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Abraham Noam Chomsky nació
en Filadelfia, Pennsylvania, Estados Unidos, el 7 de diciembre
de 1928. Fue uno de los dos hijos varones en la familia.
De niño le tocó vivir la época de la
gran Depresión, que comenzó con la crisis
de la Bolsa en 1929 y duró hasta la Segunda Guerra
Mundial. Aunque su familia no sufrió los peores aspectos
de la crisis, pues ambos padres tenían trabajo, entre
los más viejos recuerdos de Chomsky estaban escenas
de personas que vendían ropa de puerta en puerta,
o policías atacando violentamente a huelguistas.
El padre de Noam, William Chomsky,
era un destacado profesor de hebréo y autor del libro
El hebreo, la lengua eterna, publicado en 1958
y que llegó a ser uno de los más populares
sobre dicho idioma. También la madre de Noam era
maestra de hebreo...
A partir de los 12 años,
Chomsky concurrió a una escuela progresista experimental
sin grados, donde no existía nada parecido a la competencia
escolar ni se dividía a los estudiantes en buenos
y malos. Su primer escrito fue un artículo editorial
para el periódico escolar sobre la caída de
Barcelona. A los doce años escribió una historia
de la Guerra Civil Española "que en realidad
era un lamento por el surgimiento del fascismo".
Noam visitaba a menudo a un
tío suyo que tenía un quiosco de revistas
a la salida del subterraneo de Nueva York, que se convirtió
en el lugar predilecto de reunión de muchos emigrados
europeos de la década de 1930. El pequeño
Chomsky pasaba allí muchas horas participando en
animadas discusiones sobre temas y sucesos de actualidad.
Dijo que fue ahí donde recibió su formación
política. Su tío era también versado
en la obra de Freud, y siendo aún adolescente Chomsky
llegó a conocer bastante la teoría freudiana
Aunque a Chomsky se lo conoce
como un intelectual, sus ideas políticas se originan
más bien en principios morales. Por sus intereses
políticos, Chomsky conoció a Zellig Harris,
un profesor de lingüistica de la Universisdad de Pennsylvania
que a muchos les resultaba apasionante. Como Harris compartía
muchos de sus ideales políticos, se anotó
en sus cursos avanzados. Lo primero que leyó sobre
lingüistica fueron las primeras pruebas del libro de
Harris, Métodos de la lingüística
estructural, publicado varios años después.
Por sugerencia de Harris, Chomsky
comenzó a tomar clases de filosofía y de matemática,
materias en las que nunca había incursionado, pero
que le fascinaron.
También por influencia
de Harris, volvió a la universidad e inició
la carrera de lingüística. Más tarde
diría que su experiencia universitaria fue "anticonvencional",
Obtuvo la licenciatura a pesar de mantener apenas un contacto
superficial con el sistema universitario. En 1949 se casó
con la lingüista Carol Schaz, con quien tuvo un hijo
y dos hijas. Uno de sus maestros en filosofía fue
Nelson Goodman, quien lo presentó ante la Society
of Fellows, de Harvard. Fue incorporado en 1951 y se le
concedió un estipendio, el que lo liberó por
primera vez en su vida de la necesidad de trabajar en cosas
ajenas a sus investigaciones.
En 1953, siendo miembro de
la Society of Fellows, Chomsky se fue a Israel y vivió
algunos meses en un kibbutz. Aunque la comida no abundaba
y había que trabajar duro, le gustó. Para
él el kibbutz representaba una comunidad libertaria
en marcha hacia el éxito.
Junto con su esposa pensaron
en irse a vivir al kibbutz, no obstante, se sentía
molesto con los principios racistas y conformistas en que
se basaba la institución israelí.
A fines de 1954 le asignaron
un cargo de investigador en el MIT (Massachussets Institute
of Technology) y se dedicó de lleno a la lingüística.
En 1955 se doctoró en la Universidad de Pennsylvania
con un capítulo de un libro en el que estaba trabajando.
