|
Desde La Niebla
*
Martín
Cagliani
-¿Qué es eso? -preguntó
Gork.
-¿Qué cosa? -contestó
Baruk.
-Eso. Allá en el horizonte.
-No lo veo.
-Pero ¿sos ciego? Ese punto negro
cerca de La Niebla. Es como una piedra grande que flota
sobre el Mar.
-Mmm, es una mancha.
-¿Cómo que una mancha? ¿Qué
quiere decir eso?
-Ahora que lo veo mejor, creo que tenes
razón. Y se esta moviendo.
-¿Viste? ¿Qué será?
Gork y Baruk estaban en plena patrulla cuando
encontraron un Punto Negro. Pasaron más de una hora
vigilándolo antes de notar que habían descuidado
sus tareas.
-No puede ser humano. Ninguna persona cuerda
estaría sobre las aguas -dijo Baruk. Las personas
de La Isla, detestaban las aguas, y les temían también.
-Ni de los Dormidas. Ellos tampoco se acercan
al agua -aclaró Gork.
-Es una piedra.
-Te dije que no puede ser una piedra. Se
está moviendo, y las piedras no se mueven, menos
sobre las aguas.
-¿Y qué son los brillos que
se ven a veces?
-Puede ser de metal, como mi espada. También
brilla al sol.
-Pero si es de metal, tiene que haber sido
hecho por algún humano, o un Dórmida. Y ninguno
de ellos haría algo para flotar en el agua. ¿Tu
espada flota en el agua?
-¿Y si son los Magos que vuelven
del exilio?
-Imposible, los Magos fueron desterrados
de La Isla hace muchas generaciones, y los echaron al Mar
sobre troncos de árbol, no sobre piedras.
-Por ahí con su magia los volvieron
metálicos así podían volver más
seguros.
-No es descabellado lo que decís.
Perdimos mucho tiempo. Tendríamos que seguir patrullando,
pero creo que es más importante vigilar el Punto
Negro, y avisar del descubrimiento.
-La patrulla puede esperar. Mejor voy corriendo
a comunicarle el descubrimiento al Gran Sabio. Si son los
Magos… puede ser una catástrofe.
-Perfecto, andá a avisar que yo vigilo.
No tardes.
-Tranquilo, que las lenguas apresuradas
siempre se traban -dijo el Gran Sabio de Gurulad.
-Contame qué es ese Punto Negro -Le
dijo a Baruk.
Baruk, muy nervioso, le contó todo
lo visto y elucubrado por él y Gork. El Gran Sabio
se quedó pensativo unos minutos, mientras Baruk esperaba
una respuesta, parado, muriéndose de angustia. Pero
el Gran Sabio se limito a despacharlo con un gracias y que
estuviese atento por si lo necesitaba. Acto seguido, el
Gran Sabio convocó al Consejo y a los Guerreros.
La reunión duró varias horas. Se discutió
sobre los Magos, si podían o no volver de Más
Allá de la Niebla. Pero el Gran Sabio dijo que nunca
persona alguna había vuelto de allí. Se contaron
casos de apariciones, pero nunca pasaron de ser simples
Puntos Negros en los límites de la Niebla.
Resolvieron enviar un grupo de cincuenta
guerreros, acompañados por unos Sabios para estudiar
la situación. Baruk los guiaría.
El Gran Guerrero, Suni, despachó
a los mensajeros en busca de los cincuenta mejores guerreros
guruldines.
Gork no podía creerlo. Parecían
ser personas las que andaban sobre la piedra. Ya estaba
muy cerca esta piedra u objeto de metal. Se podía
distinguir su forma alargada, no mucho más alta que
un hombre con su espada en alto. Y si esos que andaban por
encima y por dentro de la piedra eran hombres, no quedaba
explicación posible: eran los Magos, que estaban
de vuelta. Y seguro con ánimos de venganza.Suni,
el Gran Guerrero, pensó que sería mejor quedarse
alejados de la costa. Primero irían él, Baruk
y los dos Sabios que los acompañaban. Unos cien metros
antes de La Colina, que rodea la Isla, dejó a los
guerreros al mando de Torgon, y partió con los tres
elegidos en busca de Gork.
Cuando Gork los vio llegar desesperaba por
contarles todo lo ocurrido. Los Sabios lo ignoraron y se
pusieron a estudiar el supuesto Punto Negro, que a simple
vista, ya no lo era. Pero Suni y Baruk calmaron a Gork y
lo escucharon. Escucharon su descripción paso a paso,
cómo la Piedra había ido acercándose
a la costa, y cómo había personas arriba y
adentro de la Piedra. Gork había contado veintidós
diferentes personas, pero estaba seguro que había
más dentro de la Piedra. Ya estaban en playa.
-¿Cómo es que los dejaste
llegar a la Isla? -preguntó uno de los Sabios.
Gork sintiéndose insultado sólo
atinó a decir:
-Si me hubiesen dado un arco como pedí
para mis patrullas, los podría haber mantenido a
raya. Pero sin arco no podía hacer nada, son muchos
más que yo.
-A callar -Dijo el otro Sabio-. Es claro
que no son los Magos. No sé qué puedan ser,
pero no los quiero en nuestra Isla. Tenemos que organizar
una partida de aniquilamiento enseguida. Suni, ¿te
parece que con los Guerreros podés contra los extraños?
