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Crisis Familiares y autoridad
fallida:
Trasgresión al cuerpo
Lic Martha Rosano
con la colaboración del Equipo Interdisciplinario
del Centro de Atención Familiar
Introducción
El presente trabajo intenta una aproximación
al análisis de la actual crisis familiar, cuyo resultado,
según la demanda a nuestro Centro, es la problemática
de los adolescentes entre 13 a 20 años con conductas
de riesgo: Trastornos de Alimentación, problemáticas
de alcohol y adicciones, y se produce a partir del suicidio
de una joven bulímica, que conmociona a la ciudad,
surgiendo el pedido de colaboración desde las instituciones
educativas.
Nuestro Equipo se constituye como el primer
Centro Privado de Atención Familiar desde una perspectiva
sistémica e interdisciplinaria, Paraná es
una ciudad de 280mil habitantes aproximadamente, capital
de provincia, ubicada a 500Kms. de Bs.As., donde existen
diversas Instituciones dedicadas específicamente
a estas patologías; nuestra mayor demanda aparece
en grupos familiares de clase media, en el 60% de los casos
se trata de situaciones de adolescentes en riesgo, que surgen
como paciente identificado dentro de la familia.
Los motivos de consulta son trastornos de
alimentación, dificultades severas de conducta y/o
aprendizaje escolar, algunos casos con sintomas de alcoholismo.
Estos trastornos de tipo biopsicosocial,
constituyen una patología donde el factor cultural
influye casi en un 100%, en este fin de siglo que se caracteriza
por el desencanto, ausencia de grandes proyectos, empobrecimiento
de la vivencia de la historia, sentido del porvenir, con
una marcada ausencia de la autoridad parental en función
de los graves problemas socioeconómicos y la permanente
inseguridad laboral.
En lugar de proyectar hacia adelante, se
vive intensamente el presente, añorando el pasado.
Los medios de comunicación nos transmiten la modas
retro, los reciclajes, el cuerpo de mujer ideal, la imagen
de hombre exitoso.
El cuerpo se ha convertido en motivo de
preocupación e incluso de obsesión para hombres
y mujeres que se niegan a envejecer y que no reparan en
medios para mantenerse en forma, de la misma manera el disconformismo
aumenta por la presión social. Las mujeres somos
un mercado de consumo de dietas, en los '90 aumentó
en un 70 % la cantidad de dietas "nuevas" publicadas
en las revistas, en sólo un año el Dr. Cormillot
recopiló más de 1500 dietas diferentes en
revistas.
Hay cambios significativos en la cultura
urbana: las comidas rápidas, producción del
tiempo libre, entretenimientos, tiempos para el placer,
buscamos una posibilidad de construir una existencia en
esta sociedad descartable, que presenta las relaciones también
como descartables, el cuerpo cambiable, consumiendo estímulos
por los medios de una cultura trasvasada.
( La familia, ya no más tradicional
modelo, sigue siendo la usina generadora de personas, pese
a que se encuentra impotente para dar respuestas de independencia
a sus miembros jóvenes.
Y en este marco, los adolescentes buscan
su identidad a través de la identificación
con ídolos populares: cantantes, deportistas, modelos,
y el grupo de pares, los amigos, surgiendo como fenómeno
habitual la solidaridad y la unión en estos grupos,
frente al mundo de los adultos, mundo que por otra parte
adolescentiza y desdibuja la figura del adulto, aparecen
entonces las conductas de imitación al grupo social.
La observación de las publicaciones
nos lleva a pensar los cambios que sufre nuestra sociedad
en el umbral del 3º milenio, donde los medios de comunicación
toman una parte del ser humano, de la información
o de una sonrisa, y la amplifican desmesuradamente, haciéndonos
perder la noción global de la persona, totalidad
de un fenómeno. Los artículos y las publicidades
proponen recetas, metas, que se articulan para conformar
las demandas de la sociedad. La publicidad ha detectado
que los seres humanos vivimos cada vez más necesitados
del reconocimiento del otro, y ha abusado de ello como argumento
de venta.
Análisis del Trabajo Clínico:
Nuestro equipo está constituído
por: ginecóloga, endocrinóloga, nutricionista,
clínico, psicopedagoga, psiquiatra y psicólogas.
