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Topografías del alma
Dijo alguien alguna vez que
la poesía era el lenguaje del alma. Yo creo, además,
que es el termómetro de nuestras emociones más
profundas.
Tristeza, alegría, incertidumbre,
desconsuelo, esperanza, enamoramiento, desengaño
se fusionan en el baile desesperado de la vida.
La poesía es una forma
necesaria de expresión. No tiene
que ser forzosamente correcta, basta que sea sincera y le
sirva: al que la escribe para desahogar su sensibilidad
y al que la lee para reencontrarse con sentimientos propios
... la vivencia empática que le llaman.
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A continuación les presento una serie
de poemas pertenecientes a la colección "Topografías
del alma".
Dijo Fernando Pessoa en
referencia a la creación poética: "Quien
quiera que sea de algún modo un poeta sabe muy bien
que es más fácil escribir un buen poema (si
los buenos poemas se encuentran al alcance del hombre) respecto
de una mujer que interesa mucho, que sobre una mujer sobre
la cual se está profundamente apasionado. La mejor
especie de poema de amor es, en general, escrito al respecto
de una mujer abstracta.
Una emoción grande es demasiado
egoista; absorve para sí misma toda la sangre del
espíritu, y la congestión deja las manos demasiado
frías para escribir.
Tres especies de emociones producen gran
poesía - emociones fuertes y profundas al ser recordadas
mucho tiempo después, y emociones falsas, es decir,
emociones sentidas en el intelecto. No la insinceridad,
pero si, una sinceridad traducida, es la base de todo el
arte."
Es quizas siguiendo inconscientemente esta
premisa como surgió "Topografías del
alma". Muchas veces uno vive la fantasía del
amor proyectándola en personalidades inexistentes;
cuando uno se enamora del fantasma surge el poema, cuando
uno se enamora del ser real canaliza todo ese caudal de
pasión y ternura en la vivencia cotidiana sin necesidad
de recurrir a la ensoñación poética.
Cuando el amor sincero llega ya no hay más
sufrimientos que sanar, ni más deseos que anhelar...
el amor no duele, el amor reconforta; el amor no genera
verguenzas, dignifica; no produce llanto, sino felicidad;
no brota la duda, sino la confianza; no se siente como algo
inalcanzable y prohibido, sino como una bendición
de admiración y hormigueo mutuo. La mirada se enciende
porque mira al ser real, ya no permanece lejana y nostálgica...
sonrie.
Gracias Fernando por iluminar
lo mejor de mí, por contenerme y dejarme contenerte, por
amarme y dejarme amarte, por proyectar una vida de realidades
sin perder la magia de la fantasía. Gracias
por ser el hombre de mi vida y devolverle a mi alma su remanso.
Te amo!
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