Uno, dos, tres, cuatro; cinco, seis, siete, ocho… insisto, vamos con ganas. Uno, dos, tres, cuatro; cinco, seis, siete, ocho. Vamos chicas, no me aflojen ahora. Último… Uno, dos, tres, cuatro; cinco, seis, siete, ocho.
-Pero che, este edificio es de papel… ¿hay un gimnasio acá arriba?
- No, son unas chicas que hacen ejercicios creo que con uno de esos entrenadores personales, cómo es que se dice…
- ¿Un personal trainer? Mirá vos… ¿y están buenas las pibas?
- Ahora en verano es peor, porque con las ventanas abiertas se escucha más.
- ¡Qué bajón! ¿Pero están buenas las pibas?
- Y dale con lo mismo… si, son lindas… pero son pendejas, no creo que tengan más de 20… o sea… sos un jovato, dejate de joder!
- Con vos no se puede hablar de nada Roberto, sos un amargo del año cero che!… bueno, seguime contando, ¿qué te pasa? ¿Qué sentís?
- Creo que tengo un poco de fiebre, me agarran como chuchos de frío…
- ¿No estarás encubando una gripe vos? – le interrumpió
- No creo, se siente distinto a una gripe.
- ¿Y vos que decís?
- Ni idea, pero tengo una puntada en la espalda que me está matando.
- ¿Por qué no vas al médico?
- No gracias, entrás por una cosa y salís con otra… si es que salís. ¿No te conté la del vecino de mi prima? Entró por un juanete, se cortó la luz y tuvieron que bajar por la escalera con la silla de ruedas, se cayó y quedó en coma.
- A la flauta! ¿En serio?
- Si, triste…. Pobre chico.
- ¿No estarás exagerando viejo? Para mí que le tenés miedo al tordo y se te da por fabular..
- Pero no, hombre!! ¿Por qué no te fijás a ver si ves algo? – se levantó la camisa
- Espero que no estén mirando tus vecinitas, a ver si se piensan que somos…
– Sos un caso vos eh! – Roberto se rió con ganas
- Tenés un agujero pibe!! UN AGUJERO
- ¿Cómo que tengo un agujero? ¿De qué hablas? Uy Dios ¿¿¡¡Se me rompió la camisa!!??
- No hombre!
- Uff, menos mal, porque era…
- Tenés un agujero en la espalda
- Dejate de joder Carlitos, no me vengas con pavadas que… hay me duele, ¿qué haces?
- Meto el dedo en el agujero… che Roberto no te macaneo, tenés un agujero en la espalda… a ver, ¿no tenés un espejo?
- ¿Un espejo acá? No, Mariana se llevó el único que había -se quedó un segundo en silencio nostalgioso- el del botiquín del baño podría andar, pero ¿para que querés un espejo? ¡¡Che!! Dejate de tocar que me duele!
-Perdón, pero esto es para el circo, quiero que lo veas, es rarísimo… es grande y..
- ¿Qué ves? ¿qué estás haciendo?
- ¿Te acordás aquella canción que decía: “desde que tu te has ido la ventanita del amor se me cerró”?, bueno.. parece que la tuya se abrió.
- ¡¡¡Carlos!!! No estoy para bromas.
- Pero Roberto, vos porque no te ves, esto es para el programa de Chiche! A que no sabés que veo por el agujero?
- Qué se yo!!!
- Se ven tus pulmones viejo… ¿será la puerta trasera que dejó abierta Mariana cuando se fue… ¿o será una ventilación suplementaria? – se rió tan fuerte que el canario se asustó y empezó a revolotear dentro de la jaula.
- Dejate de embromar!! Cómo que se ven mis pulmones!? Quiero ver, quiero ver- parecía un chico
-A ver amargo vení, vamos al ascensor, ahí hay un espejo grande.
- Tenés razón Carlitos – agarró la llave – esperá, a ver si nos quedamos afuera.
- Claro! “siganme que no los voy a defraudar” – se rió- espero no llevarte directo al pozo- ja ja ja ja!!
Se dirigieron al ascensor con prisa. Roberto se quitó la camisa para poder verse mejor en el espejo… no podía dar crédito a sus ojos: un agujero del tamaño de una pelota de ping pong. cinco dedos por debajo de la clavícula; a través de él se divisaban los pulmones y el corazón. Estaba embobado mirándose el agujero, pensando qué cosa extraña lo habría producido cuando se cerró la puerta del ascensor y comenzó a subir. Los dos amigos se miraron petrificados: “¿y ahora?”
Cuarto piso. Se abrió la puerta… fue una situación incómoda para todos: para las chicas porque “aquel tipo del 3” estaba en cueros, para Roberto porque su físico no era para nada el del entrenador que tenía frente a él, para Carlos porque pensaba que ahora todos iban a decir que era homosexual, y para el personal trainer porque el agujero en la espalda le causó repugnancia:
-Señor, tiene un agujero en la espalda – dijo con cara de asco.
- No me diga, – Roberto trató de atajarse sarcásticamente – No me había dado cuenta!
-Copado!!!- las chicas se abalanzaron sobre Roberto
¿A ver? Uh, como un caso de “X Files”, está buenísimo, se pueden ver órganos desde acá- dijo una.
- ¿Cómo te llamás? – Preguntó la otra – ¿te duele?
- Roberto… no, sólo si lo tocan – se ruborizó, tanta mujer revoloteando lo ponía nervioso.
- Algún día podrías venir al club, las chicas estarían encantadas – la pelirroja lo miró con esa mirada que tienen las mujeres cuando se interesan en alguien.
“Zas, ahora resulta que las chicas le dan bola” pensó Carlos ” de Robert Reford no tiene nada el pelado, pero el agujero parece ser buen imán para las minas… que macana che… y yo sin nada estrafalario para el levante. A falta de pinta buenas son ¿ las rarezas?”.
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