Si bien éste ya estaba virtualmente terminado en
1956, era tan poco convencional para la época que
no se lo publicó hasta 1975, y sólo parcialmente,
bajo el título de Estructura lógica
de la teoría lingüística. Se le
considera fundador de la Gramática generativa transformacional,
que es un sistema original para abordar el análisis
lingüístico y que ha revolucionado la lingüística.
Chomsky, el pensador político
En la década del sesenta,
la escalada en la guerra de Vietnam obligó a Chomsky
a hacer una elección moral. Comenzó a oponer
resistencia activa a la guerra, sabiendo que era muy probable
que lo encarcelaran. Sus protestas contra la guerra pusieron
en peligro su cómoda posición académica.
En 1996 escribió un
artículo, "La responsabilidad de los intelectuales",
que apareció en el The New York Review of Books y
fue muy aclamado en todo el mundo. Al publicarlo, actuaba
basándose en la responsabilidad de que hablaba el
artículo:
"Los intelectuales están
en condiciones de exponer las mentiras de los gobiernos,
de analizar las causas y motivos de los hechos, y a menudo
sus intenciones ocultas. Al menos en el mundo occidental,
tienen el poder que les da la libertad política,
el acceso a la información y la libertad de expresión.
A una privilegiada minoría, la democracia de Occidente
le brinda el tiempo de ocio, los medios y la formación
necesarios para ver la verdad que yace oculta tras el velo
de distorsiones y engaños, de ideologías y
de intereses de clase a través del cual se nos presentan
los acontecimientos de la historia actual..."
Poco después de que
apareciera este artículo la New York Review of Books
dejó de publicar los trabajos de Chomsky. A los altos
intelectuales norteamericanos no les caía muy bien
que les digan que eran unos lacayos, que disfrazaban las
mentiras de la clase gobernante con un lenguaje bien adornado
y daban vuelta la cara cuando su propio gobierno cometía
atrocidades que ellos no vacilarían en condenar si
fueran perpetradas por algún otro país.
En octubre de 1967, Chomsky
participó en las manifestaciones que tuvieron lugar
frente al pentágono y la Secretaría de Justicia,
y fue encarcelado junto con otros muchos. Norman Mailer,
quien compartió la celda con él, lo describió
luego en Los ejércitos de la noche como "un
hombre delgado, de rasgos angulosos, de expresión
ascética y aire amable, pero de una absoluta integridad
moral". Desde que a fines de la década del ´60
Chomsky se comprometío activamente con la política,
escribió una larga serie de libros, artículos
y panfletos en los que expresó sus puntos de vista.
Acude a casi todos los lugares donde se lo invita a hablar
o a debatir sus ideas. Entretanto, sigue siendo profesor
de lingüistica en el MIT.
Chomsky, el lingüista
Chomsky cree que el lenguaje
es consecuencia de una facultad humana innata y que por
lo tanto, la finalidad de la lingüística consiste
en determinar qué propiedades universales existen
y también en establecer la "gramática
universal" que pudiera explicar el amplio espectro
que abarca todas las lenguas humanas posibles. Sus análisis
del lenguaje parten de las oraciones básicas que
se desarrollan y terminan en una variedad de combinaciones
sintácticas al aplicar una serie de reglas que él
formula. Cuando acaba de aplicarse la cadena de reglas sintácticas,
se aplican las reglas fonológicas que rigen la pronunciación.
Sus publicaciones lingüísticas más importantes
son: Estructuras Sintácticas (1957), Aspectos de
la teoría de la sintaxis (1965), The Sound Pattern
of English (1968; con Morris Halle), Pensamientos y Lenguaje
(1972), The Logical Structure of Linguistic Theory y Reflections
on Language (ambas del año 1975). Language and Responsibility
(1979) relaciona lengua y política.
