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El temido enemigo
Jorge Bucay
La idea de este cuento llegó a mi
escuchando un relato de Enrique Mariscal. Me permití,
a partir de allí, prolongar el cuento para transformarlo
en otra historia con otro mensaje y otro sentido. Así
como esta ahora se la regalé una tarde a mi amigo
Norbi.
Había una vez, en un reino muy lejano
y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso.
Su deseo de poder no se satisfacía solo con tenerlo,
el necesitaba, además, que todos lo admiraran para
ser poderoso. Así como a la madrastra de Blanca Nieves
no le alcanzaba con verse bella, también el necesitaba
mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era.
El no tenía espejos mágicos, pero contaba
con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor
a quienes les preguntaba si él era el mas poderoso
del reino.
Invariablemente todos le decían lo
mismo:
- Alteza, eres muy poderoso, pero tu sabes
que el mago tiene un poder que nadie posee: El conoce el
futuro.
( En aquel tiempo, alquimistas, filósofos,
pensadores, religiosos y místicos eran llamados,
genéricamente "magos" ).
El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no
solo tenia fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino
que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba
y festejaba que el existiera y viviera allí.
No decían lo mismo del rey. Quizás
porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba,
el rey no era justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.
Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso
y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de
celos y temores que genera la envidia, el rey urdió
un plan: Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría
al mago. Después de la cena, pediría la atención
de todos. Llamaría al mago al centro del salón
y delante de los cortesanos, le preguntaría al mago
si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado
tendría dos posibilidades: (decir que no, defraudando
así la admiración de los demás, o decir
que si, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba
seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces,
le pediría que le dijera la fecha en la que el mago
del reino iba a morir. Este daría una respuesta,
un día cualquiera, no importaba cual. En ese mismo
momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría
con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse
de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el
mago no había podido adelantarse al futuro, ya que
se había equivocado en su predicción. Se acabarían,
en una sola noche, el mago y el mito de sus poderes....
Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el
día del festejo llegó...
Después de la gran cena, el rey hizo
pasar al mago al centro y le preguntó:
- ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco - dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro?
- pregunto el rey.
- Un poco - dijo el mago.
- Entonces quiero que te des una prueba -
dijo el rey - ¿Qué día morirás?.
¿Cuál es la fecha de tu muerte?.
El mago se sonrió, lo miro a los ojos
y no contestó.
-¿Qué pasa mago? - dijo el
rey sonriente - ¿No lo sabes?... ¿no es cierto
que puedes ver el futuro?
- No es eso - dijo el mago - pero lo que
sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas? -
dijo el rey -... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo
digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para
el reino saber cuando perderemos a sus personajes más
eminentes... Contéstame pues, ¿Cuando morirá
el mago del reino? Luego de un tenso silencio, el mago la
miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero se que
el mago morirá exactamente un día antes que
el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un
murmullo corrió por entre los invitados. El rey siempre
habia dicho que no creía en los magos ni en adivinaciones,
pero la cierto es que no se animó a matar al mago.
Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó
en silencio...
Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.
Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio
habia sido el peor consejero
- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué
te sucede? - preguntó el invitado.
- Me estoy sintiendo mal - contesto el monarca
- voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido. Y
con un gesto confuso giró en silencio encaminándose
a sus habitaciones...
El mago era astuto, habia dado la única
respuesta que evitaría su muerte.
¿Habría leído su mente?.
La predicción no podía ser
cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?...
Estaba aturdido...
Se le ocurrió que seria trágico
que le pasara algo al mago camino a su casa
El rey volvió sobre sus pasos, y dijo
en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría,
te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte
por la mañana sobre algunas decisiones reales.
-¡ Majestad!. Será un gran honor...
- dijo el invitado con una reverencia.
El rey dio ordenes a sus guardias personales
para que acompañaran al mago hasta las habitaciones
de huéspedes en el palacio y custodiasen su puerta
asegurándose de que nada le pasara... Esa noche el
soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto
pensando que pasaría si el mago le hubiera caído
mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente
durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado
su hora.
Bien temprano en la mañana el rey
golpeó en las habitaciones de su invitado. Nunca
en su vida habia pensado en consultar ninguna de sus decisiones,
pero esta vez, en cuanto el mago la recibió, hizo
la pregunta...necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta,
creativa y justa. El rey, casi sin escuchar la respuesta,
alabó a su huésped por su inteligencia y le
pidió que se quedara un día más, supuestamente,
para "consultarle" otro asunto... (obviamente,
el rey solo quería asegurarse de que nada le pasara
). El mago - que gozaba de la libertad que solo conquistan
los iluminados - aceptó ..
