¿Quién
fue?Pedro Bonifacio Palacios,
más conocido como Almafuerte, nació en San
Justo, Provincia de Buenos Aires (Argentina) el 3 de mayo
de 1854.
Sus padres fueron gente modesta y su educación
no superó la de la escuela primaria. De adolescente
intentó estudiar pintura, pero no logró ser
becado para perfeccionarse en Europa. A pesar de no tener
un título habilitante, por vocación, logró
dedicarse a la docencia en escuelas de la provincia de Buenos
Aires.
Tuvo que dejar este puesto, por su carencia
de título, pero no obstante esto, gozaba de una gran
reputación, gracias a artículos suyos que
se publicaban en algunos diarios que lo hizo obtener un
empleo en la Cámara de Diputados de la Provincia
de Buenos Aires. También fue bibliotecario y Traductor
de la Dirección General de Estadísticas de
la misma Provincia. Luego de trabajar de Periodista en la
ciudad de Buenos Aires para el diario homónimo. Pero
regresó a La Plata (ciudad en la que estaba desde
1887), ya que no le gustó vivir en una gran ciudad.
Allí siguió su carrera dentro del periodismo
para el diario "El Pueblo". Publicaba artículos
y poemas con el seudónimo de "Almafuerte
También fue deficiente la cultura
que logró adquirir más adelante por su solo
esfuerzo, ya que su vida azarosa y llena de privaciones
no le permitió superar la categoría de un
rudimentario autodidacto. Pero su vocación era evidente
y fue así como su generosa personalidad le condujo
a ejercer la docencia en algunas localidades del interior,
como maestro sin título. La actuación que
le cupo como periodista en ciertas publicaciones de campaña
dieron popularidad a su figura y gracias a ello, después
de haber desempeñado el cargo de prosecretario de
la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos
Aires, pudo obtener del Congreso una pensión vitalicia,
que aseguro una relativa tranquilidad doméstica a
los últimos años de su vida.
La casa que habito en La Plata hasta su
muerte, ocurrida el 28 de febrero de 1917, fue escenario
de sentidos homenajes populares, y constituye hoy un lugar
de interesante recordación. No existe, por el momento,
edición que comprenda la totalidad de su obra literaria,
ya que su copiosa producción aparece diseminada en
algunas colecciones populares, mientras es menester recurrir
a los periódicos y revistas de aquella época
para conocer sus discursos y conferencias.
Existen empero algunas recopilaciones de
su labor poética: Lamentaciones, publicada en La
Plata en 1906; Evangélicas, editada en Buenos Aires
en 1915 ,y Poesías aparecida en 1916 con el prólogo
de Juan Más y Pí, que había escrito
en 1907 una laudatoria biográfica del autor. En 1917
se publicó en Montevideo un tomo titulado Poesías
Completas, con prólogo de Alberto Las places. La
mejor de éstas recopilaciones es sin duda la que,
bajo el título de Poesías Completas, apareció
en "Grandes Escritores Argentinos", dirigida por
Alberto Palcos. El primer tomo, que lleva el número
XIV de la colección, tiene prologo de Alfredo D.
Torcelli y el segundo, número XXI, con prologo de
Ernesto Morales.
Entre las poesías más famosas
de Almafuerte figuran: La sombra de la patria, Jesús,
Olímpicos, Milongas clásicas, El misionero,
Cristianas, Cantar de los Cantares, Sonetos medicinales,
La inmortal, Dios te salve, etc.
Los valores de Almafuerte son tan desiguales
que la crítica literaria no ha dejado de discutirlo.
En los años en que alcanzó indudable notoriedad
se le consideró como inspirado bardo y modelo de
maestros y puede decirse que su modo de vivir provocaba
tales juicios. La opinión ulterior no le ha sido
siempre favorable, pues se le ha reprochado su incapacidad
para discernir entre lo noble y lo prosaico y su carencia
de fineza artística.
Calixto Hoyuela declara que Almafuerte no
merece ser incluido en su conocida Antología poética
hispanoamericana, pero que porque otros lo elogian se decide
a darle cabida en ella.
La nota dominante de la producción
de Almafuerte, sea en verso sea en prosa, es la exaltación
de las clases humildes de la sociedad, que él llamaba
"la chusma de mis amores" y que presentaba siempre
como oprimida y despreciada por los poderosos, a la espera
de transformarse en una raza futura de superhombres.
Este tono profético, sus expresiones
airadas contra los ricos y los anatemas que le arrancaba
la visión de las miserias humanas, le valieron cierto
prestigio popular. Se le aplaudió como "profeta
bíblico" y "apóstol laico".
Pero sus detractores sostienen que sus sentimientos, lejos
de ser cristianos, parten de meras pretensiones retóricas,
que sus indignadas imprecaciones son declamaciones
vulgares y que la "vida suprema" y "la humanidad
de mañana" , prometida por Almafuerte a los
humildes, gracias a la educación, no pasa de ser
una brumosa utopía romántica, ora entre las
modernistas.
Son sus características el excesivo
realismo, la agresividad impetuosa, la fantasía no
siempre espontánea y el constante afán moralizador.
A pesar de haber incurrido en defectos de lenguaje, propios
de su falta de instrucción, y de haber abundado en
neologismos a veces incompresibles, su personalidad tuvo
aún bastante vigor como para ejercer cierta influencia
sobre el estilo de algunos poetas de los primeros años
del siglo XX.
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