Las neuronas espejo: la clave de nuestra interconexión
A que luego de ver esta foto te dieron unas ganas terribles de bostezar.
Te preguntarás qué mecanismo hace que las personas se “contagien” el bostezo, quizás también te preguntarás si es posible que nos contagiemos otras conductas… ¿O nunca te diste cuenta cómo te violentabas en un ambiente tenso o cómo te relajabas en un ambiente armónico? En un video de TED, del que hablamos hace un tiempo, Kiran Bir Sethi nos cuenta cómo llevaron a la práctica su proyecto “I Can”. ¿Cómo es posible que se contagie una actitud?
Uno de los descubrimientos del siglo es, sin lugar a dudas, el de las neuronas espejo, una explicación científica a ciertas conductas o falta de ellas, cosa que veníamos viendo desde hace rato, pero recién ahora tienen una comprobación racional.
Les traigo una interesante video-entrevista de Eduard Punset con el neurocientífico Marco Iacoboni, de la Universidad de California, en la que repasan los fantásticos poderes de estas neuronas una de las responsables de nuestra empatía.
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Los secretos del lenguaje corporal
Hoy les acerco un interesante video de History Channel acerca del lenguaje corporal. Me parece muy oportuno para complementar el artículo “Comunicación no verbal” que escribió Manuel Montaner para TuRemanso.
Recuerden, el 93% de nuestro lenguaje es no verbal, tomen conciencia de la importancia de conocer y reconocer los gestos y expresiones faciales para incrementar su empatía y comprender lo que la gente dice en realidad. Un muy buen ejercicio de abstracción y observación.
Comunicación no verbal: Cuando el cuerpo dice lo que está oculto
by: Manuel Montaner
El brillante teórico de la Comunicación Paul Watzslawick, uno de los autores de la nueva “Teoría de la Comunicación Humana” y un referente de la Psicoterapia, fue el creador de cinco axiomas fundamentales para la teoría de la comunicación, uno de los cuales dice así:
La comunicación humana implica dos modalidades: la digital (lo que se dice: la Palabra Hablada) y la analógica (como se dice: la Comunicación No Verbal)
La investigación sobre esta última se puede rastrear incluso hasta los orígenes mismos de la Psicología. Dos siglos atrás, el científico Sir Francis Galton (primo de Darwin y fundador de la ciencia de la herencia) fue protagonista de un hecho relevante a la Comunicación No Verbal (CNV).
En su afán de investigar los procesos de la mente humana Francis Galton realizó frente al espejo de su baño, una suerte de auto hipnosis que consistió en repetirse la siguiente consigna:
“Soy el hombre más odiado de todos los hombres de Londres”.
Cuando consideró que estaba preparado, simplemente salió a dar su paseo diario de rutina. Y lo que descubrió fue lo siguiente:
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La cultura techie-renacentista
Este post surge como consecuencia de un artículo que compartió Álvaro para el último #SELT, en el que se habla de los nuevos renacentistas. Al final, entre tanto mate, charla y risa se nos pasó plantearlo como diálogo. Pero quiero dedicarle un momento de reflexión y quisiera que ustedes me ayuden a pensar en relación a este nuevo Ser en el Mundo que plantea.
Debo confesar que después de leerlo, súbitamente comprendí que viví toda mi vida como la del “patito feo” y que ahora estaba en presencia de la gran revelación: había otros como yo, de la misma especie.
Desde chica me interesaron muchas cosas: lecturas, músicas, artes, filosofías, aproximaciones a la realidad. En nuestra familia se ha leído de todo, desde los clásicos de oriente y occidente, hasta los últimos descubrimientos de la ciencia; disfrutamos de la ópera y el folclore hasta de los géneros más contemporáneos (aunque debo confesar que mi gran pasión sigue siendo Mozart). De filosofías, de religiones comparadas, de mitología, tecnología, psicología, educación… siempre fui una niña, adolescente, mujer inquieta intelectualmente.
Si ayudó el no haber tenido TV durante gran parte de mi infancia, el hecho de que mis padres sean lectores reflexivos y teósofos, o mi propia predisposición al multitasking y la analogía… no lo se. Lo cierto es que toda mi infancia fui como una chica extraña. Claro que tuve amigos, pero rara vez compartía con ellos todas mis inquietudes intelectuales. Siempre me sentí cómoda con esa forma de ser, aunque era consciente que hacía sentir incómodos a algunos a mi alrededor, gente que no podía encasillarme en ninguna disciplina en particular, docentes que pensaban que yo copiaba porque era “imposible” que una niña de 12 años citara al Bhagavad Gita o al Chillan Balán, o supiera lo que Platón o Kant planteaban como teoría ontológica o ética.
Siempre creí que lo multidisciplinario era el mejor abordaje para casi cualquier asunto. La mirada del otro, el bajage del otro es un aporte imprescindible si estamos buscando un abordaje integral u holístico. Que las nuevas tecnologías nos dan la posibilidad de desarrollar nuestra creatividad y ampliar nuestros horizontes cognitivos y prácticos.
