| Aventurero,
conquistador y colonizador; sacerdote secular y religioso
dominico, misionero, obispo de Chiapas, filósofo
y pensador, jurista, pedagogo, historiador y escritor costumbrista.
Personaje polifacético, controvertido
y polémico. Calificado de santo y patriota por unos,
panfletario renegado y visionario por otros, no deja por
ello de ser uno de los personajes del Renacimiento español
sobre el que se han vertido más opiniones y escrito
más libros.
Fray Bartolomé de las Casas -así
como Francisco de Vitoria, Ginés de Sepúlveda,
Montesinos y otros pensadores- es uno de los europeos que
en el siglo XVI marcó el tránsito hacia una
nueva espiritualidad y una nueva ciencia en un mundo conceptual
en ruinas.
Vive el advenimiento del hombre nuevo, habitante
de un mundo repleto de novedades científicas y tecnológicas;
con una visión más amplia del entorno, se
comunica en lenguas plurales. Poseedor de una filosofía
de la vida más interesada en lo cotidiano, más
ocupado en la busqueda de explicaciones a las relaciones
entre los humanos antes que con Dios.
Surge asi, una perspectiva religiosa menos
dependiente de lo cultual, más interesada por lo
personal del hombre en un Universo abierto al infinito y
lejano del corsé de las viejas creencias bíblicas.
Nace así una cultura renovadora
denominada humanismo.
De Las Casas, como Erasmo de Rotterdam,
cree en la regeneración del hombre y en su capacidad
para modificar conductas reprobables en el contacto con
la conquista y la colonización; abogará durante
los últimos 50 años de su vida por la abolición
de las encomiendas que "denigran a las personas y embrutecen
a los españoles". A pesar del espectáculo
que tan exageradamente narró en algunos de sus escritos,
está convencido de que el mal no es inherente a la
naturaleza humana (el estado de naturaleza) sino que la
nobleza del indio (el buen salvaje) es la condición
perdida por los conquistadores que hay que recuperar con
leyes que corten de raíz toda explotación.
Aboga por el diálogo, la comprensión y la
paz como máximo exponente de la fe en Cristo (única
verdad que justifica la adquisición de tierras nuevas
y la guerra justa)
Fray Bartolomé en sus numerosas obras
no duda en describir y alabar la nueva visión del
universo no sólo el copernicano sino también
el de su presente, el de sus múltiples viajes por
mar (recorrió más de 15.451 leguas), las selvas
tropicales de Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, Honduras,
Venezuela, Panamá, Cartagena de Indias, entre otros
parajes. Describe con gran finura y sentido estético
los paisajes, la flora y la fauna del nuevo mundo en el
que cree ver no sólo al "buen salvaje"
libre de pecado sino al mismísimo paraíso
terrenal.
Conocedor de las novedades técnicas
del momento, las contempla como una de las condiciones necesarias
para la obra salvífica del "hombre nuevo"
en una Edad de Oro (opuesta a la "Edad
de Hierro" corrompida del viejo mundo); las tiene presentes
en sus planes de diseño y construcción de
ciudades grandes y pequeñas, en sus viajes a lo largo
y ancho de las tierras que anda. Fray Bartolomé se
maravilla de las construcciones de los nativos y lamenta
su deterioro y destrucción.
En sus escritos usa un difícil latín
( lengua europea culta del momento) y el castellano. Sin
embargo se orienta hacia el conocimiento de las lenguas
indígenas (literatura) a las que cree "muy convenientes
para la evangelización y para su uso en las tareas
de culto".
También de Las Casas aborda temas
como la medicina, haciéndose eco de los remedios
utilizados por los indígenas; describe las nuevas
plantas, raíces y pócimas usadas para curar
las enfermedades más comunes. Se escandaliza por
las muertes masivas y de las desgracias de los nativos al
contagiarse de enfermedades de los blancos.
Sus relatos sobre las características
antropológicas y etnográficas de los pueblos
que contempla a lo largo y ancho de sus numerosas andaduras,
La Brevísima relación, Apologética
Historia Sumaria, Historia de Las Indias, son una muestra
de su gran curiosidad como historiador. Sus escritos (desde
1518 hasta 1581) que suman más de dos mil pliegos
en latín y castellano, son acontecimientos narrados
con vehemencia y dramatismo, por momentos excesivos, pero
necesarios por los datos y la documentación que exhiben
como complemento a tantas narraciones almibaradas de sus
contemporáneos.
Su respeto a las tradiciones y a las costumbres
de los indígenas le lleva a introducir, para la evangelización
y misiones que emprende, armonías propias de los
habitantes de las aldeas, apoyándose en las lenguas
e instrumentos aborígenes
En definitiva, la trascendencia histórica
del Padre Fray Bartolomé de Las Casas es importante
siendo recogida por los ilustrados del XVIII, los utopistas
del XIX, los regeneracionistas españoles del XIX
- XX y, ya en la actualidad, por los indigenistas y teóricos
de la Teología de la Liberación |