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La vieja y querida Escuela Normal

 

No se puede creer. Me dicen que se sienten totalmente abandonadas y que encima las amenazan con cerrarlas. (De tono entre apesadumbrado e irritado eran las palabras del viejo profesor de Política Educacional en su semanal reunión de Seminario. Y prosiguió:) Desde la famosa transferencia se encuentran a merced de lo que venga. Y yo lo siento en mi carne. Ah, mis viejas y queridas escuelas normales, que han sido y son historia. Historia apasionante brotada en Paraná, 1870, que, a mi entender, siempre tuvo un -casi astral- destino pedagógico. Y quiero recordar otros nombres: Tucumán (1872), Mendoza (1876), Catamarca (1878), San Juan (1879), Rosario (1879), Corrientes (1883), La Rioja (1884), Córdoba (1883), La Plata (1887), fundadas por las maestras norteamericanas, y tantas otras instituciones protagonistas ilustres del Normalismo.

Vean Vds. lo que significó la Escuela Normal (E.N.) para Sarmiento:

La Escuela Normal, es, pues, una institución conquistada ya para la educación pública, y que no puede omitirse dondequiera que se trate de organizar el sistema público de instrucción popular.

Esto lo escribía en 1849 en su libro La educación popular. Sarmiento tenía una justificada fe en esa institución. La realidad argentina le dio la razón. Les debe tanto el país. (Hablaba con la emoción de quien rememora un pasado que lo incluía como Maestro Normal Nacional, egresado hace muchos años de la Escuela Normal de Profesores N¨ 2 Mariano Acosta. Donde actuaron profesores de talla como Fermín Estrella Gutiérrez, José Carlos Astolfi, Alberto Fesquet, Arturo Marasso, Felipe Boero, Mariano Celaya, Vicente Fattone, Juan Mantovani, Héctor J. Médici, Pedro L. Comi, Cosme Lázaro, Bautista Aizcorbe, A. Guibourg y otros de similar valía).

Y también me alejo y pregunto: ¿Quién recuerda hoy las Escuelas Normales Populares? De las que sostiene el Prof. Berrutti, en una propuesta de 1912: "La fundación de escuelas normales sostenidas directamente por el pueblo, con el debido contralor de las autoridades escolares respectivas, es una necesidad sentida en nuestro país". Y más adelante leo: "A la escuela normal popular de Mercedes, que fue la primera de su tipo en la provincia, siguió la de Avellaneda; a ésta la de La Plata, y muchas otras después hasta el número de veinticinco, realizándose este esfuerzo colosal en poco más de seis meses". Esto lo encuentran en la página 216 y 217 del libro Educación de José J. Berrutti, publicado en Buenos Aires, en 1913. Y de paso recuerdo que el Prof. Angel C. Bassi fue director de la Escuela Normal Popular de Esquina. Fin de la digresión.

SE VAN LAS CASAS VIEJAS QUERIDAS

¿Cuál es el futuro, qué destino les aguarda a las E.N.?

"Y allá van sin rencor
como va al matadero la res
sin que nadie les diga un adiós"

(¿Qué es eso que está citando o recitando con expresión melancólica? preguntó Ricardo). No es la primera vez. Muchas otras cuando pienso en la desidia, el olvido, el abandono de aquello que hizo grande al país, se me pegan a los labios, en tenaz tarareo, los versos de "Casas viejas", tango de Canaro y Pelay en el que se registró la impotencia ante la lenta e irreparable desaparición de algo querido, que significó mucho en la historia personal, en este caso, de los porteños. Me resuena:

"Quien vivió en esas casas de ayer,
viejas casas que el tiempo bronceó,
patios viejos color de humedad
con leyendas de noches de amor"

Este tango, que integró la obra teatral "Rascacielo", se duele en la resignación ante lo inevitable.

"Se van se van las casas viejas queridas,
se van, se van han terminado sus vidas.
Llegó el motor y su roncar
ordena y hay que salir.
El tiempo cruel con su buril
carcome y hay que morir".

Y me pregunto si es inevitable, si a las E.N. les aguarda un destino semejante a aquellas casas queridas pero fatalmente demolidas. ¿Quién y dónde están preparando el cementerio de las E.N.? (conjuró con dolor). Por lo que se ve nadie formula una política para ellas. Se las está dejando desangrar y lentamente agonizar. Siento rabia e impotencia. Como si una sentencia implacable e inapelable hubiera caído sobre ellas. (La renovación, el cambio, la muerte son inevitables, tanto para las personas como para las instituciones, consoló Helba).

