Entre sombras y verdades eternas

Continuando con la segunda parte de: “Un mundo de ideas perfectas“, hoy vamos a contarles (al menos superficialmente) cuál es la teoría gnoseológica que defiende el filósofo griego. Según Platón resulta que hay dos mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible o mundo de las Ideas. Ambos mundos son opuestos, veamos algunas de sus características:

Ideas Cosas sensibles
Únicas Múltiples
Inmutables Mutables
Idénticas a sí mismas Contradictorias
Atemporales Temporales
Necesarias y Universales Contingentes y particulares
Participadas Participantes
Modelos/ Arquetipos
Independientes Dependientes
Perfectas Imperfectas
Trascendentes Intrascendentes

De esto se desprende la existencia de dos modos de conocer: la Doxa u opinión y la Epistéme, el conocimiento propiamente dicho. Ambos asuntos (grados del Ser, grados del Conocer) los veremos representados en este gráfico que colgamos en este post.

En rigor de la verdad, no es que hay exactamente dos mundos, sino que el mundo que conocemos como propio es una imitación, una sombra de lo que la verdadera realidad es.
Los hinduístas dirían que estamos inmersos en los pares de opuestos, “deja que las gunas revolucionen entre ellas” le habría dicho Krishna a Arjuna según cita el Bhagavad Gita (que se encuentra inmerso en la Epopeya “El Mahabaratha”): “Te preocupas por lo que no debieras preocuparte, aún son tus palabras de falaz sabiduría…”
Platón lo plantea desde lo que se da en llamar: el paradigma de la línea, su teoría gnoseológica en la que resume lo que él cree acerca de las formas de conocer. Lo plantea como una especie de camino desde la ignorancia hasta el conocimiento absoluto, un ascenso espiradado en el que el diálogo es el protagonista.
Eso lo aprendió de su maestro Sócrates, el preguntador, la capacidad de sacar del humo, luz .
Este paradigma planteado en el libro VI de La República pone evidencia en dos mundos -el mundo sensible y el mundo inteligible- a quienes le corresponden dos formas de conocer: la Doxa (opinión) y la Epistéme (ciencia) respectivamente. Para explicar esta teoría nos cuenta un mito o alegoría: el de la caverna (en el libro VII).
Podemos inferir que aquellos esclavos que se encuentran dentro de la caverna viven un estado de Eikasía (imaginación) ya que toman por cierto aquello que son sólo sombras. Ellos, obviamente, no conocen otra forma de relacionarse con su realidad.
Dejemos por un momento la caverna y situemos nos en nuestro presente techie: en el cine, en el home theatre de la casa con las persianas y cortinas cerradas. El mundo que se nos representa en la pantalla es un mundo de sombras, una representación de la realidad. Desde el momento que tomamos por cierto aquello que es sólo imaginación o sueño  (ya sea porque nunca existió o porque aunque haya existido está representada por actores que ni siquiera están allí) estamos rigiéndonos bajo los principios de la Eikasía. Nos emocionamos: reímos, lloramos, nos enojamos con lo que en la pantalla acontece como si se tratase de la vida real.
Otro de los grados de conocer, dentro del mundo sensible es la Pistis, con ello Platón hace referencia a la creencia y al sentido común (en la medida que el sentido común considere que estos objetos sensibles representan la verdadera realidad). En el campo ético la Pistis consiste en creencias correctas acerca de lo que debe hacerse, pero que no están acompañadas de conocimiento (Epistéme) y en este sentido son ciegas, aunque suficientes para la acción.
Por el hecho de ser creencias uno es incapaz de dar razón de ellas, son imperfectas, inseguras y vacilantes; como toda cosa sensible.
Ya entrando al mundo inteligible, el mundo del pensamiento propiamente dicho, la Epistéme,  encontramos en un primer término a la Diánoia. Este tipo de conocimientos se vale de diagramas o dibujos como representaciones imperfectas de los entes a los que se refiere, es decir a los objetos de pensamiento puro. Tales ilustraciones sirven a modo de puente para pasar de lo sensible a lo inteligible, por ejemplo las figuras geométricas son puentes entre los objetos sensibles que las encierran y la Idea de geometría.
Otra de las características de la Diánoia es que es un conocimiento hipotético, de pronto el estudio de las ciencias nos obligan a abandonar el puro testimonio de los sentidos y a confiar en el pensamiento. Es un conocimiento indirecto.
En segundo término encontramos: la Nóesis. Se caracteriza por ser puramente intelectual, sin ningún elemento sensible, imágenes o ejemplos, es un conocimiento de puras ideas, iluminadas por la idea del Bien, que es lo que les da intangibilidad y fundamento. La idea del Bien es lo que hace que las ideas sean, les otorga vida.
La forma de alcanzar este tipo de conocimiento es la dialéctica, el diálogo, la conversación que nos ayuda a ascender desde el mundo sensible hacia el mundo inteligible.
La Noésis es, entonces, un conocimiento absoluto: es la idea del número, del matemático; la idea del movimiento, del físico; la idea de justicia, del abogado.

