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Dedicado a la gente del refugio López
Los dioses del frio
de: Cristian Mertens
Parte 1: El Morlock
- ¿Y abuelo?
- Paciencia...
Al poco tiempo Tiara preguntó nuevamente.
El abuelo acarició el pelo de la pequeña,
entendía su ansiedad. Pocas veces la habían
traído al océano. Y ahora, sentados en lo
alto del acantilado, se le estaba pidiendo quedase quieta.
- No te preocupes dijo el anciano: El Morlock
nunca falta, es algo así como la última señal
de que el invierno llega.
- ¿Que es el Invierno Abuelo?
- El invierno es cuando el sol se oculta
por mucho, mucho tiempo. Y es cuando viene el gran frío,
entonces los árboles pierden sus hojas, el agua se
vuelve como roca y cae un polvo blanco y frío del
cielo que todo lo cubre.
El anciano sonrió. Adivinó
que en la mirada de la pequeña había incredulidad.
Sobre la bahía del gran mar verde,
el sol del pueblo de Tiara estaba desapareciendo detrás
del horizonte. La niña había nacido ese verano,
y nunca había visto el sol languidecer, en el magnifico
ocaso que tiñe el cielo con tonos púrpuras
y naranjas.
El murmuro de un grupo de gente cercano interrumpió
la conversación: algo se movía en medio de
la bahía. Al principio solo fueron unas burbujas,
luego el mar se agitó más y más hasta
que de pronto el Morlock saltó fuera del agua.
Era un pez inmenso, cuyas escamas doradas
fulguraban en la tenue luz. Tal fue su impulso que por un
momento quedó completamente suspendido en el aire.
Sus aletas eran transparentes, verdosas, venosas. Su boca,
inmensa, de la cual pendían largos bigotes, anillados
de diferentes colores.
Cayó estrepitosamente, y la ola que
generó llegó hasta los bordes de la bahía.
El Morlock solo se asomó un par de
veces mas, y luego desapareció.
El silencio volvió al lugar, solo
se oía algunas aves que no habían emigrado
aún. Toda la gente se había parado ya, y uno
por uno se fueron dando vuelta, murmurando entre sí
su satisfacción de haber visto la enorme criatura.
Tiara y el anciano llegaron al pueblo últimos.
La curiosidad de ella por cada detalle del campo, y las
articulaciones arrumbadas de él los habían
atrasado. La madre de Tiara los estaba buscando con impaciencia.
- ¡Por fin llegaron! ¡Ya todos
están preparándose y ustedes dos andan paseando
por allí!
- ¡Mamá! ¡Vimos un pez
enorme que salió del mar que tenía una boca
gigantesca y unos grandes bigotes de todos los colores!
La mirada de Zonefría hacía
su suegro no necesitaba mayores comentarios.
- Es que ella insistió, dijo él,
y pensé que sería un lindo recuerdo antes
del sueño.
- ¡El mar es de los demonios, replicó
ella, y todo lo que hay en ellos también! ¡No
quiero que se llene la cabeza de la niña con semejantes
cosas! ¡Ella debería estar ayudándome
a preparar el Cock!
El Cock era el gran sueño, la hibernación.
Pero a su vez era una bebida pastosa que ayudaba a entrar
en estado letárgico. Todas las familias del pueblo
la preparan en una suerte de ritual que se transmitía
de generación en generación. Si bien los ingredientes
básicos no eran un misterio, en gran parte canela,
trigo machacado y las bayas de un arbusto que crecía
en la zona (y que en realidad era el responsable del sueño),
cada familia preparaba el Kock de manera diferente.
Y como cada temporada, la preparación
del Kock y el invierno que se acercaba rápidamente
había inmerso el pueblo en un frenesí poco
común para esa gente que era habitualmente de lo
más tranquila. Algunos sellaban las ventanas de las
grandes casas blancas y redondas con alquitrán. Otros
iban y venían por las calles inusualmente saturadas.
De vez en cuando se veía pasar un carro repleto de
víveres y se sabía que iban hacia el gran
monolito.
