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Revista digital de cultura y humanidades dirigida por Cintia Vanesa Días

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Sidharta Gautama, el Buda Su vida y su doctrina

 

Su vida

Sidharta Gautama, conocido universalmente como el Buda, nació en el año 560 A.C. cerca de la ciudad de Kapilavastu, en el actual Nepal y no lejos de la frontera septentrional de la India. Era hijo Primogénito del rey Suddhodana y de la reina Mahamaya, monarcas del pequeño reino de los Shakyas.

Según afirman venerables tradiciones su nacimiento estuvo rodeado de una serie de señales prodigiosas y cuando recién nacido fue presentado por su padre a los principales personajes de la corte, algunos de los sabios invitados a la ceremonia predijeron que el niño llegaría a ser un gran monarca o un gran vidente.

Como heredero del trono, el príncipe recibió una esmerada educación y el trato respetuoso de criados y cortesanos que su alto rango y futuras responsabilidades exigían. El propio Buda dijo en cierta ocasión a algunos de sus discípulos que había sido criado con gran esmero, que había vestido lujosos trajes de seda, que en la residencia real había vivido en tres palacios distintos: uno para el verano, otro para le invierno y un tercero para la estación de lluvias, y que en aquellos palacios habían entretenido sus ocios numerosas doncellas hábiles en la danza y en el manejo de instrumentos musicales.

A los diez y seis años de edad, el príncipe contrajo matrimonio con la princesa Yoshodara, elegida por su padre entre quinientas hermosas jóvenes de nobles familias del reino. Antes de que se celebrara el matrimonio, el padre de la novia, sin embargo, exigió que el futuro marido de su hija demostrara su hombría en las artes marciales, cosa que Gautama no tuvo ninguna dificultad en hacer ganando una competición en la que concurrieron otros muchos jóvenes nobles. El matrimonio se celebró y a su debido tiempo la esposa de Gautama le dió un hijo que recibió el nombre de Rahula.

El matrimonio no modificó el lujo y las comodidades que rodeaban al príncipe. Su padre, el rey, preocupado por la profecía de los sabios de que su primogénito se entregaría a una vida de austeridades y preocupaciones religiosas, le había rodeado de todos aquellos lujos para evitar que entrara en contacto con el mundo exterior y sus crueles realidades. Por ello, el rey había tomado toda suerte de precauciones para que su heredero no saliera nunca de sus residencias. Pero las preocupaciones del monarca no pudieron evitar que el destino del primogénito se cumpliera. El momento crucial se produjo cuando el príncipe alcanzó la edad de veintinueve años. Las versiones tradicionales sobre las circunstancias que llevaron a Gautama a abandonar su herencia y su familia, si bien difieren en algunos detalles todas coinciden en lo esencial, es decir en el descubrimiento que el príncipe hizo de la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte. Estos fatales descubrimientos se produjeron como consecuencia de unos paseos el príncipe que dió por los alrededores de la residencia real.

Aunque su padre había ordenado que todo aquello que pudiera resultar desagradable o turbador fuera apartado del camino que su hijo pensaba seguir, este se encontró de pronto con un anciano maltrecho y aquejado por todas las debilidades propias de una edad avanzada. El segundo encuentro, durante otro paseo fue con un hombre gravemente enfermo, sucio maloliente y abandonado por todos. En un tercer paseo el príncipe vio un cadáver de un hombre que era llevado a la pira funeraria para ser incinerado. Aquellos encuentros le revelaron los aspectos más dolorosos e insufribles de la vida, hasta entonces ocultados a sus ojos. Pero en un cuarto paseo también encontró un anciano anacoreta que mostraba en su rostro una gran serenidad y se comportaba con apacible sosiego.

Durante todos aquellos paseos y encuentros, el príncipe iba acompañado de su fiel auriga (cochero), a quién sometió a una seria de apremiantes preguntas para que le esclareciera aquellos hechos ignorados por él hasta entonces. El auriga le explicó que todos los hombres estaban destinados a envejecer si vivían bastante tiempo, que todos estaban dispuestos a sufrir enfermedades, algunas terriblemente dolorosas, y así mismo todos, sin excepción, estaban destinados a morir sin que ninguno pudiera soslayar este destino.