Ahora resulta que “está de moda” ser como uno; que es una nueva corriente estética, intelectual; que somos los nuevos Da Vinci. No se si eso será tan así; lo que sí creo es que tanto conocimiento debe tener algún contrapeso reflexivo; la información por la información en sí difícilmente nos haga mejores personas. La posesión de tecnología por el consumo en sí, difícilmente cambie nuestra forma de relacionarnos con el mundo que nos rodea. Hay que poder procesar, crear nuevas formas de ser y hacer. Lo estético sin lo ético puede terminar siendo nada, pura forma vacía… pura Eikasía.
Entre sombras y verdades eternas
Continuando con la segunda parte de: “Un mundo de ideas perfectas“, hoy vamos a contarles (al menos superficialmente) cuál es la teoría gnoseológica que defiende el filósofo griego. Según Platón resulta que hay dos mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible o mundo de las Ideas. Ambos mundos son opuestos, veamos algunas de sus características:
Ideas Cosas sensibles Únicas Múltiples Inmutables Mutables Idénticas a sí mismas Contradictorias Atemporales Temporales Necesarias y Universales Contingentes y particulares Participadas Participantes Modelos/ Arquetipos Independientes Dependientes Perfectas Imperfectas Trascendentes Intrascendentes
De esto se desprende la existencia de dos modos de conocer: la Doxa u opinión y la Epistéme, el conocimiento propiamente dicho. Ambos asuntos (grados del Ser, grados del Conocer) los veremos representados en este gráfico que colgamos en este post.
En rigor de la verdad, no es que hay exactamente dos mundos, sino que el mundo que conocemos como propio es una imitación, una sombra de lo que la verdadera realidad es.
Los hinduístas dirían que estamos inmersos en los pares de opuestos, “deja que las gunas revolucionen entre ellas” le habría dicho Krishna a Arjuna según cita el Bhagavad Gita (que se encuentra inmerso en la Epopeya “El Mahabaratha”): “Te preocupas por lo que no debieras preocuparte, aún son tus palabras de falaz sabiduría…”
Platón lo plantea desde lo que se da en llamar: el paradigma de la línea, su teoría gnoseológica en la que resume lo que él cree acerca de las formas de conocer. Lo plantea como una especie de camino desde la ignorancia hasta el conocimiento absoluto, un ascenso espiradado en el que el diálogo es el protagonista.
Eso lo aprendió de su maestro Sócrates, el preguntador, la capacidad de sacar del humo, luz .
Este paradigma planteado en el libro VI de La República pone evidencia en dos mundos -el mundo sensible y el mundo inteligible- a quienes le corresponden dos formas de conocer: la Doxa (opinión) y la Epistéme (ciencia) respectivamente. Para explicar esta teoría nos cuenta un mito o alegoría: el de la caverna (en el libro VII).
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Un mundo de ideas perfectas
Una aproximación a la teoría ontológica y gnoseológica de Platón (1º parte)
Hablar de filosofía en tiempos de Social Media puede sonar un poco retro, sin embargo creo que la filosofía, como proceso reflexivo, es un ingrediente fundamental en la ecuación de una vida madura y consciente. La reflexión sobre nuestro entorno, trae aparejados desafíos, proyectos y situaciones que nos alientan a abandonar la comodidad de la mediocridad. Filosofar es buscar la excelencia. Filosofar es repensar el mundo y crear nuevas utopías. Se dice en Hacer Historia “estamos a una conversación del mundo que queremos construir“, y qué es conversar sino filosofar, dialogar, buscar la palabra que traerá luz a nuestra vida y a nuestra historia.
Preguntar es, en sí, la mejor forma de orientarse hacia la búsqueda. Y como dice el dicho, el que busca, encuentra. Así que aquí estamos, buscando una orientación en medio de tanto gadget, de tanta tecnología , información vacía y cambio de paradigma. Buscamos algo que sea permanente, una brújula en medio de la deriva en la que nos vemos arrastrados por la moda y el consumismo de objetos y conocimientos.
En medio de esta vorágine Platón -con su teoría ontológica y epistemológica- se me presenta como una gran alternativa para la reflexión.
Estamos en tiempos de incertidumbres. Instantes sobre instantes, esta es nuestra realidad. Sin embargo la forma de abordarla sigue siendo una decisión personal que forma parte de nuestra idiosincrasia, bagaje personal-social y perspectiva estética. Si logramos vincularnos más con nuestros procesos creativos, seguramente esa realidad cobrará sentido, dejará de ser el libreto escrito por otros para convertirse en el relato de nuestra propia historia. Hacernos cargo, sentirnos parte y arte de nuestra vida es una de las cosas que nos diferencian como seres humanos.
Hace unas semanas plantee la necesidad personal de expresar un pensamiento desde la literatura, distintas aproximaciones frente a un mismo tema, una especie de paradigma de la linea vivo y mutable. Esta semana me surge la necesidad de vincularme con ustedes a través de la filosofía… filosofemos pues, hagamos de nuestra cotidianeidad un experimento de cambio.
