|
And
eye for an eye makes the whole world blind
(Ojo por ojo y el mundo quedará ciego)
Gandhi
La vida huye entre
los resquicios del odio, como la mariposa se desvanece
al concluir el día.
Al contemplar en
lo que se ha convertido el mundo, me he dejado caer,
por un momento, entre mis lágrimas. Hay tanta
sangre, venganza y desprecio por el ser humano. Comprobar
la maldad de la que es capaz el hombre me ha dejado
sin aliento ¿De dónde sale todo ese odio?
¿Cuál
es el objeto de la civilización?
¿Qué pretende la posmodernidad? ¿Hacia
donde se dirige el mundo en el nuevo milenio? Lamento
encontrar sólo retazos de pensamientos inteligentes,
en medio de un sinfín de brutalidades y sin sentidos.
Un atentado monstruoso,
una venganza irracional, una guerra incomprensible contra
un enemigo difuso; muerte, desesperación y crueldad
que no han podido solucionar el problema de fondo: la
injusticia y el abandono de más de las 3/4 partes
de los habitantes del mundo.
La violencia engendra
violencia, el odio enceguece y trae de manifiesto un
cúmulo insoportable de iniquidades. El circulo
nos aprisiona en espirales concéntricos, mientras
comprobamos que la asfixia se presenta como un destino
posible. ¿Estamos preparados para hacernos cargo
de las consecuencias?
Desde la separación
de las almas, relatada por Platón en el
banquete, andamos por el mundo gimiendo en busca
de lo que nos falta, de nuestra contraparte exacta,
de la integridad, la felicidad
de aquello que
nos permitiría sentirnos plenos nuevamente.
Pero también,
por una razón fortuita, solemos perdernos en
el camino y, en vez de asirnos con fuerza de aquello
que nos daría dicha, comenzamos a agredir a lo
diferente; generando impotencias, disputas y búsquedas
de revancha. Erigirnos en jueces y verdugos de otros,
no nos trae alegría
la pena va a
en pos de nosotros como las ruedas del carro van detrás
del buey que tira de él . Así en
nuestros pensamientos como en nuestras acciones, las
consecuencias son la reacción esperable, aunque
no siempre deseable, de nuestros aciertos y nuestras
equivocaciones.
En este juego y contra-juego
que es la vida, los extremos parecen chocar: o
lo uno, o lo otro se convierte en el estigma de
una civilización que desconoce de equilibrios
y complementaciones.
O lo uno, o
lo otro
surge en el mensaje de cierto personaje
de la política mundial: o se está
con nosotros, o se está en contra
frases maniqueas por el estilo han salido de otros labios,
a lo largo de la historia. Una actitud que muchos procuraban
no olvidar, y que hoy se está propagando con
la fuerza de un virus. El cimbronazo con esta realidad
nos despierta del letargo ideológico: los decires
se reproducen y se perpetuan, sin importar los actores.
¿Otra vez las sociedades acuden impasibles a
la repetición de una fábula de dolor y
discriminación?
¿Cuál
es el verdadero objetivo de la guerra? La lucha contra
el terrorismo. ¿Cómo se puede luchar contra
algo que no se ha definido? Más aun, ¿cómo
se puede luchar contra el terrorismo aplicando el terror?
Disculpen mi ignorancia, perdonen que evite sustraerme
del plano humano; no creo que ninguna vida sea un efecto
colateral , o susceptible a ser inmolada,
no estoy de acuerdo de que la crueldad sea una opción
aceptable, como tampoco lo es la indiferencia.
¿Quién
se detiene a pensar en la sangre vertida, las ilusiones
masacradas, las risas silenciadas? ¿Qué
militar o terrorista deja abierto su corazón
al llanto y a la suplica de la humanidad? ¿Quién
escucha los gritos ahogados de los que clamamos por
la paz? Vencedores y vencidos
vencidos y vencedores.
