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Estudio sobre la palabra
Entre lo romántico
y lo massmediático
Cintia Vanesa Días
Causa sorpresa observar como una imagen o
suceso auditivo, olfativo o táctil puede desencadenar
una caterva de palabras disímiles. Un amanecer, por
ejemplo, puede ser una fuente de delicias filosofales, una
maldición -para aquel que aguarda impasible la llegada
de la muerte-, una sensación conmovedora o, incluso,
un suceso rutinario de la naturaleza que no genera alegrías
ni recelos; un simple hecho previsible horariamente. Todos.
El filósofo, el depresivo, el poeta y el científico
han reproducido simbólicamente su experiencia; cada
uno de ellos ha utilizado la palabra o la ha omitido voluntariamente,
pero por lo general, la finalística de sus discursos
es similar. la palabra mediatiza al mundo, lo recrea, lo
abarca desde diversas ópticas.
No obstante, minimizar la función
de la palabra a la de mera “fotografía verbal”
de sucesos internos o externos, sería un sacrilegio.
El poder de la palabra, aunque socavado
y debilitado por la “utopia massmediática”.
Parafraseando a George Steiner “la
palabra no debe emplearse solo como espejo, sino como ventana,
como apertura a otra cosa”.
Es menester la experimentación del
verbo como riesgo, como posibilidad de goce, de éxtasis,
de salida, de liberación. Tantas veces el hombre
trata de USAR la palabra que se olvida de SER en ella.
En el mundo massmediatico, donde valores
como justicia, dignidad o amor, al no ser operacionalizables
quedan al margen del sistema; la palabra se ha vuelto técnica,
impersonal, vacía, desapasionada. La voluntad se
desgarra y el sometimiento corporal es sutilmente desplazado
por la dependencia mental; las cadenas de hierro dan paso
a las “anteojeras conceptuales” degradando así
al pensamiento divergente.
Los lenguajes se vuelven estériles,
se mezclan, se fusionan. La ALDEA GLOBAL clama por ello,
pero la globalización de la palabra y, en consecuencia
del pensamiento impone la pérdida de la identidad
cultural. Homogeneizar. El objetivo es evitar las diferencias
económicas, sociales, culturales; pero evitar tiene
que ver más con “ignorar deliberadamente”
que con superar.
Lo que hace mundo al mundo es su multiplicidad
y sus matices; lo que le hace falta es justicia y conciencia...no
igualación o uniformidad. A mi entender las conductas
que se desentienden de las diferencias se asemejan a la
acción de esconder el polvo debajo de alfombra.
El pregonar un lenguaje universal a costa
de la fusión indistinta y descuartizamiento de lenguas
es una negativa ante el pensamiento original, un denegar
ser y reconocerse como individuo. Aquí el concepto
de Aldea Global se reduce a una estructura sintáctica
sencilla, una frase vacía de significación.
El análisis lleva a anunciar que,
paradojalmente, en la era de la comunicación el aislamiento
es frecuente. la palabra cálida ha sido reemplazada
por un espacio virtual de caracteres asexuados, donde la
expresión del ser está vedada y es desplazada
por una lista de códigos de moda. El contacto impersonal
se ha abandonado por encuentros en “la red”
donde el intercambio sincero es pura coincidencia.
No se me mal interprete. El problema, desde
que el mundo es mundo son las oscilaciones recurrentes entre
los pares de opuestos; es el querer trasladar una nueva
forma a todos los ordenes de la vida, aun a aquellos en
los que el transplante se nos aparece como un mero capricho.
La evolución de la tecnología
implicó un nuevo nivel de poder. Todos ansían
poseer el poder para ser respetados; están enceguecidos
y no se percatan que es el respeto el que brinda el poder
verdadero.
La tecnología y su lenguaje son maravillosos,
mientras el hombre no intente adoptar en su vida (es decir
en sus sentimientos, pensamientos y acciones) conductas
robóticas y palabras desnaturalizadas.
Lamentablemente, lo que que hacemos en forma
constante es -al decir de Syme- destruir palabras. estamos
podando el idioma para dejarlo en los huesos y con esto
limitamos el alcance del pensamiento y estrechamos el radio
de acción de la mente. Había escrito Lord
Byron “una gota de tinta al caer// como rocío
sobre un pensamiento hará que miles//quizás
millones, piensen//La palabra os hará pensar y el
pensamiento os hará libres”
La ecuación es simple: a menor diversidad
de palabras, menor diversidad de pensamientos, menor posibilidad
de vivenciar la libertad.
las palabras se vuelven estériles
ante la elección. El universo simbólico se
restringe y agoniza mientras el discurso se nos presenta
llevando implícita la premisa “lo uno y lo
otro”. Solo la poesía logra devolverle a la
palabra su condición primigenia, la posibilidad de
elegir matices, la responsabilidad del hombre en el lenguaje.
El arte es el último bastión
de la autonomía humana. “Lo uno o lo otro”.
Libertad de crear, inventar, descubrir.. he aquí
el auténtico poder de la palabra. Que quede claro,
la pobreza del lenguaje es, lejos de la dignidad del silencio,
pura indigencia.
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