El gran monolito había sido levantado
por los dioses de la noche, sobre una pequeña colina
que reinaba en el centro del pueblo. En una de las dos caras
del monolito los dioses habían escrito indescifrables
y misteriosas frases. En la otra cara, los pueblerinos habían
dibujado (escribían en hieroglíficos) alabanzas
de agradecimiento y plegarias de protección. Y cada
invierno que se acercaba, depositaban al pie de la colina
una gran cantidad de semillas, cera, toneles de miel, vino,
aceitunas, cueros y lana de animales, aún manualidades
como alforjas de barro cocido, carros de madera, instrumentos
para arar y vestidos de lino fino. A su vez, los dioses
dejaban cada primavera pescado, algas secas, instrumentos
de música, y hasta huesos labrados finamente con
formas de animales monstruosos. También cuchillos,
herramientas, estatuillas de bronce, de plata y de oro.
A veces los dioses dejaban extraños objetos cuyo
propósito escapaba a los pueblerinos.
El interior de la casa de Tiara era fresco
como todos los hogares del pueblo. Las construcciones eran
circulares, pero como en este caso, la familia era grande
por lo que tenia 4 domos pegados unos al otro, pintados
con cal blanca.
Pkiolckek, el padre de la niña, estaba
trepado a una escalera cuando esta entró. Estaba
tapando con brea una apertura de ventilación.
- ¡Papá! ¡Vi un pez enorme,
el abuelo me llevó!
- ¿El Morlock? Sonrió el padre
- ¡Sí! Era inmenso, y bello.
- Tu abuelo me llevó cuando tenía
mas o menos tu edad. ¡Tuve que esperar casi todo un
día para que aparezca, y cuando por fin saltó
el abuelo se había dormido!
- ¿¡Porque no terminas de cerrar
las aperturas en vez de contar esas ridículas historias!?
Protesto Zonefría.
Pkiolckek suspiró.
- No sé para que me esfuerzo tanto,
si los dioses destapan estas aperturas cada invierno.
- Los dioses entran a nuestra casa??? Preguntó
Tiara, cuya mirada brillaba como cuando vio al Morlock.
- Bueno hija, trato de calmarla Zonefría,
los dioses están por todos lados, a veces cambian
las cosas de lugar, a veces se llevan a alguno de nosotros,
especialmente los mas ancianos (y dijo esto recalcándolo
lentamente y mirando a su suegro) y a veces nos regalan
hijos, que nos nacen cuando estamos dormidos.
- ¡Y también destapan las aperturas
de nuestras casas! Se quejó Pkiolckek
- ¡Por favor! ¡Deja de decir
esas cosas, solo vas a lograr que los dioses se enojen con
nosotros! Dijo Zonefria luego de lo cual arrastró
a Tiara hasta la cocina.
Allí el ambiente era diferente. La
luz tenue y rojiza del sol entraba por las aperturas mal
selladas de las grandes aperturas que ofrecían de
ventana. En una marmita, hervía un caldo espeso,
amarillento y granuloso.
- Este, dijo Zonefria, es el Kock.
La niña miró un instante el
interior de la olla de cobre. Las burbujas explotaban lentamente
en la superficie de la poción, el hedor la hacía
pensar en una
Parte 2: Los preparativos
Llegó el momento. Cada miembro
de la familia se acostó en su nicho, que eran como
unas aperturas o molduras hechas directamente sobre las
paredes blancas. Tiara, sus hermanas y el abuelo estaban
dispuestos relativamente cerca, alrededor del hogar a leña,
en la sala principal. Los padres, en cambio, estaban un
poco mas apartados; tenían un nicho grande al cual
había que acceder por una pequeña escalera
y cuya entrada estaba absolutamente prohibida para los demás.
Los nichos tenían un colchón
hecho de algodón y paja. A veces poseían unas
pequeñas repisas en las cuales se colocaban objetos
personales.
Tiara estaba acostada sobre su vientre. Semi-tapada
con una fina sabana de lino, veía como sus dos hermanas
menores, mellizas, murmuraban entre ellas de un nicho al
otro (pese a la interdicción de la madre) La hermana
mayor, en cambio, jugaba en silencio con una muñeca
de trapo. El abuelo se lamentaba de sus dolores de articulaciones,
y buscaba una mejor posición dentro de su nicho.
