7 cosas que mi hija me enseñó

Tener hijos te cambia la vida, eso te lo dicen todos y parece casi un lugar común. Pero es la pura verdad!!!

Los hijos te impulsan a redefinir tu existencia, a comprender el mundo con una nueva mirada.

Algunos padres y madres se resisten a este cambio tan profundo, otros aprenden a adaptarse y los que saben entregarse a la experiencia de la maternidad/paternidad se transforman en seres más luminosos.

Es que estar cerca de los niños es aprender a sentir la presencia divina, la inocencia, la calidez, la autenticidad que muchas veces olvidamos. Preservarlos es nuestra responsabilidad; aprender de ellos, un hermoso desafío.

Puede que no seas mamá o papá, eso no te impide acercarte a este maravilloso mundo, si abres los ojos encontrarás muchos niños de los que aprender.

Con Aimé aprendí:

1) A redefinir mi escala de valores y aprender a elegir.

Los niños son la viva imagen de tu verdadero yo, te muestran tus estados emocionales, tus pensamientos. Dejan al descubierto todo aquello que durante años trataste de ignorar. En un punto, Aimé se convirtió en mi gran maestra de autoconocimiento, me impulsa a vivenciar aquello que aprendí en Plenitud.

¿Cuáles son nuestros valores? No los que lucen lindos en el board de la office, sino los que ponemos en práctica día a día. ¿Qué elegimos?  El amor, el tiempo de compañía, la familia se transforman en tus verdaderos must. Y para ello hay que aprender a elegir y priorizar. No se puede tener todo a la vez!

2) A ser mejor persona.

Por eso de que los niños repiten lo que ven y no tanto lo que les decís. Tener hijos te lleva a ser mejor persona, a ser coherente,  a ser más solidario, menos consumista, más conciente de mis pensamientos y acciones. A gestionar mejor mis emociones.

3) A reactivar mi costado lúdico (innovar)

Los niños tienen una forma muy curiosa de pensar, será porque no están contaminados de las rutinas y los “ya lo se”, será porque no tienen tanta carga emocional encima… lo cierto que meterse en su mundo te despeja la cabeza y activa tu capacidad de innovar. Comenzás a ver las cosas desde otro lugar y eso te da mucho poder para hacerlas distintas.

4) A filosofar (again)

Te hacen cada pregunta! jajaja y los por qué se convierten en tu nueva fuente de motivación reflexiva. Se quedan pensando en algo que dijiste o en algo que vieron… no son de conformarse con cualquier respuesta, les tiene que “cerrar” (a ellos, no a vos!). El asunto es que sus preguntas te obligan a reflexionar sobre tu día a día, sobre tus reacciones, tus relaciones. Te incentivan a buscar formas de decir.

5) A ser más flexible y empática

Trabajar con niños cerca puede ser muy gratificante o una verdadera pesadilla. Si no desarrollás la flexibilidad y aprendés a cultivar un sentido de la concentración multitasking… estás frita!

Aprender a verlos, a saber con una mirada, a veces con una intuición, qué les pasa, cómo están; pone en juego la empatía. Comenzás a ocuparte más de los demás, de sus necesidades. Comenzás a ser más humano!

6) A perderle el miedo al ridículo

Cantar a viva voz en un colectivo? done!

Saltar en una pata por la calle? done!

Jugar a las escondidas en el barrio? done!

Llevar con orgullo peinado (despeinado) hecho por niña? done!

Llevar paragua de Campanita (abierto y sin niña cerca)? done!

Con los niños se te va eso del miedo al ridículo y te das cuenta que lo único ridículo es andar por la vida pensando en lo que los demás opinen de vos.

7) A amar de una forma completamente nueva

Cuando pensabas que tu corazón no podía amar más… entonces se agrando… y se agrandó… y se agrandó…

Cada día que pasa en la vida de una madre es una aventura increíble por los senderos del amor. Los ves crecer (no sólo física, sino emocional y madurativamente), los vez manifestar y desarrollar su naturaleza, los ves interactuar, los ves aprender y reaprender. Cuando te abrazan espontaneamente, cuando te dicen “te amo” con esos ojitos tiernos, cuando te quieren explicar cuál es el peinado que necesitan, cuando se rien… con esa risa que ilumina el universo!, cuando lloran y se acurrucan entre tus brazos, cuando cantan y bailan porque sí, cuando te leen cuentos o hacen dormir a sus bebés, cuando vienen corriendo a abrazarte después de no haberte visto por un ratito, cuando “trabajan” al lado tuyo o te hacen una galletita con casancrem “para que no te levantes”….

Qué quieren que les diga… el amor nunca es amor completo si no viene en formato de niño!!!!!!!

Propio, ajeno, prestado… el amor de un niño es la medicina más poderosa contra la estupidez humana!

Decires de aquí y de allí

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8 comentarios, y contando... → “7 cosas que mi hija me enseñó”

  1. sandra 2 años hace  

    Hermoso, Cintia…y tan real!!!!
    que sigas disfrutando a pleno la maternidad!
    te mando un abrazo

  2. norma 2 años hace  

    hermoso muy real me pasa lo mismo con mi hija es algo tan maravilloso y dificil de explicar con palabras y me senti muy identificada con este blog, gracias

  3. Héctor 2 años hace  

    ¡Realmente muy hermoso Cintia!

  4. [...] escribí en TuRemanso: “Las 7 cosas que me enseñó mi hija” y hoy pensaba en buenas excusas para pasar tiempo junto a tus hijos, sobrinos, nietos, [...]

  5. fatima 2 años hace  

    propios, ajenos , prestados ellos y ellas siempre miran con el corazon , siempre esperan de ti lo mejor . Trabajo con niños y niñas y soy madre de 4 asi es que estoy rodeada de la mas eficaz medicina contra el desgano.
    ¡¡¡vivan los locos bajitos¡¡¡

  6. Marce 2 años hace  

    Que hermoso y cuantas verdades!!!! Siempre nos haces ver un lado distinto de las cosas… Qué lindo y qué bueno!!!! Seguí inspirándote y transmitiendo tus aprendizajes que nos hace muy bien!!!

  7. Norma 2 años hace  

    Qué bueno, me emociona y me siento muy identificada!!! La vida es distinta (y mejor) con niños cerca!

  8. Carolina 2 años hace  

    Todo lo que dices es cierto, me sucede que cuando quiero priorizar estar con mi hija o hacer otras actividades, siempre quisiera estar con ella,es tan graciosa, da tanto amor, crea tantos escenarios en su mente y los vive realmente que con s
    olo verla por horas soy masque infinitamente feliz

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