Hoy, como ayer… pero mejor


» Me gusta la gente que sabe escuchar el viento en su piel, Oler las cosas, Capturar su alma. Los que tienen la carne en contacto con la carne del mundo. Porque allí hay verdad, allí hay dulzura, allí hay sensibilidad, allí todavía hay amor.»  

Alda Merini

Relato de unos días inquietos

Escribir… borrar. Suspirar. Mirar fija la pared frente mi. Respirar profundo. Levantarme. Caminar. Mirar por la ventana. Estirarme. Volver a sentarme.

Repetir la operación.

Quién dijo que 20 años no es nada!?

7 años sin pasarme por aquí no son demasiado tiempo?

Los interrogantes se atropellan en mi mente y me hacen enfrentar una y otra vez la hoja en blanco.

Tendría que decir algo nuevo.

Tendría que escribir algo memorable.

20 años es mucho tiempo…

Revelaciones despeinadas

Cierro los ojos y pasan frente a mi tantos recuerdos. Me acarician y se desvanecen. Como si quisieran decirme que están en mi, que nunca me abandonarán, que confíe.

Estoy grande ya, la parálisis por análisis es mi amiga y puedo sugerirle gentilmente que se deje de joder.

Tengo que mirar hacia adelante.

Tengo esa facilidad.

Pararme cabeza abajo y dejar que la vida me despeine.

No pensar tanto, o pensar mucho… pero sin especular.

Soy un ser pensante. He aprendido a ejercitar la observación reflexiva y eso me ha permitido encontrarme a mi misma. A tal punto que tengo la intuición en carne viva.

Cerrar los ojos y ver lo que viene con una intensidad que a veces abruma.

Realidades que antes temía y ahora amo.

Ver lo bueno y lo malo.

Me educaron en la luz. Y eso es algo que agradece mi alma.

No importa que tan malo sea, siempre hay maneras de iluminar. En vez de ensimismarme, me expando en recorridos posibles: cómo guiar a otros para que encuentren su propia salida de ese espacio oscuro.

Tengo que mirar hacia adelante.

Tengo esa facilidad.

Claro que el tiempo es un factor que nunca llegué a incluir adecuadamente en la ecuación. Es demasiado lento o demasiado rápido. Por eso aprendí a confiar en los procesos y en mis intuiciones.

Que las cosas no se dan como las veo? Dales tiempo.

Todo llega.

Raíces y alas

Aprendí a enraizarme en el presente y volar alto, alto, tan alto como pueda para vislumbrar el futuro.

Raíces y alas.

Creo firmemente que en eso consiste la libertad.

Aunque hay una libertad de la que pocos hablan: la de ser conscientes de nuestras propias limitaciones.

Cuando hablo de limitaciones no las veo como un «hasta acá puedo llegar», sino más bien como: «este es mi punto de partida».

Desconocer nuestras limitaciones es volvernos esclavas de ellas. Lo opuesto de lo que te han hecho creer.

Va a costar, va a requerir esfuerzo, persistencia, paciencia sortear esos «defectos de fábrica»? Es probable. Pero vale la vida.

Seguramente va a demandar maneras creativas de sortear resistencias internas o externas.

Pero aquello que uno percibe como cierto en lo más profundo de su alma, acaba por cumplirse.

Es tan importante no dejarse drenar la pasión de hacer y ser. Hay que mantenerse vivos y escapar de los determinismos.

Todo lo rígido termina por romperse, por ese motivo: la flexibilidad es el mayor rasgo de fortaleza que podemos atesorar.

Oda a la madurez del niño que ha crecido sin perderse

Los años pasan.

Ya entrados los 40 puedo entender que convertirnos en adultos es una trampa y una bendición.

Bendición porque nos ayuda a sacudirnos los caprichos, las visiones autorreferenciales, zarandear las expectativas hasta que solo quedan las pepitas del oro de nuestro propósito y lo que sentimos que hay que hacer, sin importar los resultados.

Esperamos menos, pero damos más.

Ser adulto es aprender a gestionar la frustración, descubrir lo esencial y priorizarlo. Ser adulto es aceptar la incertidumbre y amigarte con tus miedos. Es tener la fortaleza para expresarte desde tu singularidad.

Pero se convierte en trampa cuando nos perdemos y encarcelamos al niño que siempre seremos, cuando se nos pierde la autenticidad, el juego, la imaginación. Cuando nos vence el miedo al fracaso, al qué dirán. Cuando dejamos de ser espontáneos y sorprendernos. Cuando se nos acalla la curiosidad.

Cuando anteponemos los mandatos externos a nuestra propia percepción interior.

Cuando tomamos las creencias forjadas en nuestros aprendizajes y las convertimos en estructuras rígidas por las que vemos la vida.

911 del alma

Cuando tengas algo que decir, decilo.

Desde el corazón.

Cuando escribís desde la urgencia de compartir el impulso pasa por el corazón y lo tiñe todo, las palabras llegan . Fluyen, se entremezclan, se imprimen y vuelan.

20 años es un montón.

7 años también.

Pero no importa.

Tengo algo que decir, y aquí estoy.

Con esta urgencia. Con esta pasión latiéndome en los dedos y en las neuronas.

Qué algarabía es sentirse vivos.

Quiero compartir durante este año parte de las reflexiones que he ido desarrollado durante este tiempo. Esas visiones de cuestiones imprescindibles.

Cada mes iré planteando algunos temas que considero nodulares para la próxima década y anhelo que podamos conversar sobre ellos para sembrar juntos el germen de lo que vendrá. Ojalá los hados nos sean propicios.

Me acompañas?

Decires de aquí y de allí

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