Zonefria estaba aún en la cocina y
vertía el Cock en pequeños tazones individuales.
Pronto le trajo a cada uno, incluido al padre, el brebaje.
El Cock era difícil de beber, había
que hacerlo de a pequeños sorbos ya que era espeso
y caliente. Una vez en la garganta, producía un efecto
entumecedor, cerraba en parte las vías respiratorias,
y era, además, un sedante poderoso.
Tiara miró con recelo el brebaje violeta,
en la pequeña taza de barro. Lo olió con desconfianza
y lo apartó rápidamente, tal fue la repulsión
que le causó.
Escuchaba los murmuros, las rizas apagadas,
los pasos incansables de Zonefria, el crepitar del fuego,
veía la luz tenue del día que aún entraba
por algunas fisuras de las paredes.
Las primeras en dormirse fueron las mellizas.
Luego la hermana mayor, que ya había vivido un invierno.
Luego el abuelo. Después todo fue silencio, solo
faltaba la madre, que era siempre la última en dormirse.
Pero Tiara no tomó su Cock. Por lo
contrario volcó el contenido en una hendidura de
su nicho, y fingió dormirse.
Para ella solo era un juego.
Quería ver a los dioses entrar.
Terminó durmiéndose, cansada
de esperar.
Parte 3: El Invierno
Cuando despertó estaba titiritando. El fuego del
hogar se había apagado hacía mucho tiempo.
Ya no entraba luz por las fisuras.
- ¿Mami?
No hubo respuesta.
- ¿Mami?
Solo escuchó el viento que afuera
soplaba con fuerza.
Lo primero que tuvo que hacer fue envolverse en la alfombra
de piel blanca que estaba en la sala. Luego, a duras penas,
logró encender una lámpara, volcó un
poco de su aceite en leños nuevos y de ese modo encendió
el fuego.
Se detuvo a mirar su casa. Que extraño
parecía todo ahora, no había ruidos, no había
luz. Subió hasta el nicho de sus padres y los encontró
abrazados y durmiendo. Revisó cada nicho y observó
que toda su familia tenía la piel azulada, los ojos
pegados, la boca abierta y seca, y no lamentó haberse
quedado despierta.
Nunca había cocido, sin embargo se
las ingenió para hacerse un abrigo, pantalones, guantes
y aún unas botas, con telas y pieles que fue arrancando
de varios lugares de la casa. Claro que la ropa le colgaba
de un lado y le apretaba del otro ¡pero abrigaba!
Luego, se animó a salir.
Soplaba un viento huracanado. Ya no había
nada de luz pero por vez primera, un Bjon veía un
cielo sin sol, negro como las piedras de la cantera, y cubierto
de una cantidad infinita de pequeñas luces que parpadeaban.
No existía en su idioma una palabra para estrellas,
como tampoco existe en el nuestro una palabra para describir
el asombro de Tiara.
Ya no podía divisar las montañas,
las adivinaba por sus perfiles que recortaban el cielo estrellado.
Poco a poco su viste se acostumbró
a la tenue luz estelar, y pudo distinguir la calle y algunas
casas vecinas. Los árboles estaban desnudos, el viento
los sacudía sin merced, las calles desiertas, no
escuchaba a los pájaros, ni a los niños jugar,
no había nada mas que desolación, y Tiara
se sintió sola.
Continuó vagando por las calles de
la ciudad. Muchas veces pensó escuchar a alguien,
pero solo eran efectos del viento. A un momento dado, le
pareció ver, en una esquina, ver algo pasar rápidamente
de un lado al otro. Corrió hasta el lugar, pero solo
había tinieblas. Cuándo se dio vuelta ¡algo
se le abalanzaba encima! Gritó de espanto, pero el
arbusto seco, arrastrado por el viento, solo le pasó
cerca.
Tiara se encerró en su casa por mucho
tiempo. Cada vez sentía mas frío. Tapó
gritas, cocinó. Cortó madrea, tejió
mas prendas.
De vez en cuando observaba a los suyos. Sus
cuerpos estaban helados, y se les había formado como
una extraña capa de grasa que los cubría como
una piel. Los rasgos de sus rostros se perdían, apenas
se distinguían los dedos de sus manos.
