2º propuesta: Educar el pensamiento

educar el pensamientoHay una vieja máxima budista que dice: “Como el hombre piensa, así es él” , por tanto… es preciso educar el pensamiento.

Ahora bien ¿Cómo se educa el pensamiento? Básicamente el pensamiento se educa con experiencias concretas.

Para algunos esto puede ser una revelación, pero no es con palabras o conceptos como se conforma la primera estructura de la mente, sino con acciones observables.

Por eso es tan valioso el ejemplo que nosotros como padres, docentes o adultos responsables podemos brindarle a nuestros niños.

Las leyes morales, los valores, lo valioso, las relaciones, la forma de vincularse con el mundo, consigo mismo… cada uno de estos aspectos van configurando la mente del niño, conformando la personalidad del adulto.

De ahí que:

“La verdadera educación es la que vincula las partes integrantes del hombre y a este con su medio circulante y después con el todo mayor donde tiene que desempeñar su parte”  DK

El estado de cosas actual

Si hay algo que necesita el sistema educativo es coherencia y humildad. Más allá de los recursos, las curriculas, las “agendas” ocultas o visibles de los gobiernos y las culturas… la educación debería educar para la vida.

Pero, qué es educar para la vida. La vida no es un trabajo, un título, una condición social, un estado civil. La vida es una experiencia continua de asombro, aceptación, cooperación y enseñaje; la vida es un descubrir tu propósito y lo que te hace verdaderamente luminoso. Centarnos entonces en esas experiencias es fundamental para un crecimiento natural y una sociedad más sana.

Curiosamente el sistema educativo e incluso las familias -con una erronea percepción de lo que es la vida- comienza por llenar las mentes de datos, idiomas, deportes, competencias, destrezas, posesiones, deseos, frustraciones. Quieren niños exitosos, polifacéticos, brillantes… pero en su afán de mostrarse a través de sus hijos, terminan por sembrar la infelicidad y el dolor.

El ahora impacta sobre el después

Aquí la clave es lograr determinar el foco de atención y precisar dónde está centrada principalmente la conciencia. Claro que en la vida hay que trabajar, relacionarse, investigar, vestirse, comer, dominar la tecnología, tener nociones de matemática, geografía, física, saber expresarnos correctamente, y un largo etc. Pero el foco debe estar puesto en lo que trasciende, en lo que permanece más allá de los vaivenes. Educar el pensamiento es educar  para la vida. 

Debemos aprender a educarnos; tomar conciencia de nuestras acciones, palabras, emociones es convertirnos en ejemplo y guía natural de los adultos del futuro. No delegar la educación en el sistema educativo, hacernos cargo de nuestros hijos es hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestras limitaciones y potencialidades. Desarrollar un entorno equilibrado, auténtico, luminoso es nuestra principal obligación. Perdir ayuda si la necesitamos, ser humanos… dar amor.

El amor sincero, sin apegos, es el condimento esencial de la vida y, sin lugar a dudas es la puerta de acceso a la felicidad. 

{Foto vista en Pinterest}

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