Desde entonces todos los días, por
la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones
del mago para consultarlo y lo comprometía para una
nueva consulta al día siguiente. No pasó mucho
tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos
de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi
sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de
sus decisiones.
Pasaron los meses y luego los años.
Y corno siempre... estar cerca del que sabe vuelve al que
no sabe, mas sabio. Así fue: el rey poco a poco se
fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico
ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso,
y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar
su poder. Empezó a aprender que la humildad también
podía tener sus ventajas. Empezó a reinar
de una manera más sabia y bondadosa . Y sucedió
que su pueblo empezó a quererlo, coma nunca la habia
querido antes.
El rey ya no iba a ver al mago investigando
por su salud, iba realmente para aprender, para compartir
una decisión o simplemente para charlar. El rey y
el mago habían llegado a ser excelentes amigos. Hasta
que un día, a más de cuatro años de
aquella cena, sin motivo, el rey recordó. Recordó
que este hombre, a quien consideraba ahora su mejor amigo,
habia sido su mas odiado enemigo. Recordó aquel plan
que alguna vez urdió para matarlo. Y se dió
cuenta de que no podía seguir manteniendo este secreto
sin sentirse un hipócrita.
El rey tomó coraje y fue hasta la habitación
del mago. Golpeó la puerta y apenas entró,
le dijo:
- Hermano mío, tengo algo para contarte
que me oprime el pecho.
- Dime - dijo el mago - y alivia tu corazón
- Aquella noche, cuando te invite a cenar
y re pregunte sobre tu muerte, yo no
quería en realidad saber sobre tu
futuro, planeaba matarte frente a cualquier cosa que me
dijeras, quería que tu muerte inesperada desmistificara
tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban...
Estoy tan avergonzado... El rey suspiró profundamente
y siguió:
- Aquella noche no me anime a matarte y ahora
que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me
aterra pensar todo lo que hubiera perdido si lo hubiera
hecho. Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote
mi infamia. Necesite decirte
todo esto para que tu me perdones o me desprecies, pero
sin ocultamientos.
El mago lo miro y le dijo:
- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo,
pero de todas maneras, me alegra que lo hayas hecho, porque
esto es la único que me permitirá decirte
que ya lo sabia. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste
con la mano el puño de tu espada, fue tan clara tu
intención, que no hacia falta ser adivino para darse
cuenta de lo que pensabas hacer. - el mago sonrió
y puso su mano en el hombro del rey. - Corno justa devolución
a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí...
Te confieso que invente esa absurda historia de mi muerte
antes de la tuya para darte una lección. Una lección
que recién hoy estas en condiciones de aprender,
quizás la más importante cosa que yo te haya
enseñado: Vamos por el mundo odiando y rechazando
aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos
despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo,
si nos damos tiempo, terminamos dándonos cuenta de
la mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas
que en un momento rechazamos.
Tu muerte, querido amigo, llegará justo el día
de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas
que yo estoy viejo, y mi día seguramente se acerca.
No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba
estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que
se han ligado, no nuestras muertes.
El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por
la confianza que cada uno sentía en esta relación
que habían sabido construir juntos....
Cuenta la leyenda ... que misteriosamente... esa misma noche...
el mago... murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia
a la mañana siguiente.... y se sintió desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había
aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia
en este mundo. Estaba triste por la muerte de su amigo.
¿Que coincidencia extraña había hecho
que el rey le pudiera contar esto al mago justo la noche
anterior a su muerte?.
Tal vez de alguna manera desconocida el mago había
hecho que él pudiera decirle esto para poder quitarle
su fantasía de morirse un día después.
Un ultimo acto de amor para librarlo de sus temores de otros
tiempos...
Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias
manos cavó en el jardín, bajo su ventana,
una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día
se quedó al lado del montículo de tierra,
llorando como solo se llora ante la perdida de los seres
más queridos. Y recién entrada la noche, el
rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda... que esa misma
noche... veinticuatro horas después de la muerte
del mago, el rey murió en su lecho mientas dormía...
quizás de casualidad... quizás de dolor...
quizás para confirmar la última enseñanza
de su maestro.
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