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I. Eutopía:
Argentina con Proyecto
(Crónica
anticipada)
Estamos en el año 2036. En la
Argentina.
El espacio territorial es el mismo
pero, qué diferente es este país y región
de lo que era en 1987. Década del 80 dramática,
dolorosa; la década atroz se llamó
a los años 1974-1983. Pero a la postre la dolorosa
década del 80 pudo convertirse en fructífera.
Frente a un país que se destruía y deshacía
día a día los argentinos reaccionaron elaborando
un proyecto de país que fuera no sólo respuesta
a sus necesidades del presente sino que dibujara el contorno
de un nuevo futuro: el de la integración con América
Latina.
La Argentina integra hoy articulada
y concientemente una realidad institucional mayor denominada
Naciones Unidas de la América del Sur
conformada por el Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú
y Chile. Decisión que fue acordada por 1990 y ejecutada
pausada pero firmemente en los años sucesivos tomando
como antecedente aunque no en imitación ciega
la experiencia de la Comunidad Europea, anteriores
ensayos de los países árabes y aún
la unificación de repúblicas en la Unión
Soviética, aunque el procedimiento fuera en este
último caso compulsivo.
La guerra de las Malvinas que ocurrió
como siempre se recuerda en esa región
en abril julio de 1982 había sido una clara
advertencia de que los intereses coloniales reaparecían
descaradamente en el mundo y que el tradicional partner:
los EE.UU., no resultaba ya confiable, como no lo podía
ser tampoco el otro imperio. Los imperios tienen intereses
y no amigos. Habían aprendido que cuando un imperio
proclama la paz trae guerra, cuando exalta la solidaridad
esconde ataque, cuando reclama adhesión trama entrega
y cuando ofrece amistad distribuye hipocresía. Los
argentinos, junto con los latinoamericanos aunque
éstos últimos lo captaron primero- descubrieron
o se convencieron de que ellos no tenían nada que
ver con los regímenes o sistemas norteamericano o
soviético, aunque sí con sus dos pueblos;
y descubrieron que esos pueblos eran también explotados
por sus sistemas imperiales. Aunque algunos obtenían
relativos beneficios, el resto eran simplemente víctimas.
Las Malvinas fueron el toque de atención
de que los colonialistas buscaban las materias primas y
los alimentos a cualquier costa, como lo dijera ya en 1953
una figura tradicional en esa región, Perón
y resolvieron unirse. Muchos otros, primeras potencias,
países estaban acudiendo a la Argentina pensando
que el país había levantado la bandera de
remate y dispuestos a obtener una buena porción en
esa desintegración.
Entre 1990 y el 2010 llegaron a la
Argentina unos seis millones de inmigrantes latinoamericanos,
a un promedio de un millón de cada país vecino.
Los peruanos, bolivianos y chilenos del Norte se instalaron
en las provincias del noroeste, llamada la Argentina mineral,
donde mediante su propio esfuerzo y trabajo construyeron
la actual y pujante ciudad de Andina, suerte de capital
económica de la región, más otras ciudades
que dieron acogida a los más de tres millones de
nuevos habitantes.
La Argentina, por aquel tiempo, hacia
el final del siglo XX y con el fin de integrarse de verdad,
decidió ocupar y hacerse cargo de su propio territorio;
ese territorio que debido a proyectos políticos anteriores
había ignorado y pasado por alto. Se hizo cargo de
su mar, de su cordillera, de su Patagonia, de sus selvas,
de sus ríos, de su puna. Su forma de ocupación
consistió inicialmente en la construcción
de tres ciudades de inmigración, tarea que emprendió
hacia mediados de la década del 90. Una en Jujuy
la ya citada Andina- que permitía la integración
con Bolivia, Chile y Perú. Otra en Misiones, para
hacer lo mismo con Brasil, Paraguay y Uruguay. Otra en Tierra
del Fuego para la integración patagónica con
Chile y para la ocupación efectiva de los océanos,
las islas y la Antártida. Un lema entonces: uno
se integra donde se encuentra con el otro para unirse.
Desde Buenos Aires, a dos mil kilómetros de distancia,
no había integración posible como no fuera
de papeles y documentos formales 1.
Dentro de ese emprendimiento, tres
millones de pobladores, provenientes de Paraguay, Brasil
y Uruguay, se asentaron en el noreste vegetal y fluvial;
no se excluyó su posibilidad de radicación
en la región pampeana y patagónica. Naturalmente,
se establecieron con derechos garantizados por la Constitución
en la zona patagónica donde fundaron y construyeron
las actuales Chilecito del Sur, Nueva Concepción
y Valparaíso de los Lagos. En ese rico juego de aperturas,
muchos africanos llegaron vía Brasil a asentarse
en la Mesopotamia. La región pampeana resultó
atractiva para la afluencia de europeos que encontraron
semejanzas geográficas y culturales con sus países,
lo que explica por qué esa región geográfica
fue la privilegiada por el P.80 que europeizó a la
Argentina en el siglo XIX.
