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Me preguntas qué es fado. Si lo que buscas es el
significado literal, sería "hado, destino",
lo mismo que "saudade" podría traducirse
como "añoranza, melancolía o nostalgia".
Pero nunca se transmitiría con ninguna de esas traducciones
todo lo que hay envuelto en ambas palabras. Son más
que música o poesía; constituyen toda una
actitud y un modo de vida. "Fado es todo lo que digo/
y todo lo que no puedo decir", cantaba Amália
Rodrigues. Pero cuidado, "que nadie pretenda ver el
mar en un vaso de agua" y decir que el fado constituya
exactamente el alma y carácter lusos.
Existen muchas teorías sobre el origen de la canción
nacional portuguesa por excelencia. Algunos hablan de las
influencias de la música de las antiguas colonias
(brasileñas y africanas) en la población interétnica
que se estableció en el barro lisboeta de Alfama
y de que originalmente "fado" se aplicaba a una
forma de baile de raíces africanas con acompañamiento
de guitarra (el lundu o lundum, un canto de cosecha congoleño
que se hizo popular en Brasil un siglo antes). Otros hablan
de las influencias magrebíes o árabes, celtas
(por el sonido de la guitarra) o incluso de la música
búlgara (por las influencias gitanas). Quién
sabe. Lo único que conocemos de seguro es el crisol
donde todos esos elementos y algunos otros confluyeron:
"que vino del mar y recaló para siempre en Lisboa".
Y desde entonces hasta ahora, sobre todo debido al aislamiento
al que ha estado sometido Portugal, el núcleo central
del fado ha sufrido pocos cambios. Todavía puede
escucharse en Alfama o en el Bairro Alto, en restaurantes,
cafés y casas de fado.
El fado precisa del momento, del ambiente y el contacto
con el público. Es por ello que no es tan fácil
transmitir la magia del fado en un disco. Lo cual no quiere
decir que sea difícil encontrar grabaciones. Las
primeras datan de cerca de 1910, y siguiendo hasta 1936
encontramos toda una serie de discos llamados "Arquivos
do Fado" (Archivos del Fado) que recogen por ejemplo
voces consideradas míticas dentro del género
como la de Madalena de Melo, María Silva, Celestina
Luisa o Adelina Fernandes en (*)"Arquivos do Fado vol.
III: As fadistas de Lisboa (1928-1931)" o piezas instrumentales
a las guitarras como la de Armandinho, el intérprete
por excelencia del fado en (*)"Arquivos do Fado vol.
IV: Armandinho (1928-29)". Algunos de estos discos
pueden encontrarse todavía en tiendas grandes o en
catálogos de venta por correo.
Pero la reina del fado no puede ser otra que la gran Amália
Rodrigues, también nacida en el barrio de Alfama,
hija de una pobre vendedora de naranjas. Comenzó
su carrera de fadista en 1939, y desde entonces nadie ha
discutido que quien manda en el fado es ella. Algunas de
las grabaciones que podríamos mencionar de Amália
son (*)"Fado Lisboeta", la recopilación
de grandes éxitos de los 50 "O Fado" o
(*)"Monitor presents Amália Rodrigues"
grabado en directo en el Olimpya de París en 1960.
Tras más de cinco décadas ya está retirada
de los escenarios. Y ya hay algunos buscándole sucesora.
Claro que las comparaciones son odiosas. Amália representa
más que una cantante, toda una época. Y las
nuevas generaciones no quieren ni pensar en heredar el trono.
"No soy fadista, soy cantante de fados. No quiero repetir
lo que otros hicieron bien en su época", dice
Mísia. Dulce Pontes tampoco quiere la etiqueta de
fadista, pues su repertorio es mucho más amplio y
abierto hacia otros estilos. A todo esto algunos han visto
en Teresa Salgueiro esa gran voz sucesora. Pero hay un problema:
lo que hace Madredeus no es fado. Ni parecido. Tal vez esté
emparentado, eso sí, con esa sonoridad y sentimiento
de "saudade" portugueses. Pero nada más.
Y aún así, no sé si es cierto, pero
cuentan que cuando Amália escuchó cantar a
Teresa, dijo: "Por fin".
Y es que, como también expresó un periodista:
"el fado es tan parte de Portugal como el oporto. Pero
a diferencia del vino que mejora con el tiempo, el fado
simplemente se ha hecho viejo. Viviendo de su anterior gloria
pero atascado en sus costumbres, se ha convertido en algo
obligatorio para los turistas pero ha perdido interés
para una generación más joven educada en el
pop-rock". El "encorsetamiento" que se ha
dado en el género ha dado escaso margen para la innovación.
Y aquí es donde entran las nuevas generaciones. "Si
es posible la actualización de otras músicas
étnicas, ¿por qué no hacer lo mismo
con la música portuguesa?" plantea Dulce Pontes.
El problema sólo es uno, pero un tanto grave: "los
portugueses tienden a desvalorizar nuevas iniciativas"
(Vitorino Salomé) . Cuando Madredeus empezaba, les
decían cosas como: "¿Pero qué
hacéis? ¿Dónde está la guitarra
portuguesa?" o "¿Si esta chica canta tan
bien por qué no canta fados?". Aunque hay que
decir que con el tiempo los portugueses han llegado ha ser
los fans número uno de Madredeus, y que también
están respondiendo gradualmente a otras iniciativas
semejantes. Otro problema tenía que ver con un cierto
"prejuicio cultural contra el fado; la 'inteligencia'
lo consideraba reaccionario". Ahora "para los
intelectuales portugueses, el fado ya no es una horterada"
(Mísia).
