De la radio a la computadora
Mejor que aprender a manejar la computadora
es aprender a construirla, hubiera dicho sin hesitar el
profesor Eduardo V. Szelagowski. (Parecía una conclusión
o acaso fuera un súbito recuerdo; lo cierto es que
así comenzó el viejo profesor su semanal Seminario
de Política Educacional. La mención no parecía
muy pertinente para la habitual temática del Seminario
por lo que en seguida fue asediado: ¿A qué
viene esa reflexión? ¿Conclusión de
qué es? ¿Quién fue el profesor Szelagowski?
demandó Jorge).
Voy a contarles una historia, poco
conocida, (hurgaba en sus recuerdos), que sucedió
en La Plata el año 1924. Alguna vez nos hemos referido
en este Seminario a la experiencia de la Escuela Intermedia,
proyecto conducido por Carlos Saavedra Lamas, Ministro de
Instrucción Pública, -denominación
ésta más adecuada y menos pretenciosa que
la de Ministro de Educación (observó). Lo
emprendió teniendo por subsecretario a Horacio C.
Rivarola y con el apoyo y soporte teórico de Víctor
Mercante, quien -al respecto les recuerdo- (digredió)
plantea los fundamentos en su libro La crisis de la pubertad
y sus consecuencias pedagógicas [Buenos Aires, Cabaut
y Cía. Editores, 438 pág. 1918], libro que
por otra parte no se consigue ni tampoco lee ni estudia
nadie, mientras se pierde tiempo (no podía el profesor
evitar su conocida tendencia a la crítica y aprovechaba
cualquier ocasión para ello) en apariencia investigando,
aunque más precisamente repitiendo, autores posmodernos
(no se veía por qué los elegía como
blanco) que mal pueden ayudar a resolver los problemas argentinos
o difundiendo teorías y personajes a los que la fama,
que es puro cuento según dice el tango, les otorga
su cuarto de hora para desvanecerse una década después,
y mejor no sigo (se daba cuenta) porque me estoy alejando...
1. La historia, por fin
Vuelvo. La Escuela Intermedia no buscaba
formar trabajadores ni preparar mano de obra, sino utilizar
el poder educador del trabajo. Esto era novedoso. Ténganlo
presente. La experiencia que recuerdo se hallaba en el espíritu
de la Escuela Intermedia, aunque ésta ya había
sido eliminada; como Vds. saben apenas duró un año,
1916. Así de constantes somos los argentinos. (El
preámbulo y las digresiones están muy interesantes,
con afable ironía comentaba Ricardo, pero en concreto
¿cuál fue el hecho que piensa contar?).
Prosigo. En 1924, una veintena, -los
años no dejan ver la cifra exacta- de alumnos del
6º grado de la Escuela Graduada Anexa, dependiente de la
Universidad Nacional de La Plata, se propusieron, bajo la
estimulación y conducción del profesor E.V.S.
construir o armar, cada uno, un aparato de radio o, como
se decía entonces, un "receptor de radiotelefonía".
La radio hacía su aparición en el país
alrededor del año 20 y por la fecha de la experiencia
había dos emisoras en Buenos Aires y una en Montevideo.
Mi recuerdo personal de la radio el más antiguo (agregó
por su cuenta) se remonta a mediados de la década
de 1930 cuando estando enfermo me trajeron para distraerme
y como curiosidad una radio a galena y sus auriculares.
(El profesor abundaba hoy en digresiones).
A la Escuela Graduada Anexa, creada
en 1907, se le había asignado un efectivo y no simplemente
declamado carácter "experimental" y a tal
fin estaba "anexa" a la Facultad de Ciencias de
la Educación. Esta última fue reorganizada
en 1914 por V. Mercante quien fuera su decano hasta 1920
y acudía regularmente a la Escuela Graduada a efectuar
sus famosas mediciones de tinte positivista.
La propuesta no consistía en
familiarizarse y manejar el aparatito sino en construirlo,
hacerlo. (¿Y en verdad los hicieron? se interesó
Claudia. Pero para hacerlos ¿no tenían que
saber de telefonía y de electricidad?). Lo que tenían
que aprender lo aprendieron (aclaró el profesor y
subrayó: ) haciéndolo. No es suficiente manejar
un aparato. Demasiadas cosas dependen hoy de un botón
(ahora predicaba) del que generalmente no se sabe qué
se encuentra detrás ni por qué ocurre lo que
ocurre. Los chicos podían manejar el artefacto comprendiendo
los procesos. Aprendieron lo que se requería de carpintería
y ebanistería ya que tuvieron que elegir la madera
-fue cedro- y trabajarla para construir la caja del receptor,
aprendieron de mecánica y estampado de metales, de
electricidad, de construcción de bobinas, de circuitos
y de soldaduras. Pero también aprendieron a trabajar
en conjunto, a respetar el pensamiento ajeno y enriquecer
el propio, a cooperar, a compartir gastos, a prestarse ayuda,
a investigar, a pensar, a resolver problemas, a inventar
instrumentos y descubrir procedimientos.