En general, hemos establecido un protocolo
de atención que incluye:
* evaluación médica
clínica,
* evaluación nutricional,
* evaluación psicológica
individual
* evaluación del grupo
familiar.
En los casos que sean necesarios, actuarán
el resto de los profesionales.
El tratamiento es decidido en el equipo,
y además de la intervención familiar, comenzamos
a trabajar con los grupos de jóvenes por un lado,
y grupos de contención para los padres, por el otro.
En el curso de los últimos 3(tres)
años, hemos atendido más de 200 casos de Trastornos
de Alimentación, en su mayoría chicas, sólo
2 varones; y en el último año, aproximadamente
20 casos de conductas de riesgo, relacionadas con alcoholismo
o drogas, en este caso de ambos sexos; hemos atendido además
estas patologías asociadas. Respecto a las edades,
como ya dijimos, corresponden a la adolescencia, salvo un
niño de 10 años con Trastornos alimentarios
no especificados, una niña de 5 años con Anorexia,
y 5 niños de ambos sexos de edad promedio 10 años
con Trastornos de Obesidad.
El porcentaje de éxito en nuestro
tratamiento ha estado directamente relacionado con la toma
de conciencia de los padres respecto a su participación
en la problemática y las soluciones. El mayor porcentaje
de fracasos se produce por el abandono del tratamiento por
parte de la familia, al no poder involucrarse ni comprometerse
en el mismo.
Partimos de la idea que la tarea más
difícil no será de ninguno del equipo, sino
de los padres mismos, quienes deberán poner límites
claros, flexibilizar conductas y adecuar el diálogo
familiar perdido; tratamos que sea responsabilidad de la
familia y no del equipo terapeútico, salir adelante
con el tratamiento.
A fin de lograr estos objetivos, damos la
mayor información sobre los riesgos en persistir
con estas conductas, lo cual nos ayuda a la comprensión
y la motivación del paciente. En algunos casos, incluímos
otros significativos de la red social: docentes, amigos,
compañeros de la escuela, acordando un plan de ayuda
diseñado en cada situación específica:
el/la adolescente podrá recurrir a ellos para pedir
ayuda cuando algunos límites no puedan ser cumplidos:
el descontrol que lleva a vomitar, el rechazo a comer, el
grupo que los busca con el resultado de alcoholizarse o
drogarse, a veces con estas situaciones entrelazadas.
La situación típica en la
Anorexia es el dejar de comer, el gran esfuerzo de voluntad,
y encontramos un grupo familiar en permanente lucha y fracaso
en sus intentos de lograr que coma. En general, los grupos
familiares en este caso, se componen de una mamá
muy exigente, con marcada sobreprotección sobre la
hija, y un papá ausente, porque falleció o
están separados y hay escaso contacto, en muy pocos
casos, el papá convive, pero está ausente
en su función. Respecto a la joven, se trata de adolescentes
sobresalientes en el estudio que comienzan a decaer, con
alta autoexigencia, y su actitud es de permanente euforia
y desafío al tratamiento, a sus padres, al grupo.
En el caso de la Bulimia nos encontramos
con situaciones de control y descontrol, pretendiendo detener
el deseo de comer, que lleva a la sensación de fracaso,
emocionalmente las confunde y se sienten ajenas a sus ideas
y afectos. El grupo familiar en general se constituye por
padres exigentes en el éxito, muy preocupados por
la propia imagen social, pero ineficaces en su función,
que al tomar conciencia de la enfermedad muestran impotencia
y deseperación, en algunos con historias de violencia
familiar o antecedentes de adicciones en uno o ambos padres.
En los otros casos como Alcoholismo y drogas
comunes como marihuana o psicofármacos, surgen como
contagio social dentro del grupo de pares, con marcado desafío
al control familiar, el grupo da la fuerza y el coraje que
individualmente no se posee, de la misma manera se dificulta
la salida del grupo.
En general, aparece esta problemática
como respuesta a la autoridad fallida de la pareja parental,
con características similares: ausencia de límites
adecuados, actitud crítica permanente, con una imagen
parental ausente en su función y una madre sobreprotectora
y abandónica. Los conflictos del desarrollo son un
desafío que ciertas familias no están preparados
para enfrentar. Existen familias de delicado equilibrio,
para quienes la llegada a la adolescencia de sus hijos se
constituye en una crisis amenzante.