Una vez, Tiara fue a buscar una jarra a la
cocina. Se sorprendió mucho al encontrar dentro una
piedra cristalina, totalmente encastrada dentro de la jarra.
¿Serán los dioses? pensó. Toco el interior
de la jarra y eso pareció quemarle los dedos. Parecía
como un enorme diamante, atravesado por una infinidad de
grietas azuladas. Pronto descubrió que toda el agua
almacenada en la casa se había convertido en piedra,
pero que ese hechizo desaparecía cuando se acercaba
el agua al calor del fuego.
Quiso ver la calle. Se abrigó mucho
y se dispuso a salir. Pero por más que lo intentó,
no logró abrir la puerta. Terminó destapando
una de las aperturas selladas por su padre, y descubrió,
anonadada, que toda la ciudad estaba cubierta por un polvo
blanco que caía del cielo.
- Entonces era cierto
Ahora podía distinguir la ciudad entera,
el valle, las montañas. Todo estaba recubierto de
nieve. Pero lo que le pareció increíble fue
ver, a lo lejos, que el océano también se
había vuelto blanco.
La temperatura siguió bajando, y Tiara
tuvo que aprender a sobrevivir por si sola. Ya no se movía
de delante del fuego, salvo para buscar mas leña
o comida. Combatía la soledad y el silencio del mismo
modo que combatía el frío, cantando y tejiendo;
de hecho se había convertido en una experta tejedora.
Aguardó así, pacientemente, por mucho tiempo
la llegada de los dioses.
Y fue así, que en un momento dado,
una mano helada se posó sobre su hombro.
Se paró de un salto y descubrió,
horrorizada, un ser de mediana estatura que la observaba.
Su piel era prácticamente blanca, sus ojos amarillos
y negros, desmesuradamente grandes, su boca chica. Pero
lo que más le impresionó eran sus largos dedos
verdosos y sus uñas negras.
El ser gruñía palabras incomprensibles,
pero resultaba obvio que estaba tan asustado como Tiara.
De su piel caían como trozos de cuero. Por un momento
permanecieron en silencio, mirándose. Entonces el
rostro de Tiara empalideció. Buscó con la
mirada en cada nicho que tenía cerca, hasta que descubrió
que la escalera del nicho de sus padres había sido
movida. Largas fetas de piel grasosa pendían de ella.
Volvió a observar al ser, se fijó
en sus brazaletes, es la poca ropa que llevaba, vio que
se trataba de una hembra ... Y Tiara reconoció a
su madre.
Parte 4: los dioses del
frío
Zonefria se arrodilló delante de Tiara. Tiara lloraba
y se tapaba la boca para no gritar, mientras Zonefria seguía
balbuceando frases inteligibles.
Se escuchó un ruido, era el abuelo
que estaba despertando, lentamente emergió de su
nicho. Al igual que Zonefria, el anciano estaba transformado,
sus ojos enormes apabullados por la aparición de
Tiara, a quien consideró de inmediato una diosa del
día.
Pronto, toda la familia había despertado.
Les incomodaba la luz del hogar, se habían reunido
en la cocina, y Tiara los escuchaba discutir entre si. Al
tiempo, llega la madre con una bandeja de comida prolijamente
dispuesta. Tiara la aceptó, (pero nada tenía
que ver con lo que Zonefria le solía cocinar) y cuando
tomó la bandeja la madre se postro delante de ella.
- Mami, no ... Tiara intentó disuadirla.
La asió del brazo para levantarla, pero al sentir
su cuerpo helado la soltó. Zonefria por su lado,
se quedó tocando el brazo, como si el contacto con
Tiara la hubiese quemado.
Se escuchó un estruendo. Era el padre
que había logrado desbloquear la puerta. Un frío
polar entraba, pero las niñas no parecían
inmutarse con el contacto de la nieve y el hielo, todo lo
contrario, gritaban de alegría y con sus uñas
terminaron cavando un túnel que llegó hasta
la calle. Afuera se escuchaban los gritos de otros niños.
El padre salió también, y volvió
un poco mas tarde acompañado con el que Tiara adivinó
ser el gobernador.
