La lluvia se abatía sin piedad sobre
el jardín. Después de tantos días
de calor y humedad insoportables la bóveda grisácea
al fin había enviado el chapuzón. Abandonó
por un instante el libro que leía y suspiró
con la mirada perdida en un horizonte remoto e inexistente.
Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello era
pura evasión y desatino? Sacudió la cabeza
tratando de alejar esos pensamientos que le impedían
continuar con la lectura.
... Acaso el glorioso ejercito no
necesita a su jefe ahora más que nunca? quién
si no puede levantarlo? Esa noche Emes vaga por la ciudad
y luego -todavía bajo la lluvia- sale a la playa.
"La lluvia"...
sí, cómo llovía!! parecía
que el cielo se caía a pedazos. Bueno, mucho mejor,
así podía disfrutar de la lectura. Con esa
lluvia nadie iba a insistirle que hiciera otra cosa que
leer. Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello
era pura evasión y desatino? Se calzó de
nuevo los anteojos y siguió leyendo.
Allí abajo las tiendas empapadas,
los soldados yacen sobre la arena mojada o están
reunidos alrededor de hogueras, que en el mejor de los
casos, no son más que brasas de madera húmeda.
Beben vino amargo, mezclado con agua salobre y comen sus
últimas provisiones.
Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo
aquello era pura evasión y desatino?
Cómo podría serlo! que locura
pensar siquiera en eso! Si ella supiera qué sensación
tan placentera lo embargaba cuando podía leer despreocupadamente,
no diría tantas insensateces y cuidaría
más sus palabras. Aquello era puro gozo y de evasión
tenía sólo las ganas de esa mujer de arruinarle
los pocos resabios de felicidad que le quedaban en la
vida; como si todos tuvieran que sentir las mismas cosas
en momentos similares. Después de todo quién
demonios le dijo a ella que él era un tipo común¿qué
ella no era capaz de darse cuenta que él NO era
un tipo común?... detestaba la mediocridad, tenía
demasiado para dar como para considerarse alguien común
y actuar en consecuencia. Hizo un gesto y volvió
a fijar la vista en el libro.
Emes entra sigilosamente en el campamento,
que es pequeño, poco más que un pequeño
caos
Caos susurró inconscientemente,
eso es!!! CAOS!!eso es lo que pretendía
evitar después de todo. Sería imperdonable
que alguien comenzara a manejarle la vida, estaba bien
así y no quería modificar el entorno de
su tranquilidad, su pequeño universo organizado,
sus esquemas conocidos. Quién se creía ella
al irrumpir así en SU vida... ¿Se había
mostrado cruel cuando habló la última vez
con ella? ahora le asaltaba la duda... y si él
había malinterpretado todo y había sido
innecesaria aquella conducta seca e insensible? Mucho
mejor, no tenía ganas de comenzar una nueva amistad,
eso implicaría restarle tiempo a sus cosas y también
significaba cierta responsabilidad. Él no estaba
preparado para eso, le aterraba la idea de confiar en
alguien; después de todo él le había
contado algunas cosas y ella... ella había callado?
cómo podría estar nunca seguro de eso. Es
verdad que ella le había confesado sus proyectos
y algunos secretitos. Sonrió imperceptiblemente.
Y habían pasado unos lindos momentos juntos, era
agradable charlar, se sentía una relativa liviandad...
pero no podía evitar esa sensación de incomodidad
que lo arrojaba como un rayo fuera de su sitio, quería
huir, correr lejos de allí. De hecho lo hacía.
¿Por qué? ¿Qué
era lo que en ella le producía deseos de escapar?¿
serían sus ojos profundos en los que se ahogaba
sin querer y se veía perdido sin remedio? ¿sería
acaso su sonrisa hechicera? o la forma en que movía
sus manos ? quizás su voz dulce, tal vez la forma
en que ella se sentaba: mitad niña, mitad mujer
... o acaso sería todo eso a la vez.
Se sentía desfallecer súbitamente
y sin razón. Si después de todo ella no
lo atraía en lo absoluto, solo disfrutaba a medias
de su manera de contar las cosas con una vivacidad y una
pasión sin igual... pero no le gustaba, ni siquiera
cuando lo observaba mientras él relataba alguna
hazaña, y si se ponía nervioso era porque
no le gustaba que lo miraran fijamente y de manera tan
abierta. Se sentía expuesto, ella osaba abrir ese
cofre misterioso en su mente. ¿Qué sería
de él sin sus secretos y sus silencios? Por Dios!!!!
que sería si dejaba de ser el muchachito estudioso
y reservado que todos conocían!!!???
Suspiró profundamente y retomó
la lectura :
Siente que nadie daría la
bienvenida a un muchacho de 12 años, aunque esté
muy crecido para su edad. Siente también que a
un muchacho de 12 años le harían cosas terribles;
que como las siseantes brasas en las hogueras, en el ejército
derrotado brilla una predisposición a la violencia...
Por qué??? por qué
había entrado en su vida, si todo estaba tan prolijamente
ordenado, lo blanco era blanco y lo negro, negro... nadie
cuestionaba su forma de ser y era más bien admirado
por su perseverancia y su capacidad intelectual. Deseaba
que ella se esfumara de su vida para siempre, que todo
volviera a ser como era.
Quería dejar de sentir
esa emoción indefinida que odiaba. En su familia
había pasado por momentos duros, no obstante no
eran los momentos los que lo asustaban, sino las emociones
que surgían de ellos. Ese caudal de sensaciones
indefinidas e incertidumbres lo abrumaban hasta el punto
de impedirle pensar.
Por qué ella insistía
una y otra vez, es que no entendía que él
había renunciado a vivir la vida de los humanos
por aferrarse a un puñado de seguridad? Ella insistía
una y otra vez mientras él veía cómo
su pequeño mundo de felicidad se desbarataba, se
desvanecía conforme transcurría el tiempo
de su existencia. No era que ella lo llamara siempre,
es más hacía mucho que no hablaban, pero
su silencio prolongado era sin dudas su forma de decir
que estaba en desacuerdo con la forma en que él
manejaba las cosas. Él no iba a abandonar sus costumbres
ni a las figuras conocidas de la infancia. No quería.
¿Temía sufrir?
¿Le aterraba cambiar? ¿Se rehusaba a crecer?
Lo que fuera no le importaba.
El tiempo se deslizaba a
través suyo como si él no existiera, pero
modificaba su universo cercano de una forma en la que
no le encontraba gracia alguna: con sufrimiento.
La lluvia se había
vuelto insostenible a la mirada y cerró la ventana
para no mojarse. Caminó unos cuantos pasos por
la habitación como si estuviera buscando algo y
volvió a su lugar bajo la ventana. Observó
lo poco que quedaba visible desde el vidrio y se dijo
que era allí donde quería pasar el resto
de sus días. Lejos de las incertidumbres, de las
responsabilidades y las exigencias.
Es verdad que él mismo
era sumamente exigente consigo mismo, pero bien distinto
era que las exigencias vinieran desde el exterior, donde
todos eran extraños.
En aquel momento se prometió
a si mismo que nunca abandonaría su mundo privado,
eso era lo que consideraba propio y no pensaba compartirlo
con nadie.
Pero, y si fuera cierto?
si fuera verdad y todo aquello era pura evasión
y desatino? ... Llovía.