En algún punto los padres comienzan
a preocuparse, a enojarse y es probable que esto traiga
desavenencias entre los padres, puede ser que el padre sea
mas exigente y la madre mas compresiva, y al cabo de un
tiempo, variable de acuerdo a las características
de la familia, los padres dicen que la casa se convirtió
en un caos desde que comenzó todo esto.
También como antecedentes de estas
patologías encontramos problemas digestivos en la
infancia, el comer selectivo, el exagerado énfasis
en el aspecto físico, el éxito a cualquier
costo, la competencia de los padres, el temor a la sexualidad
y el temor a crecer y enfrentar responsabilidades, hiperautobservación
crítica, desconfianza, lo social dice que hay que
ser perfecto, se vivencia el cuerpo como incomodidad.
Es importante destacar, de todos modos,
la multicausalidad de estos trastornos, es decir que ninguna
de las causas por sí misma “producen”
la patología.
En nuestra práctica, la primera etapa
del tratamiento se aboca a controlar la dieta con la nutricionista,
quien junto al clínico pautan los diferentes pasos.
En el grupo familiar intentamos negociar los límites,
demarcar la frontera entre padres e hijos.
Hemos observado que la intimidad de la mamá
con sus hijos sustituye la de la pareja que se ha perdido,
y los síntomas expresan sufrimiento, lucha por el
poder, venganza, resentimientos familiares, intentos desesperados
de encontrar coherencia en la propia vida, frente a situaciones
socioeconómicas críticas, como las que actualmente
se presentan en nuestro país, influyendo en todas
las familias.
El tiempo de tratamiento varía de
acuerdo a la patología, además del compromiso
familiar como anteriormente dijimos. En el caso de las anoréxicas,
el alta se produce al año aproximadamente, en cambio,
las otras patologías insumen alrededor de 4 años,
ya que las recaídas son muy frecuentes, y al aparecer
componentes depresivos, se dificulta la resolución
del problema.
En una primera etapa de nuestro equipo,
habíamos organizado la terapia grupal, en los que
llamábamos grupo de adolescentes en riesgo, en el
transcurso de la terapia debimos separarlos ya que las dificultades
en la resolución de la patología requería
actividades diferentes, y observamos, además, que
las bulímicas desertaban más rápidamente
del grupo, y tuvimos 2 intentos de suicidio de bulímicas
que nos obligó a repensar este paso del tratamiento.
Casos Clínicos:
1er Caso: Javiera, 24 años, estudiante
universitaria, con reiterados abandonos y reinicio de su
carrera.
Diagnóstico: Bulimia asociada a conductas
adictivas y relaciones promiscuas.
Grupo familiar: madre con trastornos de
alimentación de larga evolución, padre exjuez,
incapacitado, hermana mayor universitaria con trastornos
de obesidad, hermana menor universitaria con trastorno de
alimentación no especificado.
Desde hace aproximadamente 7 años
ha iniciado, abandonado y reiniciado diferentes tipos de
tratamiento; en nuestro equipo permanece desde hace dos
años, así como por primera vez termina el
2º año de su carrera.
Estrategias de tratamiento: ante la urgencia:
ordenar hábitos alimentarios,, controlar los vómitos
recurrentes; en el tratamiento individual trabajamos los
factores de mantenimiento, en el grupo familiar trabajamos
las fronteras de hijos y padres, las alianzas, los límites
relacionados a la autoridad fallida de ambos padres y la
permanente agresividad entre todos los miembros flexibilizando
modelos de relación; en la terapia grupal, vivencialmente
su relación con el cuerpo y la imagen ante los otros.
Situación actual: la conducta bulímica
ha cesado desde hace 10 meses aproximadamente, regularizando
la dieta y peso; en el grupo familiar se inició una
etapa de negociación de los objetivos planteados
por ellos mismos a través de la elaboración
de sus propias normas de convivencia, aunque ha sido necesaria
medicación que mejorara su estado depresivo recurrente,
disminuyendo las actitudes agresivas de la paciente. Encontrar
puntos de acuerdo en esta familia fue arduo, ya que habían
cristalizado sus relaciones en el pasado, y se hacía
dificultoso traerlos al presente, que lentamente comienza
a aparecer.
