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Bibliografía obligatoria
en el nivel superior
por Cintia Vanesa Días
"No tomes más las
cosas precedentes
de una segunda o tercera mano,
no mires a través de
los ojos de la muerte,
no te alimentes con los
espectros de los libros;
tampoco quiero que me mires
a través de mis ojos
ni que recibas las cosas de mi;
escucha las voces procedentes
de todos lados
y tamiza las que hasta tí lleguen"
Walt Whitman
La elección
de la bibliografía siempre guarda relación
con una postura epistemológica, con una concepción
del mundo determinada e implica un ejercicio del poder.
Por una parte la elección de la bibliografía
en el nivel de educación superior debería
tener como sentido orientar hacia la investigación
y la reflexión, antes que ser puramente didáctica.
El alumno universitario debe aprender, entre otras cosas,
a desprenderse de su rol pasivo e iniciarse en su futuro
profesional. A mi entender el aputar la bibliografía
desde lo obligatorio implica desconocer al alumno como generador
de sentido, como ser pensante: implica quitarle su derecho
y obligación de ejecutar actos responsables. Pautar
la bibliografía desde lo obligatorio e incluir "fichas
eruditas de los profesores" y decirle al alumno que
no tiene criterio o inteligencia para leer otro material,
es casi lo mismo.
Por otra parte , elegir una bibliografía
implica ignorar otra, de ahí que se pretenda una
propuesta bibliográfica orientativa -que no deja
de ser tendenciosa e incluso prescriptiva en varios casos-
antes que una imposición determinante. descontemos
que en la explicitación del contrato pedagógico
se pacte una lectura mínima común al frupo
de alumnos, los que no considero coherente es que se estipule
un único tipo de bibliografía desde el programa
cuando uno de los objetivos propuestos es precisamente "lograr
una concepción crítica del curriculo..."
¿cómo puede alguien ser crítico si
ya desde la elaboración del prograa se le está
imponiendo uan forma de pensar?
No desconozco un aspecto de la realidad
universitaria, los alumnos solicitan un detalle de la bibliografía
que deberán leer durante la cursada. El docente,
al elaborar el programa de su asignatura deberá tener
en cuenta esta solucitud, pero tambien debería dejar
un margen de opciones para aquellos que deseen profundizar
en los temas propuestos e incluso dejar espacio para que
los mismos alumnos propongan bibliografía a sus compañeros.
No nos olvidemos que estamos hablando de futuros profesionales
y es importante que se ponga el énfasis en su capacidad
para reflexionar sobre el material, relacionarlo y resolver
situaciones concretas a partir de él debería
ser una constante y no una excepción en las aulas
universitarias.
El docente, como profesional, debe estar
abierto a ala reelaboración de su programa cad año.
Dejar un espacio para la incertidumbre; la vida no es totalmente
previsible, las clases de un docente, si partimos del supuesto
que educa en y para la vida (nótese que utilizo el
término "educar" y no "enseñar",
ni "formar", ni "adiestrar" o "amaestrar",
ni "instruir") tampoco debería serlo. "Yo
y este misterio, henos aquí de pie" (Walt Withman)
asi parecen decir cada uno de los alumnos a los que nos
enfrentamos cada año al iniciar el ciclo lectivo,
es sólo a través de la convivencia y el diálogo
como develamos parte de este misterio. Las teorías
del aprendizaje nos hablan de un modelo arquetípico
de ser aprendiente, pero no es posible personalizar desde
la teoría. Si tenemos en cuenta ese dato, no podemos
ser tan soberbios y elaborar un programa cerrado y jerarquizado
únicamente desde la lógica de la ciencia que
pretendemos "transmitir" y ¡a largo plazo!
es menester una relativa. Es menester una relativa coherencia
entre la propuesta y lo que expresamos desde el discurso.
Si hablamos de una construcción y deconstrucción
de la realidad no podemos elaborar un programa partiendo
de una base formal-deductiva.
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