¿Cuándo aprenderán que nadie gana
en las guerras?
El odio se perpetua,
eso es todo.
La causa del sufrimiento
La imposición
de toda clase de conceptos, ideas, creencias, sólo
enciende resarcimiento. Compartir e imponer
son términos que distan de ser sinónimos,
por más que se los quiera hacer encajar. A lo
largo de la historia de la humanidad, se ha tenido la
mala costumbre de creer que nuestras verdades
son las autenticas. Acto seguido, hemos querido imponerlas
a cualquier precio: si yo tengo la verdad, entonces
el otro miente. Sin embargo, los maniqueísmos
no han sabido conservar la armonía del planeta,
muestras hay de sobra.
O lo uno o lo otro.
Parece mentira que
gente grande se enrede en esta disociación,
lo cual revela, obviamente, una ineptitud para la lectura
objetiva de la realidad, es decir, una incapacidad para
reunir en un mismo objeto los aspectos buenos y malos.
Lo uno y lo otro conviven en nosotros mismos, y en los
demás. Melanie Klein observó que la ambivalencia,
o la integración de los aspectos positivos y
negativos, es un estado deseable en un sujeto adulto.
¿No creen
que hemos leído demasiado cuentos, o visto demasiadas
películas? La vida es otra cosa. En los cuentos
no hay espacio para las equivocaciones: el malo es malo,
el bueno es bueno
y siempre hay un final feliz.
Pero nos olvidamos un pequeño detalle: el cuento
simboliza arquetipos. La vida real es diferente: la
sombra, el animus y el anima se interrelacionan en un
juego continuo de búsquedas y desencuentros.
Proyectar en otro mis propias sombras, es una forma
infantil de evitar el problema
aquí
no hay espacio para la individuación, sólo
para el sufrimiento.
Competencia, implica
lucha, separación. La complementación
se refiere a la necesidad de añadir, integración.
La unión genera el nacimiento de una nueva realidad
que sabe cobijar. Las diferencias deberían conectarnos,
en vez de dividirnos.
¿Pueden imaginar
un arco iris de un solo color? ¿Imposible verdad?.
Pero a veces nos comportamos como si quisieramos ser
el único color del universo, degradando a los
otros o eliminándolos. No somos todos iguales,
eso es cierto, pero todos deberíamos tener las
mismas oportunidades de desarrollarnos en nuestra humanidad.
Lamentablemente el
mundo se está convirtiendo en un reducto de privilegios
y exclusiones. Ser y tener, identidad y pertenencia
se confunden en un letárgico sonido recitado
por la moda y el status. El que tiene y pertenece es
feliz, el que no, es rechazado y humillado
en su condición de ser humano
como si tener
y pertenecer nos diera más identidad que al resto.
Que quede claro,
la identidad es algo que no depende de la economía,
ni de la política, ni de la sociedad o el sistema.
Ni siquiera depende del otro; uno debe ir descubriendola
solo, evitando sustraerse de la realidad cotidiana.
Si para que yo tenga existencia, otro debe sacrificarse...
si para demostrar lo grandioso que soy, debo rebajar
a otro... no tengo identidad. Imponer MI voluntad no
habla de mi identidad, sino de mi miedo. Creo que la
prepotencia es una forma de defensa contra el miedo
y la inseguridad...
Inseguridad que es
vacilación de nosotros mismos, de nuestras capacidades,
de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos. Dudo,
por eso ataco. No estoy seguro, por eso impongo. No
se si tengo razón, por eso grito.
Aquí estamos
frente a una incertidumbre del Sí Mismo...
¿Quién
soy? ¿Cuál es mi responsabilidad en el orden
mundial?