Igualmente a la región patagónica
afluyeron contingentes desde el Este asiático en
busca del mar y sus productos, y munidos de sus desarrollos
tecnológicos, lo que dio la fisonomía actual
de área tecnológica avanzada a
esa región.
El país trasladó los
centros de gravedad a los vértices de su triángulo
espacial, se estructuró flexiblemente en cuatro regiones
autónomas, donde cada una contó con una capital
política (actualmente Salta, Posadas, Buenos Aires
y Comodoro Rivadavia) y cuatro capitales o ciudades
de integración, como la mencionada Andina más
Misionera, y Atlántida en los vértices del
triángulo.
¿Por qué vinieron esos
inmigrantes cuyos hijos hoy empiezan a constituir una primera
generación profesional y hasta política?
Vinieron atraídos por un llamado
(todo proyecto es un llamado, es convocante)
que fue respuesta a sus reales necesidades. Sus problemas
de trabajo, de salud, vivienda, cultura, comunicación
y educación encontraron la posibilidad de resolverse
en un país que luego de su reforma del agro
y de los recursos naturales los compartió y
se abrió generosamente a sus hermanos. La mayoría
de los argentinos estaban entonces padeciendo los mismos
problemas debido a la monstruosa deuda externa que generara
una dictadura militar que ocupó el poder en 1976.
Con la idea de que uno no se salva
solo, se aseguró a los que vinieron el acceso a los
recursos naturales (tierra, minerales, vegetales, bosques,
ríos, pesca, mar). La Argentina se convenció
y decidió que no podía tener esa enorme riqueza
potencial sin uso frente a la miseria de los sectores populares
de A. Latina, y que la solución de los problemas
debía venir de la acción de esos mismos sectores
populares protagonizando el cambio. Sólo la construcción
de las tres grandes ciudades de integración
(que se convirtieron en capitales económicas de tres
regiones) y que se pagaron a sí mismas, resultó
un poderoso motor de desarrollo y transformación.
Las financió y las concretó el trabajo de
la gente, como siempre ha sido.
El país cuenta hoy con 80 millones
de habitantes, debido a la acción de la Secretaría
de Inmigración, que es parte del Ministerio de Integración
Latinoamericana, creado en el año 1992 y que ha contado
con las figuras políticas más relevantes en
lo que va de este siglo.
En 1983 concluyó una etapa
de medio siglo de inestabilidad política y de golpes
militares. También las FF.AA. habían encontrado
su rol: el de agentes de integración y de preservadores
de la paz en la región. Trasladaron sus unidades
a las zonas fronterizas no para enfrentar supuestos enemigos
sino para operar como integradores. Las hipótesis
de guerra se cambiaron por hipótesis de paz (cómo
preservar, mantener e incrementar ese valor central de la
paz, junto a los de la vida, no violencia, justicia, la
austeridad y el respeto a la naturaleza). Audazmente la
Escuela de Defensa Nacional se transformó en Escuela
de Integración Latinoamericana (aceptando cursantes
de los diversos países), y la Escuela Superior de
Guerra
en Escuela Superior de Paz . Las tres
armas que existían en 1980 se integraron en una sola
en 1995, y actualmente se encuentran fusionadas en lo que
se denomina el ejército continental con
tareas de integración impensables en aquel tiempo
cuando su único rol parecía ser el empleo
de las armas y el ejercicio de la violencia.
De manera concertada con sus vecinos,
gracias en gran medida a la fusión poblacional, y
superando anacrónicos e irritantes enfrentamientos
con Chile por territorios del sur, y con el Brasil, la Argentina
emprendió conjuntamente las tareas de producción
de materias primas y de alimentos para, en primer lugar,
las necesidades de América Latina y sus casi 800
millones de habitantes, y luego para el resto del mundo,
en particular Asia y África. Las empresas continentales
o latinoamericanas reemplazaron a las empresas
multinacionales.
En tanto Unión de Países
enfrentaron adecuada y potentemente a los imperios. Lo habían
descubierto cuando se unieron a comienzos de la década
del 90 para afrontar el no pago de una deuda externa monstruosa,
esclavizante e imposible ya de sostener. Consiguieron redimensionarla
aceptando solo la parte legítima, con eliminación
o anulación de los intereses estrictamente usuarios,
con condonaciones negociadas y compensadas por otros beneficios,
y con prórrogas. El imperio y sus socios accedieron
porque en verdad ellos mismos habían inflado la deuda
e incluso habían prestado dienro que no tenían
ni en verdad existía. También el acreedor
había quedado al descubierto. Hubo que acordar. Fue
una experiencia de la fuerza de la unión. Todo
lo que uniera, fue el lema. Unir fue ganar.
La mayor exportación de la
Argentina por aquel tiempo fue la del dinero, en el pago
de su deuda. Aplicado ese dinero hacia sus propias necesidades
y las de su socio, el panorama cambió en la dimensión
que es visible.