¿Quién se les compara? En cien años la E.N. de San Luis graduó 4400 maestros. Ya en 1926 la E.N. de Paraná había tenido 4414 alumnos en sus cursos. (Me da la impresión de que Vd. cree -intervino Francisco- que el Ministerio de Cultura y Educación más que descentralizar se las sacó de encima sin preocuparse por su destino). No puedo evitar la sensación de que hay una silenciosa condena y una monstruosa ingratitud. Y me duele. (Es raro en Vd. que exprese tal sensibilidad, cuando suele ser más bien un ácido crítico. De verdad me alegra verlo así de sensible, confesó sincero Ricardo. Y se acopló Francisco: No me animaba a decir eso mismo... No le conocía ese aspecto sensiblero. Y perdóneme, alguien diría, cursi).

OTRO FINAL

Déjenme que asocie lo que está ocurriendo aquí con historias que tuvieron otro final (nos pareció más tranquilo). De la E.N. de Oswego, en el estado de Nueva York, egresaron Clara J. Armstrong -que llegó al país en 1877- y también otras cuatro maestras llegadas en 1883. Pues bien Oswego en 1954 pasa a integrar SUNY o sea State University of New York. Y -fíjense- SUNY, según la fuente hoy más venerada: INTERNET (lo dijo con cierta malignidad), tiene actualmente 64 campus y 400.000 alumnos. ¡Qué distinto final! En EE.UU., nuestro modelo en la materia, no quedan ya Escuelas Normales; se transformaron en muchos casos, avanzando hacia lo lógico, al nivel académico más alto, la universidad.

El destino de las E.N. no tiene que ser la desaparición sino la transformación hacia arriba. Igualmente la E.N. de New Paltz N.Y., donde por 1901actuara Clara J. como directora de un proyecto de formación de 60 maestras cubanas, también hoy integra SUNY.(Pero ¿qué solución concreta propone Vd.? Porque con sólo el sentimiento y la sensibilidad no hacemos nada, exigió Francisco). Lo que diga un viejo sentimental cuenta poco. Lo sé. Pero igual lo voy a decir. (Me parece que Vd. ya dio a entender que el camino pareciera ser convertirse en universidad, concilió Francisco, deponiendo su tono anterior).

Por ahí anda la cosa. Primera alternativa, que se conviertan en Universidades Pedagógicas nacionales, como hoy existen en Colombia, Chile, México, Perú. Puede ser una transformación individual, por institución.

Segundo, que varias E.N. de una determinada región se agrupen y asocien constituyendo una nueva Universidad de base Pedagógica pero con mayor amplitud que ésta. Quizá alguna semejanza con la modalidad de la UTN.

Tercero, que se incorporen o integren a una Universidad Nacional ya existente como aconteció con Oswego en relación con SUNY.

Cuarto, que adopten la figura de Institutos Universitarios Pedagógicos tal como propone la Ley Federal de Educación en su artículo 24.

No crean que esta transformación o incorporación va a ser fácil. Y aquí traigo un ejemplo, precisamente de EEUU. cuando un instituto formador de maestros intentó ser parte de una universidad. Leo:

"Hacia el fin de la centuria, la educación como profesión comenzó a ser reconocida lo suficiente como para garantizar que se ofreciera formación a nivel de graduados. New York University estableció cursos de graduados en 1888. Igualmente el New York College for the Training of Teachers fue iniciado en 1888 bajo la presidencia de Nicholas Murray Butler; su nombre se transformó en 1892 en Teachers College. Cuando -presten atención- el Teachers College solicitó por primera vez al consejo de la Columbia University afiliarse a la universidad, se topó con esta respuesta: "la educación no existe como objeto [de estudio] y, peor aún, traería a la universidad mujeres, que no son deseadas".

Está en la página 494 del libro de R. Freeman Butts: A Cultural History of Education, New York, McGraw-Hill Book Co., 1947. Tal como Vds. oyeron hubo oposición a que una institución para la formación de maestros fuera parte de la Universidad y en particular a que ingresaran mujeres. En cuanto a lo primero hoy en la Argentina estamos igual se me ocurre aunque 100 años después. De todos modos justo es reconocer que en 1898 la Universidad de Columbia aceptó incluir al Teachers College. Y éste llegó a alcanzar renombre.

¿Cuál es el final para nuestras Escuelas Normales? ¿La agonía o la resurrección?

 

Escrito en Enero de 2000

 

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