El príncipe se sitió profundamente turbado por aquellas revelaciones. A causa de su anterior aislamiento desconocía que también las dolencias y la decrepitud formaban parte de la vida y que ésta finalmente estaba destinada a extinguirse. Para él, aquellos hechos resultaron de pronto más reales que le existencia placentera que había conocido hasta entonces. Fue una revelación dolorosa y trascendental, ya que a partir de aquel momento el príncipe quiso buscar una solución a aquellos hechos tan penosos e inevitables. El recuerdo del apacible anacoreta que había cruzado su camino en el cuarto encuentro le hizo sospechar que algunos hombres, pese a conocer las crueles realidades de la vida, habían encontrado el remedio para tan grandes males, decidió indagar entre aquellos maestros para que le explicaran el sentido profundo de la vida y le proporcionaran el alivio a sus sufrimientos.

Y así, una noche, el príncipe abandonó el palacio, abandonó a sus padres, a su esposa y a su hijo, decidido a encontrar la respuesta a las preguntas que le acuciaban. Ya lejos del palacio entregó a su fiel auriga que le había acompañado en su huida sus lujosos vestidos, sus joyas y su caballo, se vistió con un sayo y empezó una vida errante en busca de la verdad. Primero estuvo a los pies de dos maestros famosos, sin hallar en sus enseñanzas las respuestas a sus inquietudes. Pero como estaba decidido a encontrar la solución al problema que le atormentaba se entregó a una vida de gran rigor ascético en compañía de otros cinco compañeros que como él buscaban la verdad. Durante seis años, Gautama se sometió voluntariamente a una vida de austeridad y grandes sacrificios, creyendo que aquél era el camino para hallar la verdad, pero que, en realidad le llevaron a las puertas de la muerte pues, en otras renuncias, se había impuesto un régimen tan severo que apenas si comía, llegando al extremo de alimentarse con dos o tres granos de arroz al día. El propio Gautama describió en cierta ocasión a sus discípulos las consecuencias de los rigores a los que se había sometido diciéndoles:

"A causa de lo poco que comía todos mis miembros quedaron como hiedra reseca y enredada; mis nalgas parecían las pezuñas de un búfalo; mi espina dorsal sobresalía de mi espalda como las cuentas de un rosario; las pupilas de mis ojos estaban hundidas en sus cuencas y brillaban como el agua en el fondo de un pozo profundo; mi cabeza estaba arrugada como una calabaza cortada antes de haber madurado y dejada expuesta al sol y al viento; la piel de mi estómago colgaba flácida de mis huesos; y cuando quería obedecer la llamada de la naturaleza, al moverme me caía de bruces allí donde estuviese; incluso mis cabellos y el vello de mis piernas se desprendía de mi cuerpo porque estaba podrido es sus raíces..."

Tras aquellos seis años de sacrificios, el príncipe comprobó que estos resultaban inútiles y no le conducían al descubrimiento de la verdad sobre la vida, por lo que de pronto renunció a seguir aquellas prácticas austeras; volvió a alimentarse normalmente, se bañó, tras haber recuperado sus fuerzas físicas, se entregó a una profunda reflexión. Sus cinco compañeros de sacrificios le abandonaron entonces creyendo que había renunciado a la búsqueda de la verdad.

Pero no era así. La tradición asegura que una vez repuesto, Gautama se sentó debajo de un árbol, conocido como Bodhi (en botánica Ficus religiosa) y se dijo a sí mismo:

"No me moveré de esta posición sentado en la tierra hasta que haya conseguido mi objetivo."

También la tradición asegura que allí sufrió el asalto violento del Dios Mara, el tentador, y de todas sus huestes, que intentaron disuadirle por medio de promesas y amenazas de que prosiguiera con sus propósitos. Todas las tentaciones fueron rechazadas por Gautama. Y allí tras una noche de vela, e intensa concentración mental, sumido en un profundo trance, Gautama recibió por fin las respuestas a sus preguntas; quedó iluminado y se transformó en el Buda.

"Mi mente quedó emancipada, surgió el conocimiento, desapareció la oscuridad y se hizo la luz".

Buda tenía entonces treinta y cinco años de edad, y había constatado que la vida de los humanos, sujeta a una infinita cadena de reencarnaciones, estaba condenada inexorablemente al sufrimiento, al dolor y al llanto.

"Cuál creéis, ¡Oh monjes!, -preguntó en cierta ocasión a sus discípulos - que sea mayor, el agua de los cuatro grandes océanos o las lágrimas que habéis derramado mientras errabais de trasmigración en trasmigración?

