¿Cómo educar a los “nativos digitales”?
A raÃz de un artÃculo de la revista LNR del 9 de agosto: “Papá, yo te explico” me decidà por terminar de escribir un post que tenÃa en el tintero desde hace tiempo: la escuela y la familia en tiempos del 2.0.
Mucho se ha escrito sobre los nativos, los inmigrantes y los nacionalizados digitales ( están los apocalÃpticos y los integrados, en categorÃas de Eco), este artÃculo no quiere volver sobre este asunto, sino más bien demostrar o al menos bosquejar que no se es mejor ni peor por pertenecer a uno u otro grupo.
La tecnologÃa es fantástica por muchos motivos, pero no creo que sea la única respuesta frente a la elección de un estilo de vida. Ser extremistas, este es uno de los defectos que solemos acarrear desde la época del maniqueÃsmo (y antes también), y siempre viene acompañado de dolor.
Estoy completamente de acuerdo en aprovechar los beneficios de Internet y la infinidad de aplicaciones que se generan dÃa a dÃa. Me fascina la inventiva y la capacidad de gestión de aquellas empresas o sujetos particulares que nos facilitan las labores domésticas, las comunicaciones, la mejora y conservación de la salud y un largo etc.. Lo que no me parece inteligente es hacer borrón y cuenta nueva en nuestra historia de vida, como si esa “mochila” fuera un impedimento para poder ingresar al fantástico mundo del 2.0.
Un poco de yin, un poco de yang
Creo que uno nació en una época, que vivió ciertas experiencias positivas y ciertas negativas, que lleva consigo su bagaje de aprendizajes y sus recuerdos. Creo también que uno no debe vivir en el pasado, pero si debe recordar y atesorar aquello que le da una identidad como sujeto, aquello que le recuerda por qué y para qué está aquÃ. Como adultos es nuestro deber ver y aceptar la realidad que nos rodea: un mundo invadido por la tecnologÃa, la comunicación, la información; un mundo también invadido por el hambre, la ignorancia, la injusticia y la crueldad. Donde la esperanza de vida se ha elevado a 77 años, mientras algunos bebes mueren por enfermedades completamente tratables. En el medio de estos dos extremos se desarrolla la vida.
TenÃan razón los chinos cuando le dieron al mundo su Tao: “no hay nada completamente negro, ni completamente blanco y ambos aspectos se encuentran en la búsqueda de un equilibrio dinámico. Aristóteles nos hablaba del Justo Medio, y Buda predicaba el Noble Óctuple Sendero, la acción recta para una liberación efectiva. Creo que es hora de comenzar a aplicar estas teorÃas y aprender a vivir en armonÃa con nuestro entorno, sin desmerecernos a nosotros mismos.
Lo que importa
Si algo he aprendido en estos años de convivencia con las nuevas tecnologÃas es algo tan viejo que hasta tiene un dicho popular: “no es oro todo lo que reluce”. La tan cacareada comunidad virtual, puede ser bastante sorda y obtusa frente a los verdaderos problemas de la vida. Las sinergias no son inmediatas ni espontaneas (a menos que seas parte del selecto mundo de los “popes”). Encontrarás muchas buenas ideas y brillantes personas, pero también hallarás a sujetos egocéntricos que sólo se interesan por su propia gloria personal.
Mis padres me enseñaron (en la época de la Lexicon 80) que lo importante es poder discernir, darse cuenta qué nos conviene, poder elegir de dónde y qué aprender. Creo que en este espacio de locura digital, la clave sigue siendo la misma: discernir, contextualizar, procesar.
Las redes sociales, la comunidad virtual no es para nada la panacea universal que nos quieren vender. Es una brillante oportunidad de conocer e interactuar con personas con los mismos o distintos intereses pero, como toda herramienta, como todo conocimiento, su uso corre bajo nuestra completa responsabilidad.
Saber educar: cómo enseñar sin dejar de aprender
Como educadores (docentes y/o padres) tenemos que saber valorar nuestros propios recursos: nuestra escala de valores, nuestra experiencia de vida, nuestra intuición, sin dejar de aprender jamás. La vida, como me gusta decir, es un continuo enseñaje (término acuñado por Bleger). Nuestro mayor desafÃo es poder inculcar valores, capacidad de análisis, reflexión y sÃntesis a nuestros hijos/alumnos y aprender de ellos su facilidad para el pensamiento paralelo, la multitarea, y el manejo intuitivo de la tecnologÃa. Hay que comprender que esto no es una competencia. Que esto deberÃa ser más bien una complementación. Un aprender el lenguaje de nuestros hijos y un enseñar la manera de no perderse en el mar de la virtualidad.
Una vez, leyendo una biografÃa sobre W. A. Mozart me quedó vibrando un concepto:
“No vayas detrás de la moda, corrés el riesgo de no alcanzarla jamás. Construà tu propio estilo, que en algún momento la moda te alcanzará a vos”.
No hay que perder las perspectivas ni el horizonte. No hay que correr detrás de la moda, no hay que pretender algo que no somos para “encajar”.”Encajar” en dónde, para qué. El padre, el maestro; tienen que seguir siendo: padre y maestro. Cuando los niños y los adolescentes reconocen un rol definido, lo aceptan y respetan. Aclaramos que un rol definido no tiene nada que ver con ser autoritario o inflexible, sino todo lo contrario. Si nosotros no tenemos claro el rol, difÃcilmente lo tendrán claro los demás.
Ser padre/maestro es saber decir “no se”. Es poder guiar hacia el futuro, sin perder de vista el pasado, pero de pie en el presente. Es poder disfrutar de las destrezas de quienes nos preceden y tener la certeza que el alumno -con el tiempo- siempre superará al maestro. Es poder desarrollar la flexibilidad de pensamiento para aceptar otras realidades, otras formas de percibir el mundo, otras formas de interactuar en él.
Hay que perderle el “miedo” a los niños y adolescentes: que sepan manejar mejor el control remoto no los habilita en la vida, no los hace más maduros emocionalmente, no les facilita el sentido común. Los nativos digitales, siguen siendo seres humanos en desarrollo, llenos de temores, inseguridades y esperanzas. Seres que necesitan de nuestra comprensión, nuestro cariño, nuestras palabras de aliento y nuestro punto de vista generacional. Acercarnos a ellos no implica abandonarnos, sino enriquecernos.
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Estimada Cintia: me gustó mucho tu post, cuya postura comparto.
Quizas sea por ello que no entiendo el calificativo de “apocalÃptico” que me otorgas. Posiblemente una lectura de todos los posts que escribà sobre el tema nativos e inmigrantes digitales (unos cuantos, no sólo el que señalaste) te permitirán ver nuestras coincidencias.
Cordiales saludos.
Alejandro.
Alejandro: tenés razón!
Debà haber puesto “los reticentes”, “los poco fanáticos” o incluso “los precavidos”. Lo de apocalÃpticos estuvo como un poco exagerado.