Bueno Vds. pueden imaginar y deducir
todo el camino que tenían que recorrer estos chicos
de 12 años a cuatro de la introducción de
la radio en el país. 1924, año en que Carlos
Gardel, siempre a la vanguardia en innovaciones, acompañado
por F. Canaro y O. Fresedo debuta por Radio Splendid, inaugurada
ese mismo año en la calle Santa Fe al 1800. (Era
conveniente una pausa y la hizo para luego preguntar directamente:)
¿Cuál es el equivalente
o análogo actual, pregunto, de aquel "receptor
de radiotelefonía"? (Se adelantó Francisco
cuestionando: Vd. no puede con su genio. Siempre fantasioso
e irrealista. Existe demasiada diferencia entre una radio
y una computadora. El profesor por el momento sólo
dijo:) Toca a Vds. verificar las diferencias. Y termino
la historia. Los aparatos se armaron en el Aula-Taller que
había sido construida desde sus cimientos por los
sextos grados de años anteriores, dentro de un proyecto
similar. Cada uno de los receptores tuvo un costo de construcción
de $ 11.20, aunque solamente se compró aquello que
no se pudo fabricar en el Aula-Taller. Miren las fotos.
(Y mostró una publicación con el título:
Tres ensayos pedagógicos en la Universidad Nueva,
La Plata, 1965, 130 pág.). Vean. Los alumnos aplicados
a montar, ajustar, bobinar. En conclusión hicieron
las radios que efectivamente funcionaron, y por varios años,
según recordaron sus protagonistas. Pero hay más,
la experiencia significó una gran confianza y respeto
por los chicos y sus posibilidades. Porque no es que un
superdotado construyera una radio sino que cada uno de los
chicos de un sexto grado común lo hizo.
2. ¿Es pedir mucho?
¿No les parece pensable o posible
que los alumnos de la EGB hoy tendrían que hacer
el equivalente: armar, construir una computadora? ¿O
estoy pidiendo mucho?
Atención (se anticipó)
el profesor Szelagowski no creía que la radio iba
a revolucionar o salvar al mundo o que fuera la maravilla
del siglo, como yo no creo (insertó lo suyo el profesor)
que tampoco lo vaya a ser la computadora. No se le ocurría
pensar que el futuro de la humanidad ni de la Argentina
dependiera de la radio, ni pregonaba que saber hacerla debía
ser el eje central e imprescindible de la educación
al modo como hoy se postula que lo son la computación
y el inglés. Ni que el desconocerlo convirtiera a
los demás en analfabetos tecnológicos. Ni
que el futuro profesional de esos chicos estuviera en la
fabricación de radios o en convertirse en Licenciados
en Radiotelefonía. (Vd. es francamente contradictorio,
hizo notar Helba, siente rechazo por la computadora y a
la vez propone que la estudien y construyan.)
Hoy se repite hasta el cansancio que
la computación y el inglés son las armas para
"asegurar el futuro" a los estudiantes. Me causa
pena. Como si lo verdaderamente importante para ahora y
para el futuro no fueran la vida, los derechos humanos,
la paz, la justicia, la solidaridad o donación al
otro, la armonía y respeto a toda la naturaleza.
Los intereses económicos se empeñan en hacernos
creer que la tecnología viene a realizar esos valores,
mientras los está destrozando. Lo que se valoraba
en aquella experiencia era la creatividad, el descubrimiento,
no la tecnología ni el aparato de por sí.
(El profesor diferenciaba así su analogía.
Iba a concluir).
EVS, egresado de la Universidad Nacional
de La Plata, fue profesor en la Escuela Graduada Anexa desde
1910 a 1943. Otra vez nos detendremos en su trayectoria
como educador innovador. Hoy baste haber recordado esta
historia que nos desafía. 1924. Un breve dato final:
EVS perteneció a la redacción del diario "El
Día" e inició en 1908 la sección
Deportes Juveniles por la época en que también
integraba la redacción el autor de "El inglés
de los güesos", Benito Lynch.
Buenos Aires, agosto
de 2000.
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