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Antes del Fuego

de: Marcelo Naraveckis

Peor pudo haber sido.Y, claro, también mejor.Qué sé yo. Por ahí quería otra cosa. Seguro. Otras cosas.O alguna otra cosita.No mucho. Estar con Ella, eso si. Pero de otra manera. Como Ella. Más parecido, más igual. Así si.Hubiese cruzado de un salto las columnas, para recostarme a su lado.O en su vientre, al sol del Caribe.Ahí si.Bueno, a lo mejor no en el vientre porque en un aviso no corresponde. Junto a Ella, si. Bajo el sol delCaribe. Pero de otra manera. En foto, como Ella. Sin la nariz. Sin los remiendos. Como el de la sastrería de acá a la vuelta -página impar -, alto y flaco, traje y sobretodo.Más parecido. Si que pudo ser mejor. Es que a mi me sacaron de apuro, de relleno. Falló el de los vinos, entonces "hay que mandar algo.¿tenés algo?". Y lo que sea fui yo. Cinco minutos, no más.Y fui yo, con la nariz y los remiendos. Un chiste malo, porque falló el de los vinos. Se arrepintió el de los vinos, no le alcanzó la guita, qué sé yo. Cosas que pasan, pasé yo y aquí estoy.Con la bolsa de cemento, el Gracias Espíritu Santo, el Sex-Shop ... el veterano, Dr. Itzcuvich ... ¿y quién mas? ...No me acuerdo. Me acuerdo de la sexagenaria, eso si. Por el lío, por el error, porque "¿Quién fue el animal que mandó un chiste en la página de policía?..." Imagínese.
Pero igual salí. Un chiste malo y equivocado. Indefenso.Como para defenderme estaba, desde aquí, con la nariz y los remiendos.¿Qué página de policía, señor? ... Todos avisos.Y un chiste, si. Pero malo, y la sexagenaria, qué sé yo ... tres columnitas, apenas.Todos avisos y hasta Ella, vendiendo sus viajes en cuotas al Caribe, al sol.
Pero igual salí. Me compraron en un tren. Apretado bajo un brazo, anduve.Pero con alguna esperanza porque era nuevito.Y a pesar de saberme no muy bueno pensé "por ahí ...".
Fui a dar a un cajón. El primer día nos sacaban, de a ratitos. Pasaron varias veces por mi página. Pero a pesar de haberme manchado con café y mayonesa, no me vieron. Pasamos una noche triste. Imagínese ... ser tan pronto un diario viejo...
Cuando nos tiraron otro encima todos entendimos.Vinieron más, y nuestro cielo se hizo fondo. No sé cuanto tiempo pasó.Hasta que vino la limpieza y la bolsa, peor que el cajón. De la bolsa fuimos a un sótano. Bien al medio de una pila que fue bajando hasta el milagro de dejarnos arriba. Ahí estuvimos bastante bien, venia un gato. Pero llegó el agua. Comenzó por los pies a invadir la pila, nos iba ganando de a poco ... Y después, la mudanza. Hacían bollos, envolvian carpetas."Es el fin" , pensaba. Un bollo adentro de una copa, me veía. Pero no. Fuimos enteros al camión y del camión a una casa, un cuartito. Buen lugar. Algo de sol, juguetes y herramientas.Escobas.Un cuartito.Tuvimos tiempo para ponernos amarillos, para mi era bueno.Porque estábamos más iguales. Amarillos todos, Ella y yo.Estaba mas suave la escalera para bajar por las columnas hasta su vientre, amarillo y reseco.Pero igual de lindo y ya sin vender nada. Buenos tiempos, pensaba.Y pensaba en Ella.
Hasta el día de la búsqueda.Tan frenética que nos sacaron a nosotros. Buscaban palabras. Sentí en mi piel el filo pesado de la tijera (yo tenía "pedigueño").Varias veces pasaron.Pero nunca me vieron. Nunca nadie me vio, ni siquiera para decir "qué chiste malo".O sea que era un chiste malo pero íntimo, oficioso.Y no me vieron, aunque tuviera pedigueño en letra ridícula y despareja. Poco escolar.Estaba asustado.Pero después encontraron "Güemes" en un Billiken y "Agüero" en un edicto (letra chica pero parejita).No me vieron. No me cortaron.
Y ser por eso que me hice triste.Porque después pensé: Hubiera sido mejor. De alguna manera hubiese sobrevivido, hubiese tenido al costado una buena nota en tinta verde, hubiera conocido el sol de las aulas.Con los años, por ahí, me hubiesen mostrado risueñamente a los ojos de una novia ... Qué sé yo.Pero no me vieron. ("Vamos, señor, no sea pedigueño").
Ya era un chiste malo y triste. Por eso no me importó ir a parar al baño.Ni me alivió que gracias a Ella pasáramos a ser material de lectura.(El otro destino era el gancho. Cortaban pedazos iguales, a mano, y los pinchaban uno sobre otro).Era un baño. Pero a nosotros nos separaron para leer.Por Ella. El tipo venía y la buscaba. A veces antes, a veces después y a veces venia solo por Ella. Nos doblaba por la mitad, nos sostenía con una mano.Para entonces yo era triste, miraba cabeza abajo los pantalones arrugados, las zapatillas y el calzoncillo sucio.Con una mano, nos tenía.Doblados. Al final, temblaba. Antes o después. A mi me daba lo mismo. Ella era un sueño que yo ya no soñaba.Pero el tipo la necesitaba.Se encerraba en el baño para necesitarla, pasaba el ganchito de la puerta.Temblaba por su vientre amarillo y reseco.( El sol, el Caribe).Yo era un chiste malo y triste. Por esos tiempos yo pensaba.Y nada mas.
También me dio lo mismo ir a parar a la ventana.Por primera vez nos separaron, a las páginas.Me crucificaron con cinta en la ventana, hacia afuera. La pintura nos fue salpicando hasta la desfiguración.Nos empapó, atravesó la página.Nos mezcló. Iguales, al fin. Esta mañana vi mi último cielo.Después los pintores me bajaron, me abollaron y me encajaron entre las piedras negras y las astillas. Algunos son historia, pensé. Algunos. Yo, aquí ... ni siquiera con el humo que trepa pesadamente desde la base de la pila, ni siquiera con ese humo que pronto seré yo, puedo aprender a llorar.

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