Ambos se postraron ante ella. Y ella, paciente,
intentó por muchos medios hacerles entender quien
era, pero era obvio que no la entendían mas que ella
a ellos. Les señaló su nicho, y por respuesta
ellos sonrieron.
- ¿Habrán entendido? se preguntó
desconfiada.
El gobernador golpeo dos veces las manos,
y apareció un asistente. Al tiempo habían
llenado el nicho finas telas y joyas ...
Tiara suspiró.
El desfile de gente fue continuo. Venían,
se postraban, decían palabras incomprensibles, dejan
sus ofrendas y se iban contentos. Zonefria observaba seria
como se iba llenando su salón de objetos de los mas
diversos.
Pero lo peor de todo, fue que a un momento
dado, una persona vino con un niño. Este tenía
uno de sus ojos cerrados. Aparentemente, después
de la hibernación su ojo no había logrado
abrirse. El padre se arrodillo ante Tiara, y luego le presentó
a su hijo.
- ¿Pero? ¿Y que se supone que
tengo que hacer?
El niño estaba asustadísimo
ante el rostro extraño de la diosa del día.
Para él los ojos de Tiara era diminutos, su piel
horrorosamente oscura, sus dedos cortos, prácticamente
sin uñas. ¡Toda una bruja!
Tiara observó alrededor de ella. Todos
estaban contemplando la escena. Finalmente, suspiró,
atrajo al pequeño hacia ella (casi a la fuerza) e
intentó ver que le pasaba en el ojo. Pero quizá
por el contacto de la piel caliente de Tiara, quizá
por el terror que sintió el pequeño, el ojo
se abrió, grande, profundo, con la mirada de la gente
del frío. El chico corrió hacia su padre,
y al ver el milagro todos se arrodillaron, y cantaron con
sus voces roncas por un largo rato. Tiara se agarraba la
cabeza entre las manos ...
Pasó bastante tiempo antes de que Tiara aprendiese
algunas palabras de la gente del frío. Comida, plato,
nieve, frió, fuego ... Le costó mucho mas
pronunciarlas.
Impidió (por todos los medios) que
abrieran las aperturas selladas, y ellos terminaron entendiendo
que Tiara tenía frío. Trajeron entonces mucha
leña y muchas pieles. Vinieron ancianas y cocieron
gran cantidad de botas, prendas, guantes muy gruesos.
Después de un tiempo, notó
que incorporaban pescado a sus dietas. Obviamente la gente
del frío eran cazadores y pescadores, no agricultores.
A un momento dado, quisieron llevar a Tiara
afuera de la casa. En un principio esta se negó,
pero era tal el entusiasmo de esta gente que no pudo negarse.
Se abrigó triplemente, y subió por la apertura
de nieve, a la cual se le habían esculpido unos escalones.
Al salir respiró el aire helado y puro de la larga
noche. La inmensidad de estrellas parecía aun mayor.
Pero quedó anonadada al contemplar que sobre el cielo
se formaban largas líneas de colores que parecían
bailar de un lugar a otro. La gente del frío aplaudía
el espectáculo, siendo las auroras boreales seguramente
un buen augurio para ellos.
Después de esa experiencia, Tiara
se animó a salir de vez en cuando a la calle, en
los momentos donde el viento no soplaba.
Terminó dominando el idioma de la
gente del frío. Cuando se sintió lista, pidió
a los ancianos y a sus padres reunirse con ella en el salón
de Zonefria.
Parte 5: la diosa del día
- Lo que les voy a decir articulaba Tiara con dificultad
es algo que sin duda los sorprenderá mucho
Había un gran silencio respetuoso
en la sala, el gobernador estaba sentado en primera fila.
- Bien dudó Tiara para empezar, yo
no soy una diosa
Hubo en ese momento un murmuro entre la gente
del frío. Hasta se escuchó una riza entre
aquellos que estaban cerca de la puerta.
- Yo dijo con solemnidad, mientras abría
los brazos hacia sus padres soy hija de ustedes
Se escucharon entonces gritos, vociferaciones.
Algunos se pararon.
- ¡Los dioses nos están probando!
