Un mundo de ideas perfectas

Una aproximación a la teoría ontológica y gnoseológica de Platón (1º parte)


Hablar de filosofía en tiempos de Social Media puede sonar un poco retro, sin embargo creo que la filosofía, como proceso reflexivo, es un ingrediente fundamental en la ecuación de una vida madura y consciente. La reflexión sobre nuestro entorno, trae aparejados desafíos, proyectos  y situaciones que nos alientan a abandonar la comodidad de la mediocridad. Filosofar es buscar la excelencia. Filosofar es repensar el mundo y crear nuevas utopías. Se dice en Hacer Historiaestamos a una conversación del mundo que queremos construir“, y qué es conversar sino filosofar, dialogar, buscar la palabra que traerá luz a nuestra vida y a nuestra historia.

Preguntar es, en sí,  la mejor forma de orientarse hacia la búsqueda. Y como dice el dicho, el que busca, encuentra. Así que aquí estamos, buscando una orientación en medio de tanto gadget, de tanta tecnología , información vacía y cambio de paradigma. Buscamos algo que sea permanente, una brújula en medio de la deriva en la que nos vemos arrastrados por la moda y el consumismo de objetos y conocimientos.

En medio de esta vorágine Platón -con su teoría ontológica y epistemológica- se me presenta como una gran alternativa para la reflexión.

Estamos en tiempos de incertidumbres. Instantes sobre instantes, esta es nuestra realidad. Sin embargo la forma de abordarla sigue siendo una decisión personal que forma parte de nuestra idiosincrasia, bagaje personal-social y perspectiva estética. Si logramos vincularnos más con nuestros procesos creativos, seguramente esa realidad cobrará sentido, dejará de ser el libreto escrito por otros para convertirse en  el relato de nuestra propia historia. Hacernos cargo, sentirnos parte y arte de nuestra vida es una de las cosas que nos diferencian como seres humanos.

Hace unas semanas plantee la necesidad personal de expresar un pensamiento desde la literatura, distintas aproximaciones frente a un mismo tema, una especie de paradigma de la linea vivo y mutable. Esta semana me surge la necesidad de vincularme con ustedes a través de la filosofía… filosofemos pues, hagamos de nuestra cotidianeidad un experimento de cambio.

Reflejos nada más…

(o lo que se sabe verdaderamente)

Aristocles (ese era su verdadero nombre, Platón es sólo un apodo que significa: “hombros anchos” o algo por el estilo) está persuadido que existe un verdadero saber, y que este el verdadero saber no puede referirse a lo que cambia, sino a algo permanente; no a lo múltiple, sino a lo uno.

Al llamado conocimiento sensible, es decir, aquel tipo de conocimiento que obtenemos por medio de los sentidos, no deberíamos llamarlo “conocimiento”, sino meramente opinión, ya que es siempre variante, confuso, contradictorio. Por ejemplo: imaginemos que tenemos un remo en la mano, lo observamos detenidamente y comprobamos que es recto; ahora lo introducimos en el agua y se nos aparece a la vista como si estuviera quebrado. Este tipo de conocimiento es vacilante y contradictorio porque su objeto es vacilante y contradictorio y se encuentra en continuo devenir.

Si nuestro saber se edificase sobre cosas sensibles, la consecuencia sería el relativismo.

Ahora bien, el verdadero conocimiento deberá ser de especie totalmente diferente del que proporcionan los sentidos, es decir: constante, riguroso y permanente.

El objeto de la ciencia (entendemos por ciencia el conocimiento exacto y razonado) debe ser lo uniforme y permanente.

Es decir que frente al cambio y a lo relativo Platón busca lo inmutable y absoluto, lo verdaderamente real, única manera, a su juicio, de hacer posible la ciencia y la moral.

Como lo absoluto e inmutable no se encuentra en el mundo sensible, Platón postula otro mundo, el “Mundo de las Ideas” o “Mundo Inteligible” del que el mundo sensible no es más que copia o imitación.

Analicemos esto más detenidamente. La palabra “Idea” proviene del verbo griego “eido”, que significa “ver”; literalmente idea sería “lo visto”; el aspecto o semblante que algo ofrece a la vista, la figura de algo. Tomemos por ejemplo a una silla, en Platón la palabra alude, no al aspecto sensible, sino al aspecto intelectual o conceptual con que algo se presenta, siguiendo el ejemplo, el aspecto no de ser cómoda o incómoda, verde o blanca, sino el aspecto de ser “silla” lo cual no es nada que se vea con los ojos físicos ni con ningún otro sentido, sino solamente con la inteligencia, por eso se dice que se trata del aspecto inteligible de la esencia.

Conviene dejar en claro que para Platón las ideas son algo real, las ideas son las únicas cosas reales, más reales que los objetos que usamos todos los días.

Pero si bien las cosas sensibles y las ideas representan dos ordenes diferentes de la realidad, existe entre ambos una relación de semejanza, copia o imitación; relación que al ver las cosas iguales nos permite pensar en la unidad, así como al foto de un amigo lo recordamos ( ya que existe una similitud entre la foto y el individuo). Del mismo, los sonidos armoniosos se asemejan a la armonía, una pintura bella a la belleza, como las cosas buenas al bien. Pero para que al ver el retrato de mi amigo yo me acuerde de él es imprescindible que antes haya conocido a mi amigo, de otra manera no lo reconocería.

Análogamente, no podríamos decir que dos cosas sensibles son iguales si no supiéramos ya – de alguna manera- qué es la igualdad, así como no podemos decir que un objeto es hermoso sin tener incorporado el conocimiento de la belleza. La igualdad, la belleza son el modelo que cada una de estas cosas imita y sólo su conocimiento previo permite reconocerlas como iguales o bellas.

Como en este mundo sensible no se percibe la igualdad ni la belleza -sino sólo se ven cosas contingentes, iguales o bellas- es preciso que el conocimiento de las ideas lo hayamos adquirido “antes” de venir a éste mundo. Antes de nacer, el alma del hombre habitó el mundo de las Ideas, donde las contempló y conoció en su totalidad y pureza.

Al venir a este mundo y a este cuerpo atraviesa un río –el Leteo, el río del olvido- y ese saber suyo de las ideas se olvida quedando latente, de manera que ahora, en ocasión de las cosas sensibles que ve, va recordando más o menos oscuramente, a los ponchazos, como le sale.

Para Platón “Aprender es recordar” y esta es toda una teoría educativa sobre la cuál podríamos debatir largo y tendido. El concepto que se tiene del ser humano es determinante de la forma que adquirirá la enseñanza y el aprendizaje. Algunas filosofías consideran que el hombre es un cuerpo con un alma… la teosofía cree más que el hombre es un alma en un cuerpo. Somos seres de luz,; “Dioses dormidos” diría Platón.

Decires de aquí y de allí

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4 comentarios, y contando... → “Un mundo de ideas perfectas”

  1. […] con la segunda parte de: “Un mundo de ideas perfectas“, hoy vamos a contarles (al menos superficialmente) cuál es la teoría gnoseológica que […]

  2. Mirta 7 años hace  

    “Aprender es Recordar”
    “Crear”, ¿también es recordar?…

  3. […] analogía con el “Paradigma de la Linea” de Platón la parte superior estaría plenamente iluminada, sería el mundo de las Ideas Perfectas; en la […]

  4. […] ¿Qué planteaba Platón? […]

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