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El profundo despertar o las meditaciones de Helena
Un rayo de sol entraba por la ventana de la habitación, iluminando a unos libros antiguos que se apilaban desordenados sobre el escritorio. Miles de partículas flotaban en el aire y un profundo olor a nardos se escabullía entre los pocos muebles que completan la estancia.
Me quedé un momento contemplando la biblioteca, miles de versiones de la verdad, millones de palabras conjugadas en millones de sentidos diferentes. Cerré los ojos y suspiré.
El descubrimiento era emocionante, pero no estaba del todo segura si darlo a conocer.
La contemplación de lo paranormal siempre fue una tentación de almas pequeñas. Ejercer desprejuiciadamente los poderes extrasensoriales era como poseer espejitos de colores para confundir y engañar. La mediumnidad, la telequinesis y los viajes astrales son poderes que me fueron concedidos desde el nacimiento, quizás por esa razón nunca me pareció raro ejercitarlos. Confieso que algunas veces los utilicé para probar que estaba en lo cierto, para demostrarle a aquellas mentes obtusas de qué están hechos los sueños. Pocos me comprendieron, el resto se quedó atrapado en los confines de maya. La gente siempre se burla de no comprende, le tiene miedo.
4. No me diga… qué interesante
El cuarto era espacioso y un tanto minimalista. La madre llegó a la consulta 10 minutos antes y se quedó en silencio observando a su hijo jugar con una pila de revistas. Todavía trataba de dilucidar lo que le había comentado con tanta naturalidad esa mañana ¿Cómo puede un niño de 10 años inventar una historia semejante? Ella debía haber sido una mala madre… no estaba segura si todo el asunto se había desencadenado hace algunas semanas, cuando el pequeño presenció una fea discusión entre ella y su suegra; quizás la maestra lo había regañado; o quizás simplemente se sentía triste o quería llamar la atención. Cualquiera sea la causa de semejante conducta mejor era estar prevenidos frente a consecuencias desagradables; ella no quería que su hijo fuera un delincuente, un estafador o un loco.
Lo miró detenidamente: parecía tan normal jugando con esas revistas… ¿qué estaba haciendo? fabricando cosas… ¿qué será aquello, un camino o un tren?
La secretaria la llamó.
La habitación era luminosa pero fría, no tenía nada en las paredes, a excepción de un cuadro con el diploma otorgado por la Universidad de Buenos Aires. El hombre era joven, pero medido, hablaba pausado y su cara no denotaba ninguna emoción.
Se saludaron y la mujer procedió a explicarle cuál era la urgencia.
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3. Las fronteras de la sala de guardia
Y ese 33 sonó como un alud en medio del Aconcagua. Algo anda mal, pensó el médico. El sonido del aire se confundía con un eco y una suave brisa marina que le hacían recordar sus últimas vacaciones. Retiró el estetoscopio y se lo quedó mirando. Volvió a calzarse el aparato e insistió con la auscultación. “Diga 33” repitió el médico. Y ese 33 sonó como un triple trueno escuchado desde un avión en medio de la tormenta.
“Qué contrariedad!” suspiró el facultativo; ese hombre no tenía tos, ni dificultad para respirar, ni dolor u opresión en el pecho y su ritmo cardio respiratorio era normal… lo único que le llamaba la atención era aquel estruendo paranormal que se escuchaba cada vez que decía 33. Probó con otras palabras que sonaban parecido: “ajedrez”, “rapidez”, “lobreguez”… pero el panorama se presentaba completamente normal. El asunto se encuadraba entre el “33″ y sus pulmones.
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2. Ave María purísima
La mujer no sabía si reír o llorar -de cualquiera de las dos formas, el eco se multiplicaba en proporciones impensadas- así que se quedó callada, sin emitir un suspiro. Ahora que lo pensaba, quizás ahí comenzaba su vocación religiosa, el voto de silencio se le antojaba un sacrificio gratificante… “servir al Señor en el silencio”, pensó sonriendo.
Estaba nublado aquel día, y una suave brisa le rozaba el cuerpo. Caminaba en puntillas, como si temiera que la vibración de sus pisadas despertara al demonio que parecía esconderse dentro de ella. El tiempo que le llevó llegar a la capilla fue casi lo que dura la eternidad. Entró sin reparar en la vieja que pedía limosnas en la puerta, y se dirigió al confesionario justo 15 minutos antes que concluyera el horario para expirar los pecados.
-Perdóneme Padre porque he pecado –murmuró con esfuerzo- han pasado 20 años desde mi última confesión.
-¿Cómo así hija? -el cura saltó de la silla- ¿Habías perdido la fe?
-No padre, la fe siempre la tuve conmigo, -y era verdad eso que decía, se la pasaba rezando e implorando la bendición del cielo cada vez que tenía que enfrentarse a algún desafío mundano- pero no logré hacerme un tiempo para venir.
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