Yo os lo diré:

Habéis vertido más lágrimas que todo el agua que contienen los cuatro grandes océanos".

El remedio estaba en interrumpir la infinita cadena de las reencarnaciones viviendo según los principios de las Cuatro Nobles Verdades que el Buda había descubierto (ver recuadro): Con la interrupción del la fatal cadena, quedaba interrumpido el sufrimiento.

"YO, -dijo a sus primeros discípulos- no volveré más a este mundo.

luego afirmó de forma más rotunda:

Este es mi último nacimiento, de ahora en adelante no existirán para mí nuevos nacimientos".

Era el anuncio del camino hacia el Nirvana, la condición en la que todo sufrimiento, dolor y angustia mental cesaban. Tras aquella trascendental experiencia, íntima y personal, el Buda debatió en su mente si sería conveniente proclamar a otros el camino de la salvación que él había descubierto. Se decidió por la predicación y llevó luz a la mente de los hombres.

 

Su enseñanza: Las Cuatro Nobles Verdades

1. La Noble Verdad Del Sufrimiento

(Dukkha-Ariya-Sacca)

En el primer discurso con relación a la primera verdad, Buda dijo:

“Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo que no se quiere es sufrimiento, separarse de lo que se quiere es sufrimiento, no alcanzar lo que se desea es sufrimiento. “

El nacimiento se define en el budismo como el primer momento en una existencia particular. En el caso de los seres humanos es el momento de concepción. El nacimiento es sufrimiento debido a que es la base de todo lo que inevitablemente sigue: la vejez, la enfermedad y la muerte. De acuerdo con la Doctrina del Origen Condicionado (paticca-samuppada), condicionado por el nacimiento ocurren la vejez y la muerte, la pena, el lamento, el dolor, el pesar y la desesperanza. Que la vejez es sufrimiento no es difícil de comprender. Cuando envejecemos nuestras facultades declinan, somos más proclives a la enfermedad, menos independientes, etc. La enfermedad es sufrimiento. Cuando nos enfermamos experimentamos sensaciones corporales desagradables y como resultado a veces también sufrimiento mental en la forma de depresión, etc. Y morir es sufrimiento. Buda dice también que asociarse con lo que no se quiere es sufrimiento, asociarse con personas o cosas que nos son desagradables. Separarse de lo que se quiere es sufrimiento; separarnos de lo que poseemos, cosas o seres, separarnos de nuestros seres queridos, familiares, amigos temporal o permanentemente es sufrimiento. No alcanzar lo que se desea es sufrimiento. A veces deseamos poseer algo, material o espiritual, pero debido a las circunstancias de la vida no lo podemos obtener. Esta frustración de obtener lo que deseamos es sufrimiento. No es difícil comprender que todas estas condiciones de la vida son sufrimiento.

Buda finaliza la exposición de la primera verdad diciendo:

"En breve, los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento." Los cinco agregados (pañcakkhandha) son todo lo que nosotros somos. Los cinco agregados son

1) el agregado de la materialidad (rupakkhandha),
2) el agregado de la sensación (vedanakkhandha),
3) el agregado de la percepción (saññakkhandha),
4) el agregado de las formaciones (sankharakkhandha) y
5) el agregado de la conciencia (viññanakkhandha).
Es importante comprender que cuando Buda expone la verdad del sufrimiento primero utiliza términos convencionales tales como el nacimiento, la vejez, la muerte, etc. Sin embargo, Buda finaliza su exposición utilizando lenguaje filosófico, el lenguaje de las realidades últimas. Y es esta dimensión del término 'dukkha', sufrimiento, la que es más difícil de comprender y aceptar. Esto es así porque para ello es necesario una profunda experiencia acerca de la naturaleza de los fenómenos. Sólo cuando uno ha experimentado los fenómenos de acuerdo con su naturaleza real, es posible concluir que los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento. Intelectualmente no es difícil aceptar que el nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte, etc., son sufrimiento. Sin embargo, el intelecto no es suficiente para aceptar que los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento. Se requiere algo más: Penetración o sabiduría. Investiguemos más a fondo acerca de la razón que los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento.

El término pali 'dukkha' tiene generalmente tres significados.

1) Dukkha-dukkha, literalmente sufrimiento-sufrimiento. Uno de los significados de la repetición de una palabra en pali es para dar énfasis. Dukkha-dukkha es el sufrimiento real como el dolor físico o el dolor mental. La enfermedad, la vejez, la muerte están incluidos en este tipo de sufrimiento.