2do Caso: Nahuel, 14 años, estudiante
secundario, repitente
Diagnóstico: Conducta disocial, fuerte
adicción al alcohol, déficit atencional.
Grupo Familiar: madre profesional, padre
viajante, hermana menor excelente alumna en su escuela,
y dos hermanos mayores hijos del 1º matrimonio de su padre,
con conductas de riesgo.
Estrategias de tratamiento: además
del tratamiento familiar, se incluye el apoyo psicopedagógico,
control nutricional por el bajo peso. Aparece una aparente
desconexión con el mundo exterior, falta de compromiso
social, ausencia de proyectos.
Sus padres se mostraban impotentes frente
a los desafíos del joven, por lo que fue necesario
reforzar los límites familiares, trabajar con la
pareja parental que había invertido sus roles, lo
que producía confusión en Nahuel, y encontrar
proyectos de vida en común, asumiendo responsabilidades
mutuas.
Situación Actual: ha comenzado a
tener mayor participación en su estudio, pese a que
rendirá algunas materias no volverá a repetir,
retomó sus actividades deportivas, y logra pedir
ayuda cuando el grupo adictivo al que pertenecía
lo reclama, en la familia las fronteras se están
fortaleciendo, lo que ha permitido ubicar los roles de cada
miembro.
Conclusiones Estos trastornos
biopsicosociales, involucran claramente al cuerpo, en una
personalidad determinada y en una sociedad particular.
Está muy presente la idea de que
se puede tener control sobre el propio cuerpo, esta es una
idea ficticia, que implica la frustración y el permanente
juego de control-descontrol. En la época que vivimos
la idea de poder controlar todo es una idea invasora, cada
vez mas se tiene la convicción de no aceptar aquello
que nos toca vivir o ser, y una expectativa de poder controlarlo,
cambiarlo, poder modificar el cuerpo, poder ser otro.
Un estudio realizado en Minneapolis mostró
que la obsesión por estar excedidos de peso no es,
por si sola, causa suficiente para los trastornos alimentarios.
Algunas personas obesas son incapaces de
distinguir la diferencia entre estar asustadas, enojadas
o hambrientas y entonces agrupan estos sentimientos en un
único significado, que es el de hambre, lo que los
lleva a ingerir demasiada comida toda vez que se sienten
perturbadas.
La Psicóloga Gloria León,
de la Universidad de Minnesota realizó un estudio
sobre las jóvenes y los trastornos de la alimentación
observó que estos jóvenes “tienen escasa
conciencia de sus sentimientos y de las señales que
envían sus cuerpos”, lo que conforma el mas
claro pronóstico de que padecerán algún
tipo de trastorno alimentario en los 2 años subsiguientes.
La combinación de esta escasa conciencia
de su interior y las débiles habilidades sociales
agregada a la ausencia de la autoridad paterna, y a las
dificultades que la familia presenta en la salida exogámica
de sus miembros más jóvenes, implica que cada
vez que se sienten contrariados a causa de sus amigos o
de sus padres, fracasan en su intento de mejorar, o bien
sus relaciones, o bien su propio malestar. En su lugar,
su malestar pone en acción los mecanismos que conducen
a los trastornos, sea anorexia o bulimia, o a las otras
adicciones. Por esto es efectivo incluir en el tratamientos
para estos jóvenes algunas instrucciones correctivas
para cubrir las habilidades emocionales que carecen.
Estos jóvenes necesitan aprender
a identificar sus sentimientos y a aprender a calmarse o
a manejar sus relaciones, por otros medios que no sean las
utilización de las conductas patológicas y
gravemente riesgosas.
El cuerpo funciona cada vez más como
referencia absoluta. Muchas veces se convierte en escenario
de resolución fallida y dolorosa de una dependencia
que no puede ser metabolizada crítica y reflexivamente.
En general, hay dificultad en las familias
y en los adolescentes para encarar todos los cambios que
se suceden, así como encontrar recursos en las situaciones
críticas socioeconómicas.
Por otra parte, estos trastornos provocan
en las familias relaciones distorsionadas, originando enojos,
culpa, luchas de poder, nuevas alianzas, agravando la crisis.
