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¿Ud. que haría
en educación?
Claro que tendría algo para proponer
pero no me harían caso. (Vd. que suele ser tan crítico,
¿qué propondría hoy en educación?
había preguntado Helba al viejo profesor de Política
Educacional.)
Yo me jugaría (se animó el
viejo profesor) por tres medidas coyunturales. A ser tomadas
como tales. Porque estoy partiendo de la existencia de un
propósito de transformación y de un intento
de nueva estructura del sistema educativo. Lo que propongo
son medidas para este momento. La transformación
seguirá su curso, sus tiempos, sus propios caminos.
Imaginaría una ley de tres artículos
o una decisión política con tres medidas:
1 Todo docente, por un trabajo en la escuela
de 7/8 horas diarias, debe recibir un sueldo que no baje
de los mil pesos.
2 El curriculum a adoptar para la EGB 3
y la Educación Polimodal –que es lo nuevo de
la estructura- habrá de ser el del Colegio Nacional
de Buenos Aires.
3 Crear la Universidad Pedagógica
Nacional para formar los docentes que enseñen ese
curriculum.
1 ¿De dónde sale la plata?
(Luego de un breve silencio de sorpresa se
oyeron varias voces: su propuesta suena o muy drástica
o muy simplista o muy fantasiosa o decididamente mágica.
No parece tener en cuenta la realidad. ¿Vd. cree
en serio que así con tres cositas se arregla, se
encarrila, se mejora algo tan complejo como un sistema educativo?
requirieron a dúo Claudia y Francisco. Eran francamente
inevitables y claramente previsibles las objeciones a la
propuesta del viejo profesor: ¿De dónde saca
la plata? fue obviamente la primera. El profesor escuchaba
tranquilo y respondió pausadamente: )
Del mismo lugar de donde la sacó
Sarmiento y cuantos le sucedieron. De las vacas y del trigo,
entonces; de la riqueza generada por los trabajos productivos,
ahora. (Y como quien tiene algo fuerte para señalar
dijo): Si quieren tener un país en serio hay que
gastar en educación. Y no me meto en la escaramuza
de palabras que simula plantear bien el problema si distingue
entre gastar, invertir, financiar, etc. Hay que destinar
dinero a educación sin necesidad de justificaciones
periódicas. El convencimiento de la razón
es básico y el compromiso de la voluntad ha de ser
duradero. No se trata de que todos los años sea el
lugar común de marzo para luego quedar en palabras.
Quiero recordar que las alumnas de las Escuelas Normales
de hace más de cien años tenían becas
de 20 y 30 pesos de aquellos tiempos. Lo que no era desdeñable,
cuando hemos visto en los libros de recibos de sueldos que
un portero de la misma escuela cobraba mensualmente 30 o
40 pesos. Fíjense que se les pagaba para que se convirtieran
en maestras. Y que luego, al egresar, tenían abierta
la posibilidad de empleo que quería y sostenía
el gobierno o sea el país. (Se detuvo porque sabía
que vendrían más objeciones. Efectivamente
Ricardo preguntó por qué elegía el
Colegio Nacional de Buenos Aires, ya que parecía
simplemente una arbitrariedad, ¿por qué ese
y no otro?)
2. ¿Cuál curriculum?
Es el único, en estos momentos, o
casi el único –si quiero ser prudente- pero
sin duda el más notable ejemplo de curriculum real,
comprobado, verificado, no teórico, que efectivamente
forma bien, del que podemos ver sus resultados. Sus egresados
son reconocidos como los mejores del país casi sin
discusión. Y si son los mejores por qué no
tomarlos como modelo. Un curriculum no puede imponerse simplemente
porque lo dibujen técnicos y didactólogos
por más buena voluntad o mayor poder de convicción
que tengan. Siempre -y es una norma- un curriculum debe
ser “probado”, ensayado en la práctica
para comprobar si enseña y para verificar qué
permite formar. A tal fin en el proyecto sarmientino de
las Escuelas Normales existía un Departamento de
Aplicación que era –como todos saben- una escuela
primaria en la que se sometía a prueba la validez
del curriculum, la posibilidad de aprendizaje de los contenidos,
la metodología de enseñanza y la efectiva
formación del sujeto deseado.
(Pero Vd. siempre repite que un sistema
educativo se corresponde con y forma para un Proyecto de
País. Entonces ¿para qué P.P. formaría
ese curriculum que propone? ¿Para ser dirigentes
del siglo XIX? La objeción parecía fuerte.
