El profundo despertar o las meditaciones de Helena

Un rayo de sol entraba por la ventana de la habitación, iluminando a unos libros antiguos que se apilaban desordenados sobre el escritorio. Miles de partículas flotaban en el aire y un profundo olor a nardos se escabullía entre los pocos muebles que completan la estancia.

Me quedé un momento contemplando la biblioteca, miles de versiones de la verdad, millones de palabras conjugadas en millones de sentidos diferentes. Cerré los ojos y suspiré.

El descubrimiento era emocionante, pero no estaba del todo segura si darlo a conocer.

La contemplación de lo paranormal siempre fue una tentación de almas pequeñas. Ejercer desprejuiciadamente los poderes extrasensoriales era como poseer espejitos de colores para confundir y engañar. La mediumnidad,  la telequinesis y los viajes astrales son poderes que me fueron concedidos desde el nacimiento, quizás por esa razón nunca me pareció raro ejercitarlos. Confieso que algunas veces los utilicé para probar que estaba en lo cierto, para demostrarle a aquellas mentes obtusas de qué están hechos los sueños. Pocos me comprendieron, el resto se quedó atrapado en los confines de maya. La gente siempre se burla de no comprende, le tiene miedo.

Me dediqué prontamente al estudio de las ciencias ocultas de una forma seria y consciente, esquivé unos cuantos embaucadores y me entregué plenamente a la investigación y sistematización de la teosofía, porque encontré en ella las respuestas que ni ciencia ni filosofía ni religión podían darme por separado. En cierto aspecto fui una autodidacta; aunque siempre tuve mis Maestros a quienes respeto y admiro, soy lo que se dice una enamorada del conocimiento, una buscadora de la verdad.

He vivido una vida plena, llena de experiencias gratificantes y momentos de aprendizaje. Desde muy chica comprendí la importancia del respeto por el pensamiento y la mirada del otro, me enseñaron a no juzgar, a no condenar, a evitar la tentación de la venganza y la intolerancia. Desde siempre supe que el mundo no es sólo lo que nuestros sentidos acogen, hay mucho más. No fui de las que se sientan a esperar que la vida pase frente a sus ojos. Tomé mis decisiones y me hice cargo de sus consecuencias.

Mi vida no es fácil, pero la vivo apasionadamente.

Fui juzgada, condenada y vituperada. No me importó, en mi interior sentía que debía continuar. Las almas grandes son forjadas por los escollos, nunca nadie es sometido a crisis de las cuales no puede salir aireoso.

Eso lo se, no me lo contaron.

El cuerpo parece desfallecer, la psiquis se encuentra al límite de la locura, pero siempre encontramos la salida. Una luz cálida y extremadamente luminosa nos baña el cuerpo y el alma, una luz que adquiere la forma de una persona o un grupo de personas, sólo hay que saber comprender las señales.

Creo firmemente en la unidad de la raza humana: OM Mani Padme Hum, pero no soy lo que se dice una mujer de fe, lo que tengo son certezas, y se que la ciencia -poco a poco-  irá descubriendo y confirmando aquello que he intentado recopilar a lo largo de mi vida, los conocimientos eternos en los que descansa el origen del pensamiento humano.

Soy una caña hueca. No soy nada y lo soy todo.

“Helena, Helena” . Escucho a lo lejos  que alguien me llama, pero me cuesta abrir los ojos. El sol baña ahora mi cuerpo y me siento a gusto. Son esos pequeños placeres de la vida, de los que  he aprendido a disfrutar. “Helena… Helena, está usted bien?”. Cómo explicarle que estoy en medio de un dilema moral. Dar a conocer mi descubrimiento puede ser algo maravilloso o algo de lo cual me arrepienta todas las vidas que me resten por vivir. “Helena”

Abro los ojos. Estoy en un tren. Ahora recuerdo, mi cuerpo está viajando de nuevo a Rajputana. A veces olvido que mi mente viaja más rápido.

“Preferiría que no interrumpiera mis meditaciones“, le digo con tono seco.

Se escusa bajando la cabeza.

Yo vuelvo a mis reflexiones, pero esta vez creo que tengo la respuesta: develaré el descubrimiento más adelante, cuando la gente pueda diferenciar entre meditación y sueño, entre realidad e ilusión.

Aquella excursión a las cavernas de Karli fue la clave de todo: del centro Alta Mayor, de la luz en la cabeza, la revista y los 7 libros.

Me sonrío.

Esa otra luz que se escabulle de ese centro que se ubica entre mis pulmones, se siente tan cálida y placentera como el propio sol. De pronto comprendo del todo la frase del Maestro Platón: “Dioses sois, y lo habéis olvidado”.

Decires de aquí y de allí

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3 comentarios, y contando... → “El profundo despertar o las meditaciones de Helena”

  1. Marcela 7 años hace  

    Cintia!!! Qué hermosa!!!! Gracias por este hermoso momento… gracias, desde el alma…

  2. Sandra E. Cosentino via Facebook 5 años hace  

    maravilloso leerlo…

  3. TuRemanso via Facebook 5 años hace  

    Gracias Sandrita!!!!!!!!! Un poco audaz de mi parte, pero es que la siento tan cercana.

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