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Profesión: lector
Privilegio es la palabra que
mejor define
al ejercicio de desenredar las frases
una a una, letra a letra, averiguándoles
el gusto, el peso, el contenido, el continente.
Adivinar en cada una los silencios
escondidos, los gritos que jamás
serán escritos, las sonrisas navegantes
a la espera del milagro que eche el ancla
en el puerto de algún pecho marinero.
Despojar cada sentencia del ropaje que la viste
y en su piel descubrir la dirección de la esperanza,
presente en el ritmo sin compás de la verdad desnuda,
oculta en el aullido arrítmico del mutismo trepidante,
disimulada en el velorio de los amores fracasados
y primadonna en los festejos del encuentro tan soñado.
Después de saciada la sed de metáforas
llega la hora de acariciar el eco del poema
saboreando el significado vital de su sentido
oliendo la sonoridad mágica de su mensaje
y bebiendo la solidez semántica de sus ideas.
Descifrar las entrelíneas
- sea en la vida o en un poema -
es prerrogativa de los duendes, los genios,
las hadas, y también las hechiceras;
nosotros, apenas lo intentamos
aunque no siempre sea fácil conseguirlo,
pero claro que no por eso claudicamos
puæs leer poesía es ser poeta
y serlo es declarar sonoramente,
para ser entendido por todos los oyentes
y escuchado por todos las audiencias,
que ser humano aun vale la pena.
Leer poesía,
como escribirla,
es buscar palabras
que sean notas
de un mismo pentagrama,
y encontrarlas;
es dolencia y remedio
es premio y castigo
es la vida vivida
escribiendo el camino.
Bruno Kampel
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