Hacia una cultura de la complementación

Si hay algo que valoro y disfruto es la capacidad que tienen ciertas personas para comprender las naturalezas humanas y poner en palabras aquello que observan con claridad. Tal es el caso de Pilar Sordo, psicóloga chilena, quien en su libro “Viva la diferencia!” realiza una semblanza de las naturalezas femeninas y masculinas, sus puntos de unión y sus diferencias constitutivas.

Lejos del feminismo y del machismo, dos formas de separatividad y discriminación, el concepto nodal del libro es sin lugar a dudas la aplicación del Tao (yin-yang) y la teoría Jugniana (anima-animus). Un excelente ejercicio para poner en acto la complementación, comprender las diferencias, aceptarlas e iniciar un nuevo ciclo en el que cada uno logre valorar en profundidad su rol y su ser-en-el-mundo.

Con lenguaje sencillo y ejemplos que hacen sonreír, Sordo reconstruye lo que nos acerca o nos aleja a hombres y mujeres, destaca lo que nos hace únicos, quita las piedras que se interponen en nuestra comunicación cotidiana y nos lleva a vernos tal cual somos.

Producto de  una investigación de 4 años, su estudio logra distinguir 9 aspectos psicológicos que lo femenino y lo masculino abordan de distinto modo.

Veamos uno de ellos: Mientras a la mujer la moviliza el afecto, el hombre se rige más por el logro de objetivos. Una mujer está bien en la medida que la gente que la rodea está bien con ella; mientras que el hombre está bien cuando puede ir cumpliendo los objetivos que se ha propuesto (valorar más algo no implica desconocer lo otro, aclaro) Quizas por eso la mujer valora más los procesos que los resultados, mientras que el hombre va en sentido opuesto.

Aquí dos consecuencias obvias de este tipo de apropiación de la acción:

A) Vieron que los hombres prefieren hacerse una lobotomía antes que pasar una tarde mirando vidrieras? bueno, por eso, el hombre no disfruta del proceso de la misma forma que nosotras; a no exigirles. La próxima vez que quieras ver vidrieras invitá a una amiga o reconocele a tu hombre que haya compartido ese tiempo con vos, realmente se merece un monumento; aunque para vos no sea gran cosa… para él si!

B) Vieron que cuando las mujeres comienzan a contar su día el relato se vuelve un poco meticuloso al gusto masculino?… bueno, por eso, nosotras disfrutamos del proceso de relatar… hombres sepan comprender y acompañar ya que valoramos también su reacción afectiva frente a nuestro relato, que escuchen con cara de poker no nos suma.

Pequeña síntesis del primer capítulo: La mujer es movilizada por lo afectivo, el hombre por el logro de sus metas; la mujer valora los procesos, el hombre los objetivos cumplidos; lo masculino separa-ordena, lo femenino reúne-junta; lo masculino es por naturaleza monofocal, lo femenino, multifocal; la mujer resuelve sus conflictos hablando, el hombre en silencio; la emoción negativa frecuente en las mujeres es tristeza, en los hombres, la rabia; los tiempos personales y la experiencia del juego difieren al ser vividos por hombres y por mujeres; La mujer tiende a externalizar el objeto de su felicidad o de su frustración, el hombre a internalizar.

Pilar Sordo aborda el aspecto psicológico desde la mirada jugniana y deja en claro que ser mujer y ser hombre tiene sus privilegios, ambos roles son fundamentales en la constitución de una sociedad sana y libre. Escapar de lo que nos hace mujeres u hombres nos vuelve infelices. Hay que aprender a disfrutar de nuestro rol, sin culpas, sin peros, sin excusas. Cada ser tiene algo maravilloso que lo convierte en una luz única e irrepetible, proponete brillar con anhelo… sin importar lo que los otros esperen o exijan de vos.

Comprender y comprendernos es el primer paso para una convivencia más armónica.

Siempre me ha parecido que el dicho “sólo se puede amar aquello que se conoce” es la síntesis perfecta de mi paso por el mundo… siempre me motiva saber, conocer, explorar las conductas humanas porque muy en el fondo siento que sólo de esta manera puedo amar a la humanidad en plenitud.

Estoy convencida que este tipo de aproximaciones (al igual que los libros sobre el cerebro femenino y masculino -de Louann Brizendine – y la civilización empática) llevan hacia un único camino: la cesación de las disputas, la colaboración y la complementación constructiva.

Decires de aquí y de allí

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