1º propuesta: Educar para el Servicio

servicio es empatía

“El verdadero poder es el Servicio” Francisco

Cuando hablamos de educación nos referimos a algo más grande y más profundo que escolarizar. Educar se relaciona directamente con formar, con extraer las potencialidades que cada persona trae consigo. En ese orden reflexivo, la educación debe ser integral, flexible, humana y debe abarcar todos los órdenes de la vida.

Si bien educar es, en cierta manera, trabajar para que cada sujeto descubra y ponga en acto sus potencialidades individuales, no podemos estar ajenos a la mirada, la palabra y el sentir del otro. Somos seres sociales y como tales las relaciones interpersonales son parte de nuestro día a día.

Hoy vamos a reflexionar sobre el tono que le imprimimos a esas relaciones y el lugar que cada uno elige ocupar en el concierto universal.

El mundo es lo que soy?

Nuestra experiencia directa termina manipulando la percepción del otro o es la percepción, nuestra forma particular de mirar el mundo, la que marca el grado de experiencia vivienciable?

Nuestra perspectiva interna determina nuestra forma de percibir el mundo externo: Las cosas son lo que pensamos de ellas.

Nuestra forma de enfocar determina nuestra forma de mirar; nuestra forma de mirar nos impulsa a accionar de una determinada manera. Tantas veces nos hablan del vaso medio lleno o medio vacío…  ¿y si el vaso estuviera en su justo medio? y  si nuestro rol fuera llenarlo? O si, como dirían los monjes budistas, estuviera para quitar la sed y no para especular sobre él?

La percepción que tengamos sobre el otro va a ir marcando, no solo la forma en la que lo “encasillamos”, sino las experiencias que estoy dispuesta a vivir con él.

Si ese sujeto me cae mal, no habrá cosa -por muy loable que sea- que la considere como una virtud. Por el contrario si me cae bien, todas serán virtudes y me resistiré a ver algún mal… culparé al otro, al sistema, a “la mano negra”… pero nunca haré cargo del error al sujeto.

Ningún sujeto es perfecto, ningún sujeto es completamente imperfecto.

El demonizar a alguien o endiosarlo es propio de las mentes infantiles. La realidad que nos golpea es bien distinta al imaginario que supimos construir. Los seres humanos sufren, son felices, aman, odian, se equivocan y realizan actos heróicos. La ambivalencia, la incertidumbre, el cambio son palabras más cercanas a esas realidades.

Frente a esta realidad… se yergue la debilidad humana y, paradójicamente su grandeza. Somos débiles individualmente, nuestra fortaleza se desenvuelve desde el contacto con el otro. Desde los vínculos empáticos y  las acciones solidarias forjamos nuestra magnitud humana. 

 Ser con otro, Ser para el otro

En este mundo de incertidumbres hay una gran verdad: la energía sigue al pensamiento, es decir, nos terminamos convirtiendo en lo que pensamos de nosotros mismos. El mundo será tal y como yo lo vea, ni más… ni menos.

Un lugar de sufrimiento, si dejo que mi autoconmiseración y pesimismo se apodere de mí.

Un lugar en el que arremangarse y dar, si dejo que el sentimiento de solidaridad y optimismo sea el que me impulse.

Un lugar lleno de milagros, si aprendo a ver con el corazón.

Un lugar lleno de oportunidades, si me guío por la intuición.

La mejor forma de encontrarse, es perderse; correrse del centro de la ecuación, dejar de mirarse el ombligo. Ser para otro es la forma más loable de vida. Porque mientras uno está ocupado en dar, hay otros que siempre estarán ocupados en darnos. El ciclo es tan simple y tan maravilloso.

Enseñarle esto a nuestros hijos, alumnos es orientarlos en una vida llena de alegrías.

Educar para el servicio es educar desde el ejemplo. Y para dar el ejemplo tengo que pasar de las palabras a la acción.

Servir es dar a cada quien lo que necesita, de la forma en que lo necesita.

Educar para el servicio es aprovechar cada oportunidad que la vida nos da, para amar, dar, ayudar. De la forma en que nos salga, con los recursos que tengamos, dando siempre lo mejor de nosotros sin esperar un resultado.

Educar para el servicio es comenzar a tejer un mundo desde la base de humanidad, conectarnos con el aspecto luminoso de los otros.

Educar para el servicio es amar la humanidad que hay en el otro.

… Es amar nuestra propia fragilidad y nuestra propia fortaleza.

… Es vincularse desde el corazón y accionar sin que intermedie la especulación acerca de resultados o agradecimientos.

… Es comprometerse con el mundo, ser pro-activo, despojarse de los “pero” y abrazar los “para”.

El verdadero poder es el servicio y la verdadera educación tiene que acompañar, alentar y ayudar a gestionar la capacidad de dar!

Decires de aquí y de allí

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un comentario!! yeah :-) → “1º propuesta: Educar para el Servicio”

  1. […] Hacer servicio no tiene que ver con llenar una bolsa con comida o acercar un colchón. Hacer servicio significa poner el corazón dentro del plato de comida. Amar la humanidad que hay en el otro. [sobre esto escribí aquí] […]

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