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Los tiempos de la posmodernidad
Cintia Vanesa Días
El ayer es lejano. El hoy se recrea en la
magnificación de la acción inactiva. Duración.
Estamos atrapados en el tejido de la tercera dimensión.
Perpetuidad efímera de pensamiento anulado. Nuestra
realidad se escabulle por los resquicios de cronómetros
que se apoderan del gozo, del sufrimiento y de la vida.
15 minutos de desayuno, 20 segundos para alcanzar la salida,
2 segundos para sonreír, 10 para enojarse, 1 para
pensar.
Un poco por desidia de los escritores de
historias, otro poco por voayeurismo, y mucho por intereses
particulares que pretenden enraizarse en el inconciente
colectivo, el "reality show" es llevado al extremo,
hasta el punto de destrozar todo parecido con la realidad.
Vivir a través de, sentir mediado por: "acción
inactiva". Entonces nos preguntamos: ¿Es ese
"otro observable" una ventana o simplemente un
espejo? ¿Es que mediatizando la acción se
logra escapar de la perduración del sentido? O peor
aún ¿contemplando la vida de otros es posible
apaciguar la incomodidad de ser?
Hoy se respira una cultura de la insignificancia.
El tiempo del pensamiento reflexivo cede su ubicación
a la manipulación financiera, a la especulación
racional y emocional.
Si nos dejamos llevar por los medios de
comunicación social, de pronto parecería como
si la vida se dividiese en el tiempo de los otros y el tiempo
de los seudointelectuales -esos que pretenden inmolarse
en salvadores globales, convirtiendo la solemnidad de la
estupidez en una moneda de cambio-. "Nuestro"
tiempo dio un paso al costado, se dejó avasallar
por los sinsentidos y las nimiedades.
Tiempo de tener. Tiempo de mostrarse. Tiempo
de anestesia emocional. Tiempo que se detiene para permitir
la juventud eterna. Tiempo adolescente. Tiempo de necesidades
generadas por deseos de poder.
Se observa en la sociedad esa compulsión
por ser sujetos descremados, poseedores de pocas razones
e infinidad de deseos. Y a pesar de que recordamos con dolor
la inquisición medieval... no podemos dejar de percatarnos
de la condena que sufre todo aquel que es "diferente"
o "normal".
Tiempo de paradojas.
Estamos frente a un siglo contradictorio
donde es rechazado tanto lo diferente como lo normal. ¿Han
reparado en el hecho de cómo ciertas ideas han sido
trastocadas con el fin de "legalizar" lo "anormal"?
Es que sin duda han confundido cantidad con normalidad.
Que una gran cantidad de sujetos sean corruptos no significa
que ser corrupto sea "normal". ¿Estamos
de acuerdo? Y esto, que parece ser una perogrullada, se
convierte en una de las tuercas flojas del desajuste de
esta época.
Adviertan otra curiosidad, si le preguntamos
a cualquier persona quién es, casi seguro nos responde
con un nombre, un apellido y una profesión. Juan
Pérez, abogado... como si todo su ser dependiera
de esa circunstancia. Como si todo su valor de ser humano
se remitiera a un doctorado. Y es que con esta lógica,
aquel que no tuvo la posibilidad de convertirse en "profesional",
deja de ser. Y eso me parece completamente injusto y oscuro.
Asistimos a un tiempo de indefiniciones
e indiferencias.
El mundo comparte un tiempo ilusorio, determinado
por meridianos, pero se pierde en tiempos parciales coincidentes
con universos sociales y culturales. El tiempo del hoy tiende
a ocultar el ayer.
La memoria se adormece en los cajones de
la historia. Y de pronto la anestesia se evapora en el suspiro
de la rememoración. ¡Una evocación cada
25 años! (1) Qué incomodo es recordar.
¿Quiénes somos?
Si no podemos recordar, no podemos conocer.
Si no podemos conocer, no podemos amar. Es amando como aprendemos
a sentir, y es sintiendo como nos hacemos seres humanos.
La indiferencia y la desmemoria son los peores venenos que
el hombre haya inventado. Indiferencia ante el sufrimiento,
ante la maldad, ante el bien. "Da lo mismo". Es
tan tóxico olvidar los sucesos equivocados como deslucir
los actos heróicos.
Observémonos, las imagenes se suceden
como si nuestro mundo se fragmentara en cuadros y tomas
al azar. La edición corre por cuenta de nuestro antojo.
Vemos lo que queremos ver. Escuchamos lo que queremos escuchar.
El presente global es una ilusión de nuestros sentidos.
¿Cómo podemos comprender el todo si no alcanzamos
a conocer lo nuestro? Ver nuestra realidad es el primer
paso para sintonizar nuestro reloj con el reloj universal.
No es la economía, ni la politica la que marcan los
tiempos... ésa es una manipulación de aquellos
que poseen los "privilegios" del poder. La conciencia
es algo que todos atesoran en algun espacio de su ser; y
es eso que todos pueden desarrollar lo que aterra a los
que se creen exclusivos y abusan de esa condición.
Autoconciencia. Conciencia de ser. Conciencia
del otro. Conciencia de la realidad que me circunda.
No importa el color de la piel, la calidad
social, el poder adquisitivo, la cultura, o el sexo al que
un sujeto pertenece; hay algo que lo convierte en ser humano
y es esa capacidad para volcar la conciencia hacia sí
mismo.
No nos dejemos engañar con falsas
espectativas de igualdad financiera. Celebremos las diferencias
dándoles a todos el mismo status. ¿No creen
que es tan valioso el catedrático como el baqueano?
Claro que sí, por la simple razón de que ambos
son irremplazables. Las culturas no son mejores o peores,
ricas o pobres. Las culturas son la expresión telúrica
del espacio. Son respetables y dignas, porque llevan en
su interior la síntesis del tiempo y las ansias de
la existencia. De ahi la necesidad de escuchar y ver. Escuchar
las voces de los condenados al silencio. Ver los rostros
de aquellos que "no son" o "son con verguenza".
Hay esperanzas.
Como una llama, temblorosa en medio de la
noche... hay hombres y mujeres que escuchan y ven lo que
el otro es, lo que el otro necesita. Es su tiempo el anhelo,
y su esfuerzo la promesa. La fractura se instaura en las
profundidades y devine en paradoja.
Superficies insipidas, atravezadas por tiempo
de decisiones, de heroicidades, de pensamientos inteligentes,
de empatía, de valores compartidos.
Y es en medio de la tormenta que se anuncia
el horizonte. Y es el tiempo de cada uno el que construirá
el tiempo de todos. Será recién cuando ese
tiempo tenga en cuenta las diferencias y su tic-tac sea
el auténtico sonido de la libre expresión
y la posibilidad; cuando el tiempo del descontento, la angustia
y el sufrimiento se esfume como la oscuridad ante la llegada
del sol.
¿Estamos frente a un nuevo amanecer
de la conciencia? El tiempo y la historia desvelarán
esta incognita. Mientras tanto los invito a recordar, escuchar,
ver y comunicar. Frente a la cultura de lo efímero
evoquemos las palabras de Almafuerte: "No tengas el
afán de parecer, sino el afán de ser."
(1) En referencia a un nuevo aniversario del
último golpe militar en Argentina (1976)
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