Internet modifica nuestro cerebro ¿y la escuela?

Una amiga me envió por e-mail este interesante artículo: “Cómo Internet está cambiando la forma en que funciona el cerebro“.

Curiosamente (grandiosas simetrías!) venía reflexionando sobre las TICs, las redes sociales y cómo van transformando la forma en la que percibimos y accionamos en el mundo.

Los niños nacen con una intuición especial para lo tecnológico, y van creando una forma particular de relacionarse con su entorno. Son capaces de comprender los mecanismos de aparatos y programas sofisticados (mecanismos que a nosotros nos supone una inversión de tiempo y concentración) y de generar sus propias herramientas de aprendizaje significativo.

Frente a esta realidad, enfocar acciones educativas destinadas sólo a repartir conocimientos enciclopédicos, parece una pérdida de tiempo y dinero.

Lo que se necesita es aprender a jerarquizar; aprender a discernir lo esencial de lo superfluo, lo real de lo ilusorio. Lo que se necesita es poder producir contenidos a partir del análisis y de la síntesis; nutrirse intelectualmente de en comunidad. Lo que se necesita es encontrarle un sentido, un hilo conductor a la infinidad de conocimientos esparcidos por  Internet.

El principio de horizontalidad

Hoy más que nunca podemos afirmar que en el principio de enseñaje (término acuñado por Bleger para señalar el feedback enseñanza-aprendizaje) se desarrolla gran parte de la realidad educativa.

Los roles se han trasformado: el verticalismo está dejando paso a la formación de redes; el individualismo se rinde frente a la colaboratividad; la memoria de la información es reemplazada por la capacidad de jerarquizar y seleccionar información relevante. Frente a este panorama el docente cobra un nuevo sentido.
Creo que existe un mundo que evoluciona y requiere de  una acción educativa que esté a la altura de los desafíos del siglo XXI. Y con esto no me refiero a la utilización indiscriminada de la tecnología, sino a un cambio de mentalidad, a una urgencia de creatividad y flexibilidad, a una coherencia entre el pensar, sentir y hacer/decir.

Hoy el conocimiento puede estar a un clic de distancia, desconocer esta realidad es negar el principio de educación permanente. Creo que es tiempo de abandonar las aproximaciones apocalípticas e integradas y formar un nuevo estilo de apropiación del saber y reconocimiento del mismo. Más parecido a la vida misma, con menos burocracia y más fluidez.

Es tiempo que la sociedad comience a valorar las capacidades y fomente las bondades del autodidactismo. No es justo que quienes buscan el saber por sí mismos, armando sus propias curriculas y construyendo saberes colectivos no sean reconocidos por un sistema que en definitiva alienta el paternalismo, la memoria selectiva, la desconexión de los saberes y la intelectualización de la realidad.

Una y otra vez lo que falta hoy en día es coherencia.

Coherencia entre realidad  e institución educativa.

Coherencia entre apropiación del conocimiento y reconocimiento social del mismo.

Coherencia entre esfuerzos, compromisos y resultados.

Decires de aquí y de allí

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un comentario!! yeah :-) → “Internet modifica nuestro cerebro ¿y la escuela?”

  1. Héctor 5 años hace  

    Esta semana platicaba con mis alumnos sobre el “día del internet” y preguntaba que hacian con el y como seria su vida sin el.

    Sin duda ya es algo natural para ellos, el usarlo para actividades personales como el comunicarte con otros, investigar, jugar… pero lo que trato que hagan es que lo usen para que aprendan en conjunto, los motivo a que sus actividades esten orientadas a generar una inteligencia colectiva.

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