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Revista digital de cultura y humanidades dirigida por Cintia Vanesa Días

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Un perro en la guerra fría

Contador desde 15.03.01

Desde julio 2004

 

 



 

Don Perro en la guerra fría por: Prof. Jorge Bezzi

Cuando comienzo a recordar épocas pasadas, a veces me gusta ascender por la escalera de la imaginación, para tomar ubicación preferencial en esos lugares desde donde se puede observar la Historia con cierta perspectiva. Y cuando se logra eso, también me gusta, a veces, ir deshilvanando los hechos hacia atrás. Es lo que le llaman la historia retrospectiva.

Así, un día me puse a mirar a la Europa de 1960, y desde allí comencé mi viaje hacia atrás. Vale aclarar aquí, que mi visión canina de las circunstancias, no es igual que la humana. Mi posición es de alguna manera, cómoda, pues nadie interfiere en mi observación (por lo general nadie echa a un perro pacífico y que no pide comida). Sólo busco la comida que alimenta el alma... el conocimiento.

Como les contaba, la Europa de esa época se hallaba inmersa en una especie de combate silencioso. No se oía el trueno del cañón ni las ráfagas de la metralla, pero la guerra estaba ahí.. latente.

Era una época donde parecían competir por alcanzar algo, en una carrera desenfrenada.

Como mi instinto investigador está siempre alerta, me puse a indagar qué motivos habían originado esto y con ese propósito me introduje en una taberna, lugar predilecto para oír y sacar conclusiones.

Me acurruqué en un rincón, cerca de una mesa donde varios ancianos dialogaban frente a sendos vasos de rubia cerveza y me dispuse a oír atentamente.

Uno de ellos, llamado Iván, hablaba acerca de lo dura que era la vida para su familia, que apenas lograba subsistir, pero confiaba en que el próximo plan del Estado, lograría mejorar su situación. Era un convencido de que el gobierno lograría también manejar el discutido asunto de los salarios de la fábrica donde trabajaba su hijo.

Otro, al que llamaban Petrovich le contestó que no, que él conocía un amigo que vivía en otro país, donde el Estado se desentendía de todas esas cosas y el mercado, era el regulador natural de precios y salarios.

El primero no lo podía creer. Sostenía que ese sistema económico era propio de países retrógrados, hasta que un tercero, terció en la conversación diciendo que él había leído que en ese país que mencionaba Petrovich, se aplicaba una teoría basada en una especie de círculo o rueda, donde el Estado era sólo el encargado de dar el envión original, y luego controlar ciertos aspectos, y el mercado se encargaba de seguir produciendo la energía para que la mencionada rueda girara permanentemente.

- Claro, dijo el primero, ese país tuvo la ventaja de tener una gran ayuda económica hace muchos años atrás. Muchos dólares entraron y eso les permitió reanimar la economía que tan duramente había sido castigada.

- ¿Cómo castigada? Preguntó otro....

- Claro, respondió Iván, no te olvides que la destrucción de ciudades por los bombardeos, la ocupación y los gastos enormes de esa época, arruinaron muchas economías de este continente.

Un tercero, que hasta ese momento no había hablado, comentó que el sistema que su país tenía, había sido copiado hasta en China, donde un señor había logrado imponerlo por la fuerza, luchando contra opositores internos, pero finalmente había podido fundar una República.

Otro intervino diciendo que el país donde vivía su hijo, no seguía ninguna de esas dos formas económicas, pero que también era pobre y la gente no vivía bien.

- Sí dijo Iván, es como que el mundo estuviera dividido en dos sectores, y cada bando tratara de conquistar nuevos partidarios...

- Es una réplica de lo que ocurre aquí cerquita, en el país vecino, dijo Petrovich. Fíjate en la división del país y en la misma capital, amurallada para evitar la mezcla de los sectores...

Desde mi lugar, en la penumbra del rincón, yo escuchaba silenciosamente y relacionaba nombres y acontecimientos.

Las palabras de los parroquianos me hicieron recordar una frase oída mucho antes, acerca de un telón que dividiría al continente... Lamentablemente mi memoria suele fallarme en lo mejor y no pude recordar quien la había pronunciado ni exactamente qué quiso decir.

Los parroquianos ya habían vaciado sus vasos y se disponían a partir, cuando Iván dijo como al descuido:

- ¿Alguien se acuerda cómo comenzó todo esto?.. . Sería bueno que para la próxima reunión, uno de nosotros explicara donde se originó esta dualidad que hoy nos tiene tan divididos.

Y así partieron, envueltos en sus pesados capotes invernales, rumbo al calor de sus hogares.

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