|
Entrevista con Daniel Goleman
Las emociones son más
poderosas que la razón
por Nora Bär
El psicólogo norteamericano afirma
que la inteligencia emocional es el talento básico
para vivir feliz y triunfar Descartes sentenció "Pienso,
luego existo". El doctor Daniel Goleman, psicólogo
egresado de Harvard, probablemente cambiaría esa
fórmula por otra levemente diferente: "Siento,
luego existo". Es que este ex periodista de la sección
científica de The New York Times -cuyo primer libro,
"La inteligencia emocional", lleva vendidos más
de 4 millones de ejemplares en 29 idiomas- está convencido
de que las habilidades emocionales son prioritarias dentro
del conjunto de las aptitudes necesarias para la vida (incluso
más que la razón) y que son los talentos en
este poco explorado territorio de la mente los que nos ayudan
no sólo a proteger la salud y el bienestar psíquico,
sino también a tener éxito en la vida laboral.
Goleman está en Buenos Aires para
presentar en la Feria del Libro su nueva obra, "La
inteligencia emocional en la empresa" (Editorial Vergara),
un grueso volumen de casi 400 páginas que reúne
los resultados de dos años de investigación
en más de 500 empresas del mundo. Su conclusión
es rotunda: en el mundo del trabajo, el éxito depende
tan sólo en un 20% del cociente intelectual. Son
las habilidades emocionales las que hacen la diferencia.
-¿Cuáles son los talentos
emocionales?
-Son habilidades tales como la empatía,
ser capaz de motivarse y persistir en la búsqueda
de una meta a pesar de las frustraciones, controlar los
propios impulsos, regular el humor, comprender las relaciones
interpersonales... Se trata de un concepto nuevo que está
en proceso de definición.
-¿En qué investigaciones
científicas se basó para desarrollar sus teorías?
-En los últimos diez años
ha habido un gran entusiasmo por estos temas. Comenzó
a entenderse el funcionamiento de los centros emocionales
del cerebro y cómo trabajan en relación con
los centros cognitivos: los primeros son mucho más
antiguos evolutivamente y también mucho más
poderosos. Hoy se sabe que la aptitud emocional es algo
así como una metahabilidad, que determina cómo
podemos utilizar cualquier otro talento, incluido el intelecto.
-¿Se puede descubrir si una
persona tiene inteligencia emocional cuando se presenta
a una entrevista laboral?
-Esa es una situación particularmente
difícil, porque en esas circunstancias todos mostramos
nuestra mejor cara. Pero hay indicadores indirectos.
-Usted afirma que la inteligencia
emocional no es hereditaria y que puede desarrollarse. ¿Piensa
que podría enseñarse como la matemática,
por ejemplo?
-Bueno, precisamente no como la matemática.
Pero sí es cierto que puede desarrollarse. Es algo
así como enseñarle a un chico a andar en bicicleta.
Hay que conocer las propias fuerzas y debilidades. Hay personas
que son muy hábiles para motivarse, o para manejar
las emociones, pero no para relacionarse con otras personas.
Si uno puede ayudarlos a entender exactamente lo que les
ocurre, podrán mejorar.
-¿Podría hacerse en
la escuela?
-Claro, los buenos maestros lo hacen. Sería
interesante que la incluyeran dentro de la enseñanza
escolar y creo que sería muy positivo en la Argentina.
En los Estados Unidos hemos estado haciéndolo desde
hace varios años con muy buenos resultados. Se les
enseña a los chicos a saber qué sienten, a
manejar las propias emociones. Se establecieron programas
de entrenamiento para maestros de alrededor de dos semanas.
Por otro lado, todo lo que hace el maestro, su forma de
reaccionar, es una gran enseñanza emocional para
los chicos. En las escuelas donde se imparte este tipo de
enseñanza bajaron los índices de violencia
y de adicción a las drogas, y mejoró el desempeño
académico.
-¿Episodios como el ocurrido
esta semana en una escuela norteamericana o la violencia
urbana podrían explicarse por la falta de inteligencia
emocional?
-Cuando vemos gente con conductas agresivas
o violentas también comprobamos que tienen deficiencias
en aspectos particulares de la inteligencia emocional. No
son buenos para manejar su furia, y no tienen ninguna empatía,
pueden ser muy crueles y sádicos con los demás.
-Usted afirma que el cociente intelectual
y las habilidades técnicas tienen poca influencia
en el éxito profesional. ¿No es un poco descorazonador
para los jóvenes?
-Lo que digo no es que sólo la inteligencia
emocional importa, sino que también importa la inteligencia
emocional. El cociente intelectual juega un rol importante
en la elección del campo de trabajo. Pero una vez
que uno está en un área determinada, el cociente
intelectual no basta para predecir el éxito profesional.
Los datos obtenidos en 500 compañías muestran
que la inteligencia emocional es doblemente importante.
Este artículo fue
publicado el 23.04.1999 en el diario La Nación
|