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“Carlos
V, emperador, solía decir que conviene hablar: en
castellano con Dios, en frances con los amigos, en alemán
con los enemigos y en italiano con el sexo femenino. Pero
si él hubiera poseído el idioma ruso, es probable
que hubiera añadido que éste es conveniente
para hablar con todos aquellos, ya que hubiera encontrado
en él la majestad del castellano, la viveza del francés,
la fuerza del alemán, la suavidad del italiano y,
además, la riqueza y el laconismo, vigoroso en imágenes,
del latín y del griego.” [En “Gramática”
de M.V. Lomonósov, 1755]
Con tamaña declaración es
lógico que se despierte en nosotros el bichito de
la curiosidad, sin embargo a la hora de saciarla nos hallamos
con la dificultad del poco material en español que
hay en librerías y en internet.
Luego de desilusionarme terminé por
convencerme que la elección había sido acertada,
e inicié el peregrinaje anterior a todo gran descubrimiento,
fue un camino apasionante en el que pude percibir que si
hay algo que aglutina a la literatura rusa –sin importar
periodos o estilos- es el hecho de desarrollarse en ambientes
contrarios a la comodidad. Es impresionante comprobar cómo,
en cierto modo, la censura ayudó a crear el estilo
y la orientación literaria rusa. Las historias se
entretejen alrededor de intelectuales que conocieron de
persecuciones, destierros, prohibiciones, duelos y tardías
redenciones.
Para comprender a un pensador, a un escritor
o a un artista, es necesario comprender la idiosincracia
del pueblo que lo acogió, y conocer los hechos que
hicieron de su vida un suceso original.
El desarrollo de la literatura rusa está
signada por la historia, acorralada o incluso fomentada
por la censura y las restricciones. Si afirmamos que la
historia de la literatura es la historia del temperamento,
cada pueblo tiene la literatura que ha sabido conseguir
a partir de la natural inclinación de su pensamiento,
y la rusa no es la excepción a la regla.
Cuando hablamos de escritores rusos, salen
a relucir nombres de la talla de Tolstoi y Dostoiewski,
sin embargo la literatura rusa, por no decir prácticamente
la lengua rusa nace con el gran Alexandr Serguievich Pushkin.
Pushkin pertenece al grupo que, junto a
Gógol, el joven Lérmontov, Gocharóv
y Turguéniev signó el siglo de oro de la literatura
rusa. Estos escritores nacieron en una época en la
que la instrucción era prácticamente un privilegio
de nacimiento y en la que aparecieron los primeros luchadores
por la libertad, una época en la que los escritores
se sintieron en la posición de tener que cumplir
una elevada misión social en medio de una censura
que, en su proceso, terminó por devorarlos.
Encontramos un poema sobre la muerte de
Pushkin escrito por la pluma mordaz de Lermontov que dice:
“¡Murió el poeta! –el siervo de
la dignidad-
¡Con sed de venganza y plomo en el
pecho
cayó difamado del rumor,
inclinó la orgullosa cabeza!
(…)
Callaron los mágicos sonidos
Las canciones ya no sonarán:
Y Estrecho y triste está su hogar
Sellados los labios del cantante.
¡Y ustedes sucesores arrogantes
de la célebre hipocresía de sus gloriosos
padres
reparan frangmentos con el talón encadenado
jugando con la felicidad de estirpes ofendidas!
Ustedes, ególatra masa, junto al trono apiñada
¡Verdugos de la Gloria, la Libertad y el Genio!
Bajo la sombra de la ley se esconden
Y el juicio y la verdad -¡están callados!…
Mas, amasios de la perversidad,
Existe el criterio divino
Espera el juicio terrible
Al sonido del oro inalcanzable:
Actos y pensamientos sabe por adelantado.
Y entonces será inútil acercarse a la maledicencia
Esta vez no los protegerá
¡Con su oscura sangre no podrán lavar
la sangre cristalina del poeta!”
[Fragmento de “La muerte del poeta” de: Mijail
Lermontov]
Este poema le valió al joven Lermontov, de tan sólo 27 años, la deportación
al Cáucaso y luego su asesinato en un duelo planeado.
En la presente edición, tomaremos
sólo a tres exponentes de la cultura rusa, pero espero
poder retomar en otra ocasión este tema, para hacerle
justicia.
El gran cuentista y dramaturgo Antón
Chéjov –el escritor de la prerrevolución-
de él rescatamos un cuento magnifico que pone en
evidencia la hipocrecia y los prejuicios de un grupo de
intelectuales… no tan distintos a los prejuicios e
hipocresías que nos aquejan hoy día. Del estilo
y la vida de Chéjov nos ocuparemos en el suplemento
que acompaña la presente edición, donde podrán
disfrutar de su comedia en cuatro actos “El jardín
de los cerezos”.
Serguei Rachmaninov, el gran compositor,
pianista y director ruso, fue sin duda uno de los intérpretes
más brillantes del siglo XX. Sus composiciones están
consideradas como la última expresión musical
del romanticismo. Su vida también es digna de ser
novelada: en 1917 abandona Rusia y se establece en Estados
Unidos, en 1931 su música es prohibida por las autoridades
estalinistas, bajo la excusa de que representaba a la burguesía
decadente y era peligrosa. Muere en el exilio en 1943.
Boris Parnak, uno de los poetas más
importantes de la generación de plata, merecedor
del premio Nobel en 1958 por su novela “Dr. Zhivago”,
al que debió renunciar obligado por el regimen. Inscrito
en sus orígenes en la vanguardia futurista, se puede
dividir la carrera de Pasternak en varios periodos. El primero,
desde sus comienzos hasta 1932, comprende obras que -por
sus innovaciones lingüísticas- ejercieron una
fuerte influencia en toda una generación de poetas
rusos. Escritas en los revolucionarios años ‘20,
en plena búsqueda de un nuevo estilo, Pasternak se
erigió en líder de la vanguardia poética
y fijó su posición en la poesía posterior
a la revolución. En la década de los ‘30
y en los años de la guerra su obra se tornó
más sencilla. Su tercera etapa se ubica entre 1945
y 1955, aquí se vuelve hacia la prosa y la creación
de “Doctor Zhivago”. En esos años, y
hasta 1960 -año de su muerte- su poesía es
más concreta y directa. Este giro es provocado por
una crisis interior que le llevó a condenar el virtuosismo
literario de su juventud. Sin embargo su camino mantiene
la misma dirección en toda su carrera, y sus obras
estuvieron siempre dotadas de una unidad interna en su evolución.
El de Pasternak es un recorrido desde el
mundo de la música hacia el de la filosofía
y luego desde la filosofía hacia la poesía.
Su obra poética parte de la tesis del arte y se dirige
a la antítesis de la conciencia, para concluir en
la síntesis de una armonía de la verdad. Para
algunos entendidos la poesía de Pasternak es una
conjunción perfecta entre tradición clásica,
universo musical simbolista y lenguaje futurista, combinada
con la imaginería propia del surrealismo.
Como pueden ver, en esta edición
van a encontrar realismo, simbolismo y futurismo condimentados
con algo de romanticismo. Una combinación rica en
matices que pretende ser la primera ingesta del antidoto
que nos quite el veneno de la ignorancia.
El resto del camino –de la oscuridad
a la luz, de la ignorancia al saber, de la indiferencia
al compromiso intelectual- depende exclusivamente de Uds.
Bienvenidos a la tierra de las estepas y
los cosacos, de las revoluciones y las contrarrevoluciones,
de los duelos y los exilios… bienvenidos a la gran
novela rusa. Vsego nailuchshego!* |