-Hay algo que deben saber -interrumpió
Gork-. No serán los Magos pero tienen unos objetos
de mano que disparan piedras. Parece magia. Poco antes que
ustedes llegasen, estaban haciendo puntería ahí
en la playa.
-¿Qué tipo de arma es esa?
-pregunto el primer Sabio.
-No lo sé, parecen de metal y hacen
mucho ruido cuando pega -dijo Gork-. No sé para que
el ruido, si no parece más dañino que una
flecha. Eso sí, arroja la piedra con muchísima
velocidad, y muchas a la vez. Y los que disparaban…
-¿Cómo? ¿Tienen más
de una?
-Sí, por lo menos ví dos.
-Esto cambia el panorama. Suni, hay que
conseguir más guerreros. ¿No te parece? -dijo
uno de los Sabios.
-No subestime a mis hombres -espetó
Suni-. Si podemos con doscientos Dórmidas, seguramente
venceremos a más de cincuenta de estos hombres. Parecen
debiluchos. Y si sólo tienen dos de esas armas, no
es problema. Cada uno de mis guerreros tiene un arco. Los
podemos emboscar. Les ofrecemos una carnada como para que
vengan hasta el cauce de este arroyo, y los llenamos de
flechas.
-A mí me parece demasiado simplista,
pero si creés que podés lograrlo con cincuenta
guerreros, manos a la obra- dijo el Sabio.
Gork y Baruk recibieron el “honor”
de ser la Carnada. Los sabios enfilaron, junto con el guerrero
Torgon, hacia Gurulad para contar las nuevas noticias. Al
mismo tiempo tratarían de reclutar algunos refuerzos,
por si la emboscada no salía bien.
Los guerreros se dividieron en dos filas
que flanqueaban el cauce del arroyo Oscuro. El curso rocoso
atravesaba al Pequeño Bosque. Los árboles
llegaban hasta el límite del arroyo, juntándose
las copas de éstos en lo alto, de ahí el nombre
del arroyo. El Pequeño Bosque también llegaba
hasta el borde de La Colina, que rodeaba La Isla.
Los Guerreros eran especialistas en el camuflaje,
era imposible verlos incluso a escasos pasos de distancia.
Esta técnica la dominaban desde hacía muchas
generaciones, fogueados por las constantes luchas contra
los Dórmidas.
Luego de estudiar a los que venían
de La Niebla, concluyeron que en la costa eran veintiséis.
En la Piedra no parecía haber nadie, según
habían observado todos habían bajado a tierra
en un objeto metálico menor. Estaban montando un
campamento en la playa.
Gork y Baruk partieron al encuentro. Fueron
caminando por el arroyo seco sin sus espadas, ni escudos.
Al llegar a la playa se quedaron inmóviles, los extraños
se quedaron mirando a sus inesperados visitantes. Estos
seres de Mas Allá de la Niebla parecían perfectamente
humanos, sólo que con ropas raras. Enseguida uno
de los extraños se acercó con una mano en
alto pronunciando una serie de sonidos que no parecían
pertenecer a una lengua humana, era como que si estuviese
balbuceando. Gork y Baruk se miraron, casi se rieron, pero
sólo imitaron el gesto del extraño y le sonrieron.
Enseguida hicieron ademanes para que los siguieran, y comenzaron
a subir por el arroyo. Primero los siguió el de los
sonidos raros, luego, de a poco se fueron plegando todos,
no sin antes mediar varias señas de Gork y Baruk.
Poco antes de llegar al punto convenido
para la emboscada, Gork y Baruk comenzaron a correr. Los
extraños se quedaron quietos sin saber que hacer.
Parecía que se comunicaban entre sí. Eran
muy raros, no tenían pelo en la cara, como las mujeres.
Aunque parecían ser todos hombres, y sus ropas eran
de colores brillantes y variados.
Al parecer no muy decididos, comenzaron
a seguir a los dos guruldines. Y cuando al fin estaban en
el lugar indicado, los Guerreros comenzaron su canción
ritual. Junto con el canto una lluvia de flechas cayo sobre
los extraños. Pocos segundos duró la masacre,
todos cayeron abatidos. Los Guerreros, con Suni a la cabeza,
se lanzaron al ataque espadas en mano y los decapitaron
a todos, sólo por si eran Magos. Más de uno
buscó algún tesoro o pertenencia de valor
entre los cuerpos sin vida.-Buen día, señor
-dijo el oficial.
-Buen día -contestó otro oficial
de más alto rango-. Qué se sabe de los científicos
ingleses perdidos.
-Nada todavía señor. Ya van
dos semanas desde que partieron a investigar esa extraña
niebla aparecida junto a las costas de Mar del Plata. La
niebla se fue, luego de ocho meses, pero no aparecieron
ni ellos, ni su embarcación.
-Qué me dice de ese charlatán
que anda diciendo por televisión que esta niebla
ya había aparecido en otras costas del mundo.
-Nada, señor. No hay que hacerle
caso. El de la niebla es un caso típico en la mitología
de los pueblos costeros. Piensan que la niebla se traga
a la gente, pero son sólo leyendas.
-Manténgame al tanto.
-Sí señor. Que tenga un buen
día.
-Buenos días.
Fin
*15.11.01
|