2) Viparinama-dukkha, sufrimiento como cambio. Aquí se incluyen los estados de felicidad. No porque los estados de felicidad en sí mismos sean sufrimiento sino por el hecho de su transitoriedad.

3) Sankhara-dukkha, sufrimiento de lo condicionado. Cuando Buda dice que los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento se está refiriendo al sufrimiento de lo condicionado, al sufrimiento de aquello que es el producto de causas. Los cinco agregados son producto de causas, son condicionados. Y todo aquello que es condicionado es sufrimiento. De acuerdo al budismo todo lo condicionado está sujeto al surgir y al cesar. Es este continuo surgir y cesar de los cinco agregados lo que es sufrimiento. No hay nada que uno pueda hacer para detener este proceso de surgir y cesar, este proceso es como si ocurriera de acuerdo con sus propias leyes.

Existe la idea equivocada entre algunos occidentales que el budismo es pesimista. Esto se debe tal vez al hecho de no comprender estas diferentes dimensiones del término pali dukkha. Pesimista u optimista es una actitud con relación a las cosas. El budismo no es pesimista sino realista. La verdad del sufrimiento es sólo una de las cuatro verdades. También existe la verdad de la cesación del sufrimiento.

2. La Noble Verdad Del Origen Del Sufrimiento

(dukkha-samudaya-ariya-sacca)

 

La segunda noble verdad es el deseo.

Esto es lo que Buda dice en el primer discurso:

“Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Origen del Sufrimiento. Es el deseo que produce nuevos renacimientos, que acompañado con placer y pasión encuentra siempre nuevo deleite, ahora aquí, ahora allí. Es decir, el deseo por los placeres sensuales, el deseo por la existencia y el deseo por la no-existencia.”

De acuerdo con el budismo el sufrimiento es debido al deseo y no a la disposición de un ser supremo. El deseo por los placeres sensuales significa deseo por los objetos de los sentidos tales como objetos visibles, audibles, olfativos, gustativos, tangibles y mentales. El deseo por la existencia significa deseo por la continuación de la existencia en el ciclo de renacimientos y muertes (samsara). El deseo por la no-existencia significa deseo por la aniquilación; es deseo asociado con la concepción errónea de que todo termina en el momento de la muerte. El deseo de acuerdo al budismo es una fuerza tremenda que tiene la potencialidad de producir renacimientos una y otra vez. Es debido a este deseo que los seres realizan acciones (kamma) buenas o malas. Y cuando hay acciones acumuladas hay efectos (vipaka). En otras palabras, es porque realizamos acciones en el pasado que existimos en el presente. Y siempre y cuando exista esta acumulación de acciones habrá renacimientos en el futuro. Por lo tanto, el origen del sufrimiento presente es el kamma que realizamos en el pasado. De acuerdo con la Doctrina del Origen Condicionado el deseo está condicionado por la sensación (agradable, desagradable o neutral). Cuando hay sensación agradable uno desea poseerla, cuando hay sensación desagradable uno desea su opuesto. La sensación neutral es igual que la agradable. Y cuando hay deseo hay adherencia (upadana), una forma más intensa de deseo. Cuando hay adherencia hay existencia (kamma). Cuando hay existencia hay renacimiento. Y cuando hay renacimiento hay vejez y muerte.

Hay otra forma más gráfica de explicar esta segunda verdad. Cuando uno tiene apego a algo o a alguien y lo pierde, uno sufre. El sufrimiento que uno experimenta no es debido a la pérdida sino al apego que uno tiene hacia este algo o alguien. Piense acerca de los miles de seres humanos que mueren diariamente. Difícilmente uno experimentara gran sufrimiento por la pérdida de estos seres. Sin embargo, cuando uno de estos seres está ligado afectivamente a nosotros, uno experimenta sufrimiento. Esto es debido al apego o deseo, la segunda noble verdad.

3. La Noble Verdad De La Cesación Del Sufrimiento

(dukkha-nirodha-ariya-sacca)

La cesación del sufrimiento es la erradicación de las impurezas mentales. Sólo cuando uno ha erradicado las impurezas de la mente uno ha puesto fin al sufrimiento. Buda dice lo siguiente:

“Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad de la Cesación del Sufrimiento. Es la total extinción y cesación de ese mismo deseo, su abandono, su descarte, liberarse del mismo, su no-dependencia.”