Pese a lo que les pese a los puristas y a los críticos
musicales que los califican de contradecir "la más
pura y noble cultura portuguesa de nuestro tiempo",
la renovación está en marcha. Y digo yo, si
no fuera por ella, ¿quién hablaría
hoy de Amália Rodrigues o Zeca Afonso entre la juventud,
o fuera de sus fronteras? Nadie, o casi. Así que
más bien deberían estar agradecidos a gente
como Madredeus, Mísia o Dulce Pontes. "Había
muchas personas en Portugal, sobre todo los jóvenes,
que no conocían muy bien su música al estar
sometidos a un continuo bombardeo de influencias anglosajonas.
Ellos, que se estaban desprendiendo de sus raíces,
parece que retornan, merced a propuestas como la nuestra,
a sus orígenes. Creo que se está harto de
escuchar las mismas formas y se hacen necesarias otras cosas"
(Dulce Pontes). Y ya hay otras cosas. Pero antes de entrar
en lo que será el segundo artículo de este
monográfico, nos queda por ver la otra cara del fado:
el de Coimbra.
Coimbra es una ciudad de antigua tradición universitaria
en Portugal (hasta 1911 la única en el país),
como un equivalente de Salamanca, para que nos entendamos.
Un lugar donde la literatura y la poesía se respiran
en cada calle. Para los años 20-30 el estilo de canción
conocida como fado de Coimbra cobró mucho auge. Aún
hay grabaciones de muchos de estos cantantes como los profesores
Edmundo de Bettancourt o Lucos Junot, y los guitarristas
Artur Paredes o José Joãoquim Cavalheiro.
Estos se interesaron mucho por recuperar elementos populares
de distintas regiones; algunos de estos hubieran de otro
modo desaparecido de no ser por su labor. "Arquivos
do Fado vol. V: Fado de Coimbra (1926-1930)" recoge
la música instrumental y vocal de este otro lado
de la tradición.
Si bien el fado de Coimbra mantiene el mismo acompañamiento
que su hermano de Lisboa (guitarra portuguesa, guitarra
española o "viola", y a veces violín
y acordeón), su forma de ver la vida es algo distinta.
Es más refinado y menos trágico. Alguien lo
definió como "la canción de aquellos
que retienen y acarician sus ilusiones, no la de aquellos
que las han perdido irremisiblemente". Por supuesto,
ambos comulgan del espíritu común de la "saudade".
También en Coimbra tiene su origen una variante bailable
del fado llamada bater.
Cuando uno lo analiza, por otro lado, parece ver un cierto
contraste entre los dos: Fado de Lisboa, nacido entre las
clases menos favorecidas, y fado de Coimbra, entre las clases
más cultas. Fado de Lisboa con Amália Rodrigues
como asociado al anterior régimen, al fado más
tradicional, y fado de Coimbra con José Afonso como
asociado a la democracia y a la renovación.
Precisamente terminaremos nuestro repaso hablando del cantautor
José Afonso, una de las figuras clave que más
ha influido en la música portuguesa de los últimos
años. Nació en 1929 y pasó su infancia
en las colonias portuguesas de África. Ya en Portugal
se dedicaría a la enseñanza y a la renovación
del fado de Coimbra, al cual dedicaría su primer
disco ("Fados de Coimbra", de 1956). José
Afonso haría evolucionar este estilo llevándolo
a través de la balada o trova en los años
sesenta, y confluyendo también en él las influencias
de lo popular, tanto de Portugal como de las colonias africanas.
A mediados de esa década daría clases en Mozambique,
desempeñando una intensa actividad política.
De vuelta a Portugal se le prohibió ejercer la docencia
y se dedicó de lleno a la canción de autor
con unas letras incisivas que denunciaban los muchos abusos
sociales y una voz llena de emoción entonando no
menos bellas melodías. José Afonso moriría
en 1987, no sin dejar tras de sí un riquísimo
legado: su extensa discografía (más de 20
discos) y decenas de canciones inolvidables que seguirán
sonando en boca de tantos y tantos intérpretes por
mucho, mucho tiempo. Pero por encima de todo, habría
que decir que la renovación de la música portuguesa
tiene un nombre propio: José Afonso. Con él
han trabajado músicos y autores que después
han llevado la iniciativa: Julio Pereira, Guilherme Inês,
José Mario Branco y cantautores como Fausto, Vitorino
o Janita Salomé.
Por supuesto, podríamos extendernos con su discografía
mucho más de lo que pretendemos aquí. Por
citar algunos de sus trabajos: uno de los que más
fácilmente se encuentran es (*)"Cantigas do
Maio" (1971), que contiene entre otros el tema "Grândola
Vila Morena", que se hizo himno de la Revolución
de los Claveles que trajo la democracia. También
podríamos destacar "Coro dos tribunais"
(1974), (*)"Ao vivo no coliseu" (1983), disco
doble grabado en Lisboa, y su último trabajo, (*)
"Galinhas do Mato" (1987).
No sé si hay tanto saliendo de Portugal como a veces
se hace ver. "Tanto" en Nuevas Músicas
no creo (y no me parece que sea), pues la población
(apenas 10 millones) tampoco es tan amplia como para permitirlo,
y así lo reconocen muchos de ellos. Pero aunque sean
pocos, eso sí, hay que reconocer en muchos de esos
músicos ideas, iniciativas y actitudes que falta
haría que otros países tomaran (y tomáramos)
más en cuenta. Sí, hay algo que se mueve en
Portugal: son la nueva "saudade". |