Sin embargo el viejo profesor no demoró mucho en
decir lo suyo):
Sí, siempre, siempre el curriculum
escolar no sólo forma para sino que es el Proyecto
de País. No lo digo yo como una postulación
intelectual. Es comprobable. ¿Se imaginan Vds. una
superpotencia que no forme a sus ciudadanos para seguir
siendo superpotencia? Eso es así, nos guste o no.
Es cierto que con una modalidad curricular parecida a la
de hoy se formaron en ese Colegio Nacional los más
notables dirigentes del país, según pretendió
Mitre. Hoy ya no es el mismo curriculum. Ha tenido modificaciones
que evidentemente no lo han empeorado porque siguió
ofreciendo los mejores egresados. Y conste que yo no lo
soy de ese Colegio (puntualizó el viejo profesor)
sino de la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta que
también tuvo un tiempo de gloria y esplendor.
Permítanme agregar lo siguiente,
ahora desde otro ángulo. Hasta que no tengamos un
claro y aceptado P.P. postulo que se preserve la calidad
humana de la población. (¿Qué quiere
decir con eso? ¿No es otra simplificación
o alguna vaguedad que suena bien pero que no dice nada?
inquirió Helba con un dejo de agresividad).
A modo de ejemplo pensemos en Cuba. La educación
ha elevado la calidad humana de toda la población
y ha generado un pueblo no sólo de evidente riqueza
educativa, sino dotado de una potente dignidad moral capaz
de sostener firmemente los valores con los que se compromete,
aún más allá de los dirigentes. En
nuestro caso con “preservar la calidad humana”
quiero decir que busco que la educación prepare a
quienes reconozcan la necesidad de un P.P. y tengan la capacidad
y voluntad de formular uno y de comprometerse en su realización.
Dicho de otro modo quiero o querría que TODOS fueran
formados con rasgo de dirigentes. Y me ilusiona imaginar
personas cuya calidad esté sostenida en los valores
fundamentales de Vida, Paz, Libertad, Solidaridad y Justicia.
En lugar de la caterva de arribistas, tránsfugas,
advenedizos, trepadores, descomprometidos, con que frecuentemente
nos topamos (se indignaba el viejo profesor).
3. ¿Cómo formar a los
docentes?
(Alguno del grupo hizo notar: suena como
un lindo sueño, pero no parece muy viable. Por otra
parte, en el caso cubano hay un claro proyecto de país.
¿Pero de dónde va a sacar a quienes los han
de formar con esas características tan singulares?
Me dio la impresión de que el viejo profesor esperaba
la pregunta):
Para eso necesito el tercer componente.
Clave es la formación del docente para ese tramo
novedoso del sistema educativo que se está proponiendo:
el tramo EGB 3 + Polimodal. Por ello insisto en la creación
de la Universidad Pedagógica. El país necesita
el equivalente o análogo de lo que fue la Escuela
Normal del Paraná, cuya fundación –dentro
de su proyecto educativo- fue la primera acción de
Sarmiento en 1869-70. Y cuya creación resultó
un éxito. Necesitamos formar un profesor mediante
una acción concentrada y específica; más
que andar sembrando el país con supuestos cursos
de reconversión que no cambian a nadie, según
oigo decir (tal vez exageraba el profesor para reforzar
su propuesta).
(Y llegó la última pregunta
que ya no era una objeción. ¿Qué resultados
concretos espera que den esas medidas que Vd. mismo considera
sólo coyunturales?) Daría al país al
menos personas cultas, sensibles a valores, posibles dirigentes
responsables y comprometidos con la solución de los
problemas del país y de América Latina.
Sí, tal vez sea un sueño,
los sueños de un viejo profesor pero quizá
también haya algún ministro o responsable
de la educación que se largue a intentarlo. Todo
lo posible se realiza, afirmaba Teilhard de Chardin.
Escrito en: Bs. As. Marzo de
1998
Recuadro:
“El modelo de educación plural
que se defiende requiere, sin duda, mayor preparación
y dedicación del profesorado y mayor inversión
pública en educación. Obviamente, es un modelo
pedagógicamente más complejo y su éxito
no puede evaluarse aplicando sólo criterios de evaluación
de productos y/o económicos. Su correcta evaluación
está relacionada con los indicadores de progreso
y bienestar social que sociedades como las nuestras procuran,
y que hacen referencia, además de los de carácter
económico, a los de convivencia democrática,
tolerancia, felicidad, libertad, solidaridad, justicia,
y, en definitiva, al acceso equitativo al bienestar individual
y colectivo.” (Documento usado como base para
la Declaración de Mérida, 25 sept. 1997)
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