Bibliografía
Política
La segunda guerra fría
(1984), La quinta libertad (1988), Los guardianes de la
libertad (con Edward S. Herman) (1990), El miedo a la democracia
(1992) , Año 501. La conquista continua (1992), Ilusiones
necesarias. Control de pensamiento en las sociedades democráticas
(1992), Repensando Camelot (1994), Terrorismo de estado,
Mantener la chusma a raya (1994), El Nuevo orden mundial
(y el viejo) (1996), Cómo se reparte la tarta: políticas
USA al final del milenio (1996), Política y cultura
a finales del siglo XX: un panorama de las actuales tendencias
(1996), La aldea global (con H. Dieterich) (1997), Cómo
nos venden la moto (con Ignacio Ramonet) (1997) 5a. ed.
, Pensamiento único y nuevos amos del mundo. (Ignacio
Ramonet), entre otros.
El control
de los medios de comunicación* (Fragmento)
Por: Noam Chomsky
El papel de los medios
de comunicación en la política contemporánea
nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad
en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia
queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar
contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno
es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática,
por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para
participar de manera significativa en la gestión
de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de
información son libres e imparciales. Si se busca
la palabra democracia en el diccionario se encuentra una
definición bastante parecida a lo que acabo de formular.
Una idea alternativa de democracia
es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo
de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información
deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás
esto suene como una concepción anticuada de democracia,
pero es importante entender que, en todo caso, es la idea
predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo,
no sólo en la práctica sino incluso en el
plano teórico. No olvidemos además que tenemos
una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas
modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor
parte expresa este punto de vista. En cualquier caso voy
a ceñirme simplemente al período moderno y
acerca de la forma en que se desarrolla la noción
de democracia, y sobre el modo y el porqué el problema
de los medios de comunicación y la desinformación
se ubican en este contexto.
Primeros apuntes históricos
de la propaganda
Empecemos con la primera operación
moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió
bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente
en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz
sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera
Guerra Mundial. La población era muy pacifista y
no veía ninguna razón para involucrarse en
una guerra europea; sin embargo, la administración
Wilson había decidido que el país tomaría
parte en el conflicto. Había por tanto que hacer
algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación
de participar en la guerra. Y se creó una comisión
de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión
Creel, que, en seis meses, logró convertir una población
pacífica en otra histérica y belicista que
quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera
a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar
así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario
que conduciría a otro mayor todavía: precisamente
en aquella época y después de la guerra se
utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que
se conocía como Miedo rojo. Ello permitió
la destrucción de sindicatos y la eliminación
de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o
de pensamiento político. El poder financiero y empresarial
y los medios de comunicación fomentaron y prestaron
un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez,
obtuvieron todo tipo de provechos.
Entre los que participaron activa y entusiásticamente
en la guerra de Wilson estaban los intelectuales progresistas,
gente del círculo de John Dewey Estos se mostraban
muy orgullosos, como se deduce al leer sus escritos de la
época, por haber demostrado que lo que ellos llamaban
los miembros más inteligentes de la comunidad, es
decir, ellos mismos, eran capaces de convencer a una población
reticente de que había que ir a una guerra mediante
el sistema de aterrorizarla y suscitar en ella un fanatismo
patriotero. Los medios utilizados fueron muy amplios. Por
ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente
cometidas por los alemanes, en las que se incluían
niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo
de cosas horribles que todavía se pueden leer en
los libros de historia, buena parte de lo cual fue inventado
por el Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico
propósito en aquel momento tal como queda reflejado
en sus deliberaciones secretas era el de dirigir el
pensamiento de la mayor parte del mundo. Pero la cuestión
clave era la de controlar el pensamiento de los miembros
más inteligentes de la sociedad americana, quienes,
a su vez, diseminarían la propaganda que estaba siendo
elaborada y llevarían al pacífico país
a la histeria propia de los tiempos de guerra. Y funcionó
muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante:
cuando la propaganda que dimana del estado recibe el apoyo
de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite
ninguna desviación en su contenido, el efecto puede
ser enorme. Fue una lección que ya había aprendido
Hitler y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros
días.
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