre de 2001.
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