- ¡Eso no puede ser! ¿Acaso
ellos pueden engendrar dioses?
Le costó muchísimo a Tiara
hacer que todos se calmaran.
- Déjenme explicarles, o al menos
decirles lo que yo creo es la explicación
- ¡No vamos a escuchar tus tentaciones,
diosa mentirosa! gritó un anciano desde el fondo.
- Por favor, por favor pidió el gobernador
déjenla hablar
- Sé que esto es difícil. Lo
fue también para mi. Mi nombre es Tiara , nací
este verano de Zonefria y Pkiolckek que ustedes llaman Abú
y Kor. Cuando el sol se ocultó, mi familia y yo nos
dispusimos a beber el Cock, que es un preparado que nos
hace invernar. O al menos así lo creíamos.
Yo quería ver a los dioses de la noche, así
que engañe a mi madre y tiré el Cock. Sobreviví
al frío de milagro, hasta que ustedes despertaron.
Ustedes son nosotros, son los dioses de la noche, son los
dioses del día.
Hubo esta vez un gran silencio.
Después de un tiempo, uno de los ancianos
pidió la palabra.
- Por un momento les pido que supongamos
que las palabras de la diosa son ciertas. Quiero decir de
Tiara y al decir esto sonrió a la joven Supongamos
por un momento que nuestros cuerpos se transforman para
adaptarse al calor y al frío. Pasamos a tener ojos
pequeños cuando hay luz, sangre fría en el
helado invierno, se transforman las manos, la piel ... supongamos
que en esa tremenda transformación física,
también perdamos la memoria. Supongamos por último
... y al decir esto hizo un silencio ... que por cientos
de años hemos estando creyendo en los dioses del
día y de la noche, cuando éramos nosotros
mismos
- Eso explicaría porque algunos desaparecen
durante el día dijo un anciano.
- Y porque algunos nacen agregó el
que estaba hablando eso, en realidad explicaría muchas
cosas
- Pero de ser así dijo aquel que se
había indignado anteriormente ¿qué
hay de del dolmen? ¿qué de las escrituras
místicas? ¿qué de las ofrendas?
Zonefria se paró. Se acercó
a Tiara.
- Me temo dijo en voz bien alta que hemos
estado ofrendándonos y escribiéndonos a nosotros
mismos
Miró a Tiara, la tomó de los
brazos y dijo:
- Siempre sospeché que había
algo entre nosotras
Entonces Tiara se hundió en los brazos
de su madre y lloró profundamente. La madre hizo
un visible esfuerzo para aguantar el calor del cuerpo de
Tiara.
- ¿Cómo me vas a llamar el
próximo invierno, mamá? preguntó por
fin con el rostro bañado en lágrimas.
- Querida, por ser la primera en visitar
ambos mundos, mereces llamarte del mismo modo en ambos pueblos.,
con el mas lindo de los nombres: Tiara
Parte 6: el día
Cuando empezó el calor y el sol fue aclarando el
cielo detrás del horizonte, Tiara vio como su familia
seguía un ritual muy similar al Cock (pero esta vez
con una mezcla de cola de pescado)
Para ese entonces Tiara había aprendido
a leer y escribir en el idioma de la gente del frío.
Y cuando su pueblo despertó, trajo
consigo gran cantidad de rollos, en los cuales los ancianos
del frío habían comenzado a transcribir s
sabiduría.
Le costó, quizá, mas trabajo
convencer a los ancianos del día que de la noche.
Pero poseía gran habilidad para manear los instrumentos
de los dioses del frío, leer sus escrituras, contarles
quien y porque habían muerto y nacido ese invierno.
Ya no era una niña, se había
convertido en una mujer, y hasta su muerte fue quien llevó
la comunicación entre los dos mundos. Ya no se trataban
de ofrendas sino de intercambios de materia prima útil
para cada estación. Y, ante cada invierno, aun cuando
era muy anciana y que sus articulaciones le dolían
mucho, nunca dejó de llevar a sus nietos a ver el
saludo del Morlock.
Aun hoy, cuando los pueblos encontraron
la cura para la memoria, la estatua de Tiara está
erigida junto al dolmen, en el valle de los Bjon.
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