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Nuestro encuentro
de Carlos Javier Fiorillo
Te imagino como una violenta tormenta del
desierto que cabalga sobre mi cuerpo descubierto, que transitas
por la nevada urbe inalcanzable a donde espero llegar para
verte pasar. Te reconoceré por tu belleza, por tus
ojos brillantes y tu cabello tan valioso como el oro; todo
lo he soñado, tu voz que canta y tu atractivo andar.
El día de nuestro encuentro será
como cualquier otro; ambos nos abriremos paso entre la gentuza
que estorba y contamina la calle con su presencia. El sitio
no tiene nada de especial, ha de ser largo y obstinante
como el tedio, decorado con una asfixiante cortina de smog.
Edificios que crecen indetenibles como el cáncer,
parecen amenazar desde lo más alto, sin lugar para
la fauna y la flora. Y más tarde nosotros que somos
una especie en extinción. Se fueron para siempre
los los pájaros que la alegraban con su canto. Casi
queda un espacio para el sol, con su muestra de luz de lívido
brillo, a punto de morir sepultado por la nubes provocadas
por la industria salvaje que vomita un negro aliento de
sus fauces.
Inevitablemente estaremos en el final de
nuestra juventud marchita, transcurrida sin goces, ni lujos.
Habremos naufragado en Caracas, la ciudad asesina bajo la
amargura de su eterno abandono. Estaremos preparados para
la partida de muchas ilusiones y el desvanecimiento de muchas
esperanzas.
Lamentaremos la añoranza de imposibles
afectos y de logros que llegaron demasiado tarde para nosotros.
Sin salida seremos parte del montón, otro par de
robots manejados por un mundo hóstil, con nuestra
conciencia cerrada a la humanidad, nuestra más férrea
enemiga. Nuestra mente ser?para todos impenetrable como
una roca y para nosotros la cadena perpetua.
Son las consecuencias del orgullo, maligna
soledad habremos conseguido.
Mis cabellos colgaran grises cual ceniza,
producto de una vejez a la que nunca quise llegar.
Habremos llegado lejos en un mundo incierto.
Los años habrán pasado sin amortiguar esta
sensación amenazadora, la cual es tolerable sólo
para aquellos que tienen la virtud de soñar y escaparse
del veneno mortal que es la vida. Es como una bomba de tiempo
a punto de estallar. La sensibilidad que del adverso mundo
nos vuelca hacia al mundo de los sueños, se habrá
fortalecido al alejarse el acoso de la melancolía
de nuestro horizonte vespertino.
Finalmente, al encontrarte quedaremos unidos
por la semejanza de nuestro destino y el poder de nuestro
amor. Renunciemos a Caracas, la ciudad moderna que se atormenta
y se pudre de avaricia. Y se iniciarán los recuerdos
y lamentos que resucitarán como fantasmas buscando
un tiempo que no volverá.
Nuestros huesos yacen refugiados en un saco
de piel estéril incapaz de dar vida a otro ser. Unidos
en un mismo sueño huiremos del mundo antes de que
este nos convierta en esclavos. Escaparemos en un vuelo,
porque nuestras vidas finalizarán sin huellas, ni
legados. Seremos despreciados por la postre con la consigna:
"vivieron como espantos sobre la Caracas maldita".
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