El arte de alcanzar la felicidad

La anécdota

Hace unos años tuvimos la gracia de recibir en nuestra casa a un monje budista.

Se imaginarán que no es cosa de todos los días y que como buena occidental y ama de casa estaba preocupada en qué le prepararía para comer. Me sorprendió muchísimo cuando su traductor me dijo: “come cualquier cosa”. ¿Cualquier cosa? -pregunté asombrada- ¿Come carne? “Sí, cualquier cosa, inclusive carne”.

Le preparamos junto a mi marido las clásicas delicias argentinas, bife de lomo incluido. Conversando con el Lama le comenté que me había sorprendido que comiera carne. Lama Chimmi me respondió: “Como lo que hay en la mesa, todo pruebo, en pequeñas cantidades.” Efectivamente comió todo lo que habíamos preparado, una cucharada o sorbo de cada cosa, agradeciendo cada vez.

Durante la charla me explicaba que lo que se debe atender principalmente es en evitar el deseo (“quiero comer esto o aquello”) y el apego a cualquier tipo de alimento. Le pregunté cómo hacía cuando iba a un restaurant, y el me contestó que comía lo que su traductor o quien lo llevara pidiera para él. Lo importante no es qué se come, en este caso, sino cómo y en qué proporción se come. Hablamos acerca del justo medio, del Bhagavad Gita y de las diferentes escuelas de Budismo.

Luego hablamos de la mente, de lo que el budismo tibetano enseñaba acerca de ella. Yo le compartí el punto de vista teosófico acerca de la mente y los procesos mentales, él se mostró muy interesado al respecto.

Lama Chimmi me preguntó acerca  del estilo de pensamiento occidental,  había percibido que durante sus charlas la gente estaba más preocupada en llamarse a sí mismos budistas antes que en escuchar las enseñanzas. Muchos de ellos simplemente querían pavonearse acerca de sus “logros”. Evidentemente los movía más el deseo que la necesidad de aprender.

Fue una experiencia fantástica, un redescubrir el punto de vista budista de primera mano, de un ser inofensivo, alegre y notoriamente feliz. Lo mío fue un “reacomodamiento de fichas”, un proceso de insight.

Algo similar me sucedió hace poco con la visita del Dalai Lama a la Argentina. Fuimos junto con un grupo de amigos de Plenitud a escuchar su charla sobre el Entrenamiento de la Mente en 7 pasos amen de una profunda serenidad, tuve la sensación de haber comprendido muchos de los procesos en los que venía trabajando internamente durante estos últimos años.

El Dalai Lama hablo acerca de la ausencia de existencia independiente (Vacuidad) en el mundo manifiesto y en el error conceptual de separarnos a nosotros mismos como entes independientes.

El deseo, el apego, la violencia y la conducta abusiva son consecuencias directas de ese error conceptual que trae aparejado el sufrimiento y la infelicidad.

La reflexión

Queda claro que se educa con el ejemplo. Que las palabras refuerzan o debilitan lo que el ojo ve,  la emoción percibe o el cerebro procesa. La fascinación que occidente tiene con el budismo radica en la contemplación de la felicidad como algo viable y duradero. El problema está cuando sólo aplicamos los preceptos de forma cosmética, sin comprender internamente los mecanismos que hacen del budista un ser feliz.

Los mecanismos son simples, nuestro problema es que pensamos demasiado 🙂 sobre este tema estaré hablando en el taller de noviembre: sobre nuestra capacidad de felicidad infinita, sobre el rol de los otros en la construcción de mi propia felicidad, sobre los mecanismos para modificar nuestra actitud frente a la vida y sobre la verdadera naturaleza de las cosas.

De momento los dejo con las palabras del Dalai Lama: ser auténticos y honestos es uno de los remedios más efectivos contra el estrés y la ansiedad. Somos creadores de nuestro entorno, reflexionemos sobre esto.

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