Sri Ramana Maharshi (1880
-1950), tenía una teoria: Puesto que el
deseo de todo ser vivo es ser siempre feliz, libre de
todo pesar; puesto que en toda persona se observa que
existe un amor supremo por el propio ser; y como sólo
la felicidad es la causa del amor. Para ganar esa felicidad
que es nuestra propia naturaleza y que se experimenta
en el estado de sueño profundo donde no existe
la mente, uno debe conocer su propio ser. Para ello,
el sendero del conocimiento, la indagación de
la fórmula "¿Quién soy Yo?",
es el medio principal
Otros pensadores y filosofos
nos han dado la misma clave: Conocete a ti mismo
y descubriras el universo, la develación
del Si mismo es el objeto del proceso de individuación,
el universo tiene su centro en cada hombre y su
circunferencia en ninguno,
Hay algo que tengo que
tener claro y es: no puedo medirme por la imagen que
proyecto. Cada cual me verá según sus
propias necesidades e incluso, a veces, proyecto una
imagen de lo que creo ser, y no de lo que soy. Debo
autodescubrir mis aspectos buenos y malos, mi luz y
mi sombra. Luchar contra la sombra ajena,
no implica que podamos dominar la propia. El reencuentro
con nuestra parte oculta debería ser el primer
paso en el sendero hacia el descubrimiento de nuestra
identidad. "Cómo puedes ver la paja en el
ojo ajeno y no puedes ver la viga que hay en tu ojo"
dijo Jesús. La humanidad siempre ha tenido esta
mala costumbre. Se ha dispersado tratando de solucionar
problemas que están más allá de
su jurisdicción. Sin darse cuenta de que lo único
que hace es : dilatar el encuentro con si misma. Ni
más, ni menos.
Identicadinámica
de respuesta es la que comprobamos en el orden
mundial. Y aquí es cuando surge una de las claves
imprescindibles para la adultez de la civilización
: hacernos cargo de nuestros aciertos y
nuestras equivocaciones y no buscar culpables. Dejar
de medirnos en relación a otro, superar el deseo
de imponer nuestras ideas, desoyendo las ajenas.
Algunos dicen que es digno
morir por una causa, yo creo que es más digno
vivir por ella.
Ya es tiempo de que apartemos
nuestra mirada del espejo del otro, y que maduremos
como humanidad abandonando las prepotencias. Crecer
es doloroso, implica renunciar a viejos esquemas, pero
trae beneficios compensatorios. Es necesario comprender
que compartimos la vida con seres humanos que tienen
diferentes necesidades, creencias, sentimientos. Seres
que nos enriquecen, y nos devuelve otra imagen distinta
a la que estamos acostumbrados. Eso es bueno, nos habla
de heterogeneidad.
¿Vamos a dejar que
Thanatos siga desplegado sus alas en un gesto de victoria...
o buscaremos a Eros con la misma desesperación
con la que buscamos el aire bajo el agua?
Creo que estamos frente
a una situación de quiebre, un hito, un punto
de inflexión que nos permite mirar la realidad
desde otro ángulo. Estar tan cerca de la muerte
nos hace amar la vida, estar cercados por la violencia,
nos hace anhelar la suavidad. Es la época de
abandonar mezquindades y aunar esfuerzos; la paz está
a un paso, solo necesitamos cambiar la conciencia acerca
de lo real y lo ilusorio
invertir la polaridad
de nuestras urgencias.
No importa si es tarea
de uno, o tarea de todos. Lo que tiene valor por sí
mismo es, al decir de Kant, la buena Voluntad.
Accionemos dentro de ella sin esperar que el vecino
empiece.
Tampoco aguardemos un llamado
espacial, ni hagamos tiempo hasta que suenen los clarines
celestiales. No nos sentemos a esperar por la paz
accionemos por ella.
Accionemos desde nuestro
pequeño universo cotidiano, dejémonos
llevar por esa voz interior que nos impulsa al bien,
esa misma que podrá gritar triunfal en el ocaso:
Kreta Kretiata, lo que se vino a hacer,
está hecho.
Enciendan su llama y avancen,
la oscuridad se desvanece sin lucha.
|