Desde el año 1990 en que se
aprobó la nueva Constitución que hoy rige,
muchas cosas cambiaron. La enorme afluencia de latinoamericanos
apiñados en las nuevas ciudades (con todos los inconvenientes
derivados de ese esencial amontonamiento) fue un modo real
de latinoamericanizición; fueron ciudades más
latinoamericanas que argentinas, según se entendía.
Universidades latinoamericanas con títulos válidos
en toda la región. Nacionalidad compartida. Transportes
y comunicaciones integradas. Diarios regionales.
En el año 1987 todavía
se vivían las secuelas de la derrota militar en las
Malvinas, como se recordó: Una monstruosa deuda externa
superaba entonces los cincuenta mil millones de dólares
y privaba anualmente a la Argentina de cinco mil millones
de dólares (del 50% al 80% de lo que se producía).
Una indecisión y no resolución respecto a
las violaciones de los derechos humanos que algunos sectores
de las FF.AA. junto con civiles habían cometido durante
la dictadura de 1976 y que se oponían a ser sancionados.
Los problemas existentes, enfrentados, fueron el camino
de transformación a través de la solución
conforme a valores.
La nueva constitución tuvo
y tiene como base garantizar los derechos humanos y exigió
que los culpables fueran juzgados y condenados. Ante tal
determinación hubo quienes fugaron al exterior, pero
la mayoría fue juzgada. Muchos se arrepintieron sinceramente
aceptando su responsabilidad y culpa, y hubo quienes en
acto que los enalteció pidieron público perdón,
en genuina contricción, a las Madres de Plaza de
Mayo, se reconciliaron e incorporaron a la sociedad. A su
vez las FF.AA. orientadas hacia el nuevo papel- que antes
se señaló de integración, adoptaron
precauciones que no originaran las condiciones que hicieron
posible el genocidio como se lo denominó
contra su propio pueblo.
El pueblo decidió, unido a
los otros pueblos de L.A., pagar únicamente la parte
genuina o legítima de la deuda y no pagar los intereses
(por cuanto estos ya excedían la deuda originaria).
En 10 años la Argentina pagó el capital de
la deuda eliminados sus ribetes usuarios. Costó fuertes
sacrificios, demandó auténticos esfuerzos
, pero la deuda imperial era el mayor factor de dominación
y de dependencia. Y los pueblos se habían integrado
para liberarse y realizar su propia identidad y su común
proyecto.
Gran número de los exiliados
de la década del 70 retornaron aportando sus diferentes
experiencias, sus capacitaciones específicas, y en
particular su habilidad para la articulación con
las diferencias ajenas.
En la actualidad las relaciones con
las Islas Malvinas son de vínculos normales. Los
habitantes de las islas gozan de un estatuto especial, de
doble nacionalidad que les permite ingresar libremente al
territorio tanto argentino como al de la integración
latinoamericana. Hacia 1998 hubo un lema o consigna. importan
más los malvinenses que el territorio de las islas
que cambió todo el enfoque. Los argentinos efectúan
turismo en las islas que de hecho están integradas
social y económicamente a la propuesta marítima
de la Patagonia.
Un ferrocarril integrador patagónico
recorre desde hace más de dos décadas, por
el centro de la Patagonia, desde Neuquén hasta Río
Gallegos dos mil kilómetros, en siete horas y ha
permitido el surgimiento de una veintena de ciudades medianas,
entre ellas las actuales Tokio y la Fortaleza.
Visto de hoy, 2036, resulta digno
de notarse que lo que entonces parecía negativo y
posiblemente lo era (como los vacunos que constituían
una plaga antes del P. 80) se convirtió, cambiado
el proyecto, en factor de transformación positiva.
Muchos argentinos y muchos inmigrantes se vieron en los
primeros tiempos empujados hacia el cuentapropismo y debido
al cambio en el acceso a los recursos naturales se convirtieron
en la base de un empresariado unipersonal, antepasado de
las actuales empresas regionales que junto con
las empresas cooperativas garantizan las necesidades básicas
de la población. A ello se debe el que existan tantos
apellidos de origen notoriamente boliviano y peruano en
muchas empresas actuales.
Los hijos de aquella inmigración
hoy se forman como argentinos-continentales
en un sistema educativo diseñado para la integración.
Fue motivo de ásperas discusiones entre los expertos
el que se substituyera el inglés por el portugués,
y la incorporación, según las regiones, del
quechua y el guaraní y las tecnologías apropiadas
de esas culturas a la educación básica. similarmente
se hizo con el tehuelche y el galés en zonas de la
Patagonia. Cada región administra su propio sistema
de universidad a distancia donde se ha destacado, por su
demanda, la Licenciatura en Integración e Identidad
Latinoamericana. Existen múltiples y reconocidas
formas no escolares de aprendizaje universitario al que
se accede luego de una educación básica obligatoria
que todos completan desde la sanción de la ley 40.420
(homenaje simbólico a una ley anterior de 1884).
1. Clave: Se integraron
las personas no los productos implica salir del excluyente
planteo economicista de acuerdos arancelarios y tarifas
aduaneras. >>>>>>> Subir
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