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de
Anne Bradstreet
De prisa , Febo, el día
es demasiado largo, huye. La noche silenciosa es mejor
para llorar. Pero espera esta vez, escucha mis razones,
y cuenta mis dolores en los dos hemisferios, y si los
remolinos de tus ruedas no ahogan el sonido de mi llanto
si en tu rauda carrera consigues detenerte te pido este
regalo, un alto en tu camino para hablarle de mí
al hombre que amé más que a mi vida.
Muestrale el dolor de su
esposa sola. Mis tristes pensamientos, mis gemidos,
mis lágrimas furtivas, mis sollozos, mis ansias,
mis miedos vacilantes. Y si él me ama ¿cómo
podrá aceptarlos? nada en el mundo me importa
como esto. El que pueda encontrar las estrellas o las
arenas del mar. Todas las briznas de pasto en la pradera.
Las hojas en los bosques, el granizo o las gotas de
lluvia, cada grano en un trigal, cada mota de polvo
que palpita en un rayo de sol. Puede contra con mis
suspiros y enumerar mis lagrimas. Háblale de
lo que caminas cada día para poder abrazar a
tu esposa, y cuando no puedes llegar a ella con tu amante
boca le saludas con tus lejanos rayos desde el sur.
Pero hace un mes, pobre
de mí, que yo no veo la luz del día. Como
los que están en el polvo, y día a día
esperan verte brillar. ah, cómo les regocija
que ilumines los cielos oh Febo, si tanto hubieras escondido
tus rayos.A tu regreso, si hubieras podido, te hubieras
atrevido a mirar un Caos más negro que el primero.
Dile que esto es peor que una gran confusión...
su pequeño mundo está hundido bajo el
agua. Sólo el fervor de sus rayos ardientes podrá
secar el aluvión.
Dile que quisiera decir
más, pero no puedo... las mentes oprimidas cuentan
historias truncas. Ahora parte velozmente y escucha:
por todos nuestros amores dile que vuelva.
TuRemanso Romántico
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