Esta noble verdad también se denomina Nibbana. Nibbana es un término pali que es mejor dejarlo sin traducir porque es imposible encontrar un equivalente en nuestra lengua. El Nibbana es el objeto de ciertos tipos de conciencias. Hay ciertos tipos de conciencias que tienen la habilidad de tomar Nibbana como objeto. Estos tipos de conciencias se denominan conciencias del sendero y fruición. Cuando una de las conciencias del sendero toma el Nibbana como objeto se produce la erradicación de las impurezas mentales. Esta erradicación es gradual. Primero se erradican las impurezas más bastas como la concepción errónea y la duda. Después se erradican otras impurezas como el enojo, la vanidad, la agitación, etc. De acuerdo al budismo, el deseo o apego, es decir la segunda noble verdad, es una de las impurezas a ser erradicadas. Cuando la impureza del deseo es erradicada, se dice que uno ha realizado la cesación del sufrimiento.

4. La Noble Verdad Del Sendero Que Conduce A La Cesación Del Sufrimiento

(Dukkha-Nirodha-Gamini-Patipada-Ariya-Sacca)

La cuarta noble verdad también se denomina el camino medio (majjhima patipada) u óctuplo noble sendero. El óctuplo noble sendero es la práctica que uno debe seguir para alcanzar la cesación del sufrimiento. Es óctuplo porque posee ocho componentes. Buda dice los siguiente:

“Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sendero que conduce a la Cesación del Sufrimiento. Simplemente este Óctuplo Noble Sendero; es decir, Recto Entendimiento, Recto Pensamiento, Recto Lenguaje, Recta Acción, Recta Vida, Recto Esfuerzo, Recta Atención Completa y Recta Concentración.”

Estos ocho componentes están divididos en tres grupos de acuerdo al nivel de la práctica. El primero es el grupo de la moralidad (sila). El segundo es el grupo de la concentración (samadhi) y el tercero es el grupo de la sabiduría (pañña). Si uno desea poner fin al sufrimiento uno debería recorrer este sendero, poner en práctica este óctuplo noble sendero. Para comprender esta división en tres grupos es necesario primero conocer que hay tres puertas de acción: La puerta del cuerpo, la puerta del lenguaje y la puerta de la mente. Sila o moralidad es para controlar la puerta del cuerpo y del lenguaje. Recto lenguaje, recta acción y recta vida pertenecen al grupo de la moralidad.

Recto lenguaje es de cuatro clases:

1) abstención de mentir,
2) abstención de calumniar,
3) abstención de lenguaje áspero y
4) abstención de lenguaje frívolo.

La recta acción es de tres tipos:

1) abstención de matar seres vivientes,
2) abstención de robar y
3) abstención de conducta sexual ilícita.

Recta vida significa obtener los medios necesarios para la subsistencia con recto lenguaje y con recta acción. Además, hay cinco tipos de actividades consideradas por el budismo como incorrecto medio de vida:

1) comerciar con veneno,
2) comerciar con intoxicantes (drogas, alcohol),
3) comerciar con armas,
4) comerciar con esclavos y
5) comerciar con animales para matanza.

El segundo, el grupo de la concentración consiste de tres componentes:

1) recto esfuerzo,
2) recta atención y 3)
3) recta concentración.

Estos tres son para controlar la puerta de la mente, para la eliminación temporaria de las impurezas mentales. Cuanto estos tres componentes están presentes en nuestras mentes las impurezas están temporalmente ausentes.

El tercer, el grupo de la sabiduría consiste de dos componentes:

1) recto entendimiento y
2) recto pensamiento.

Estos dos también tienen que ver con la puerta de la mente; son para la erradicación, la eliminación definitiva, de las impurezas mentales. Recto entendimiento significa comprender que los seres tienen el karma como su propiedad. Básicamente esto significa comprender que las malas acciones traen malos efectos y las buenas acciones traen buenos efectos. Recto entendimiento también significa la comprensión de las cuatro nobles verdades. Recto pensamiento es pensamiento de renunciación, ausencia de mala voluntad y ausencia de crueldad.

En el Visuddhi-Magga (El Camino de la Purificación) del Venerable Budaghosa se compara a la verdad del sufrimiento con una enfermedad, la verdad del origen del sufrimiento con la causa de la enfermedad, la verdad de la cesación del sufrimiento con la cura de la enfermedad y la verdad del sendero que conduce a la cesación del sufrimiento con la medicina.

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