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Todo lo que te tenía
que decir y no dije
de H de T
Estuve buscando el mejor momento para hablar
con vos, para decirte todo lo que tengo atragantado; todas
las veces que me malinterpretaste y todo lo que siento cada
vez que te veo.
Descontado está que lo que escribo
se remite a lo que YO siento, muy lejano siempre a lo que
VOS percibis.
No se lo que te pasa, ya no hablás
conmigo y eso me duele más que nunca. Somos como
dos extraños que apenas se conocen… aun después
de todo lo que pasó y todo lo que pudo haber pasado
y no quisimos.
Descontemos tu falta total de compromiso
y mi excesiva estupidez. Son dos factores que debemos incluir
en la equación si queremos que se entienda algo de
todo este embrollo.
Te confieso: no se si me dolió más
tu desdén estudiado o tenerte que seguir viendo aun
cuando en mí había una mezcla inexplicable
de odio y afecto, tan intrincados que no podia diferenciarlos
entre si.
Sentí que me matabas día a
día con tu indiferencia, con tu trato distante y
con tus mentiras. ¿Se te olvidó que me compartiste
algo de tu vida? ¿Te olvidaste de que yo fui en parte
complice de tus tretas y engañitos?. No me duele
el que me hayas cambiado con tanta facilidad, lo que me
lastina es la mentira.
Y me dirás, “¿cambiarte?
Si ni siquiera te elegi, en primer término”
, es verdad, soy conciente de ello. Pero también
es cierto que fuiste absorbiendo -conciente o inconcientemente-
todo el aire que tenía en derredor, hasta no poder
respirar más que tu piel. Te fuiste metiendo en mis
espacios, en mis pensamientos, hasta que ya no podia dejar
de soñarte. Te vendiste tan bien: el hombre comprensivo,
el compañero, el amigo… las cosas se enredaron
demasiado y me apartaste bruscamente. Crei que se derrumbaba
mi mundo, me sentí enamorada de vos: por tu sonrisa,
tu capacidad de contener, tu “siempre estar ahí”.
Pero, de pronto, me di cuenta que eso era una ilusión,
me habia equivocado. Era tanta mi necesidad de contener,
de amar, de sentir, que me crei enamorada del primero que
que me daba un poco de si. Y reconocé que vos también
estuviste confundido mucho tiempo al respecto… lo
que nunca sabré es si decidiste que no me amabas
por comodidad y para evitar descalabros mayores, o si realmente
no sentías eso por mí. A veces la mente nos
juega bromas, y nos alborota las emociones hasta hacerlas
irreconocibles.
Yo decidí que estaba enamorada del
amor, del hecho de estar enamorada, de entregarme a alguien
de una forma casi de cuentos, entre poesias y paseos por
el parque; entre mimos y susurros… entre besos contenidos
hasta el derrumbe absoluto de la razón.
Hubo un quiebre. Pero luego, un día,
casi sin querer todo empezó de nuevo, y esta vez
el amigo se convirtió lentamente en el maestro, el
amante y el complice de momentos especiales.
Hubo algunas charlas de sinceramiento que
ambos necesitabamos. Creo que parte de nuestra relación
se basó siempre en las conversaciones, la torpeza
de haberlas matado con silencios y especulaciones no hizo
más que confundirnos.
No se puede evitar lo inevitable.
Muchas veces me he preguntado por qué
razón sigo preocupada en lo que pensás o hacés,
si me demostraste más de una vez que tu único
interés sos vos mismo y las cosas que a vos te preocupan.
Ambos sabemos que no somos la imagen del
hombre o la mujer perfecta del otro, y eso es un alivio.
No hay necesidad de enamorarse, ni de sufrir por ello. Pero
lo paradojico es que tu alejamiento me lastima, y tus acercamientos
furtivos siempre resultan ser vengancitas personales hacia
otras personas que no conozco, pero intuyo.
De veras que tus vacios, tus silencios,
tus desprecios me martitizan como nunca pense que lo harian...
y como una estupida te estoy dando nuevamente el arma perfecta
para que contribuyas con mi agonía.
No se que te pasó, un día
estabamos charlando risueños y cariñosos y
al día siguiente no me hablaste más y pusiste
una muralla. ¿Qué hice? ¿Qué
dije? Si estaba todo claro, porque actuaste como si no lo
estuviera? Espero poder encontrar el momento para hablar
esto con vos personalmente, detesto las materias pendientes.
Es cierto, no puedo estar con vos, pero
sin vos tampoco. Soy terrible, ya lo se. También
se que si de casualidad lees estas lineas vas a estar masticando
tu bronca un tiempo prudencial hasta encontrar la mejor
forma de mandarme al infierno, y darme el golpe por donde
más me duela, pero sin que se note.
Entonces… ¿Qué demonios
quiero? Eso te estarás preguntando… o al menos
eso espero, porque siempre has estado muy centrado en tus
propias necesidades y gustos… como si preguntarme
que me haria feliz implicara un compromiso demasiado pesado
de cargar.
Dejamos claro algo obvio :lo nuestro no
es amor, al menos no el tipo de amor que hace que uno cometa
locuras y tienda a idealizar al otro. ¿Atracción?
Sin duda. ¿Afecto? Un poco. Antes creia que era mucho…
pero terminé por darme cuenta que lo que más
nos gustaba del otro era lo que no podiamos tener o lo que
más nos deleitaba de nosotros mismos y veiamos reflejado.
La magia era comprobar lo que el otro despertaba en nosotros
y no sabiamos que poseiamos… eso creo que fue lo que
más nos sedujo.
Entonces… ¿qué quiero?
Quiero a mi amigo de vuelta, a mi osito, a mi caballero,
a mi hombre. El tiempo que dure, pero sin egoismos.
Yo no te cuento de mis hombres, vos no me
cuentes de tus mujeres. Compartamosnos mientras estemos
juntos y olvidemosnos cuando estemos con otros.
Nos necesitamos, aunque no queramos aceptarlo,
aunque nos duela… nos hacemos falta.
Quiero las visitas inesperadas, las noches
fantásticas, las charlas de mate, los besos sorpresa,
los viajes insólitos. Nada más. Quiero sentir
que no fui un juego para vos, quiero volver a ser especial.
No sabemos lo que nos depara el destino,
pero mientras dure lo que quiera que sea esta relación,
quiero sentirme feliz.
Nunca pense que diría esto, pero
de veras que no creo en el amor; es un sentimiento que sólo
se puede vivir desde el deseo del alma, pero pocas veces
encuentra su asidero en cuerpo humano. No moriría
por amor, no mataría por amor. Solo quiero estar
bien, sentirme especial de vez en cuando y continuar con
mi vida.
Te quiere, a pesar de todo.
Helena
TuRemanso | Todo lo que te tenía que decir
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