Anaxímenes
habría afirmado que el principio de todas las cosas
existentes es el aire: «El
milesio Anaxímenes, hijo de Eurístrato, compañero
de Anaximandro, dijo, como éste, que la naturaleza
subyacente es una e infinita, pero no indeterminada, como
él [Anaximandro], sino determinada, y la llamó
aire; se diferencia en las sustancias particulares por rarefacción
y condensación. Al hacerse más sutil se convierte
en fuego, al condensarse en viento, luego en nube, más
condensado aún en agua, tierra y piedra; las demás
cosas se producen a partir de éstas. Hace también
eterno al movimiento gracias al cual nace también
el cambio» (Simplicio, Fís. 24, 25-26). 
¿Pero por qué elegir
al aire como arjé y no al fuego, a la tierra, o al
agua?
Probablemente Anaxímenes encontró
en el aire empírico una serie de propiedades que
desempeñarían mejor que otros elementos las
funciones de arjé.
La invisibilidad y la infinitud del aire.
Según noticia de Hipólito el aire “cuando
es perfecto es imperceptible a la vista”. El aire
es infinito pero determinado. Pero la determinación
del aire es más abstracta a los sentidos que la del
agua: es invisible como el ápeiron.
El aire constituye mejor que el agua la materia
adecuada para el racionalismo del grupo
de transformaciones.