Veamos cómo funciona esta teoría en un caso práctico: la idea de Justicia es un ente inteligible que sólo puede ser conocida a través de la Nóesis en su real naturaleza. Como reflejo de esta idea surgen, entre otras cosas, los sistemas jurídicos de las Naciones, a quienes ubicaremos dentro de las cosas sensibles, más precisamente en la Pistis.
Ahora pensemos en un abogado que, para defender a su cliente, tergiversa la ley humana en su alegato, tratando de presentar como justo o disculpable lo que en realidad es injusto y punible; aquí la ley estaría deformada de tal manera que quien resultase convencido por el abogado se encontraría en estado de Eikasía.

Este tipo de ejemplos los encontramos a diario en todos los campos del conocimiento humano, el médico, el psicólogo, el intelectual… existen momentos en el que tergiversamos la Idea y la volvemos Eikasía, nos dejamos pensar por las sombras, nos convencemos que la representación de las cosas son las cosas en sí. Miremos nos, ¿dónde estamos? ¿Este es el lugar en que queremos estar?  No nos confundamos, muchos están aún atrapados en la cueva, sólo que esa caverna es mental. Estamos cómodamente sentados, contemplando nuestros prejuicios, nuestros esquemas mentales que no reparamos que en realidad estamos completamente a oscuras, viviendo un mundo que no es el real, desperdiciando el potencial que traemos, sometiéndonos a los caprichos intelectuales de otros (es genial la recreación del mito de la caverna que hacen en Matrix), buscando -como si de ello dependiera nuestra vida- el último juguetito tecnológico para estar a la moda, y creyendo con todas nuestras fuerzas que esos objetos físicos o mentales nos llenarán el alma y perpetuarán nuestro sentido de felicidad.
Es tiempo de liberarnos de nuestras cadenas mentales y ascender en busca del verdadero conocimiento… para ello debemos emprender un viaje, un ascenso conciencial desde el devenir (del mundo sensible) hacia el Ser (inmutable y perfecto: las Ideas). Este viaje es un develar y de-velarnos; es un recorrido de autoconocimiento y de reencuentro con lo que en verdad somos: dioses dormidos.
Por supuesto que seguiremos viviendo entre los pares de opuestos, sometidos a caprichos ideológicos, a injusticias o relatividades… pero el estar conciente de que todo ello es reflejo distorsionado de lo que verdaderamente Es, nos alienta a querer hacer, cambiar, comprometernos para despertar a otros de ese letargo intelectual y espiritual. Saber, nos obliga a actuar con inteligencia racional y emocional. Saber nos incentiva a compartir, conversar, iluminar.
Iniciemos el viaje, permitamos nos ser verdaderamente felices, con esa felicidad que no se malogra con el tiempo ni las circunstancias.

Decires de aquí y de allí

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2 comentarios, y contando... → “Entre sombras y verdades eternas”

  1. […] podemos mirar cine con la mente. Son dos experiencias distintas, pero sin lugar a dudas correrse de la eikasía nos permite dimensionar el mensaje en profundidad y atesorar una […]

  2. […] podemos mirar cine con la mente. Son dos experiencias distintas, pero sin lugar a dudas correrse de la eikasía nos permite dimensionar el mensaje en profundidad y atesorar una […]

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