Nuestro abordaje intenta un criterio de
funcionalidad, es decir, encontrar los caminos útiles
en la práctica cotidiana a fin de lograr los cambios
esperados; construir con el paciente y/o su familia un nuevo
marco que defina otro sentido, apuntando a disminuir las
situaciones cognitivas de conflicto con respecto a sí
mismo y los demás; aumento de la autoestima; y abordaje
de las dificultades propias de la edad evolutiva.
El eje del tratamiento en algunos casos
de larga evolución es la restricción del cambio,
porque a veces algunos síntomas están tanto
tiempo instaurados que sin ese síntoma, la estructura
mayor, es decir la familia, se resiente. Es necesario pensar
en la función del síntoma, a fin de no desestructurar
totalmente el sistema y lograr cambios sostenibles, haciendo
seguimiento se reduce la probabilidad que aparezcan otros
síntomas a cambio.
Existe la causalidad lineal (historia) y
la circular (cómo se mantiene hoy, es decir qué
cosas pasan hoy para que se refuerce el problema y lo perpetúe).
Desde estos ejes, definimos las estrategias, teniendo en
cuenta la sintomatología que origina el pedido de
ayuda: dificultades graves y serias en el estudio; mentiras,
ocultamientos y desinterés generalizado; ausencia
de responsabilidades hasta de carácter mínimo,
etc.
Además, incluímos a todos
los que participan directa o indirectamente, intentando
recrear y reforzar las redes sociales fuera del ámbito
familiar.
En este camino, hemos tenido que aceptar
que es la familia la que decide si realmente está
dispuesta a trabajar para modificar aquello que produce
dolor, o no se compromete y mantiene el circuito de la relación
patológica, es decir, debimos trabajar con nosotros
mismos como equipo para aceptar también los fracasos
y crecer como grupo terapeútico. En general, estas
familias vienen de una larga historia de tratamientos, la
mayoría interrumpidos abruptamente.
Es difícil hacer prevención
en esta área, uno nunca sabe si esta haciendo prevención
o contribuyendo a dar información y estimulando a
la curiosidad. Existen experiencias evaluadas que muestran
que en los lugares donde se ha hecho prevención hacia
las drogas, el consumo se incrementó.
En este proceso nos preguntamos continuamente
sobre la influencia del vacío social, que no permite
encontrar nuevos proyectos, cómo influyen en los
jóvenes la caída del sistema de ideales de
los propios padres en la transmisión y constitución
de los valores de los hijos.
Pensamos que la prevención más
exitosa se encuentra en la comunicación afectiva,
interiorizar el amor como un placer compartido, donde lo
importante es la realización como personas, en contraposición
a la del permanente sacrificio, valorando los esfuerzos
antes que los resultados, llegar a estar satisfechos con
nosostros mismos, más que cumplir con las expectativas
de los otros. Entender las actividades físicas y
deportivas como placer del cuerpo, no como récord
y competencia. Intentar procesar los valores de solidaridad
y afecto en un espacio social donde lo no auténtico
y el vacío de reflexión es ponderado.
Cuando comprendamos todo esto, aprenderemos
a gozar de lo que tenemos a mano, nuestra preciosa vida,
nuestra intimidad, y dejaremos de tener "prohibido
perder el tiempo", para pasar a ser dueños de
nuestro ser persona, tener un lugar en el mundo, participando
con los diferentes aportes que cada uno de nosotros puede
brindar desde sus singulares aptitudes.
La Libertad de
ejerce, no se conquista
Bibliografía:
MINUCHIN,S. y NICHOLS, M.: “La recuperación
de la familia”- Paidós-’94
GOLEMAN, D.: “La inteligencia Emocional”-
J.Vergara Editor S.A.- ‘97
MAGNETTO, R. Publicación: “Fin
de Milenio”- Gaceta Psicológica- Adolescencia-
Nº 97 Julio’ 94-
HERSCOVICI, C.- “La Esclavitud de
las dietas”- Paidós- ‘95
CRISPO,R.; FIGUEROA,E.; GUELAR,D.: “
Anorexia- Bulimia: lo que hay que saber” Gedisa- 1996
C.A.F.- Publicación ‘97- Nº
1- : “ Conductas de Riesgo y Adolescencia” Paraná-
1997
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