2. Ave María purísima

La mujer no sabía si reír o llorar -de cualquiera de las dos formas, el eco se multiplicaba en proporciones impensadas- así que se quedó callada, sin emitir un suspiro. Ahora que lo pensaba, quizás ahí comenzaba su vocación religiosa, el voto de silencio se le antojaba un sacrificio gratificante… “servir al Señor en el silencio”, pensó sonriendo.
Estaba nublado aquel día, y una suave brisa le rozaba el cuerpo. Caminaba en puntillas, como si temiera que la vibración de sus pisadas despertara al demonio que parecía esconderse dentro de ella. El tiempo que le llevó llegar a la capilla fue casi lo que dura la eternidad. Entró sin reparar en la vieja que pedía limosnas en la puerta, y se dirigió al confesionario justo 15 minutos antes que concluyera el horario para expirar los pecados.
-Perdóneme Padre porque he pecado –murmuró con esfuerzo- han pasado 20 años desde mi última confesión.
-¿Cómo así hija? -el cura saltó de la silla- ¿Habías perdido la fe?
-No padre, la fe siempre la tuve conmigo, -y era verdad eso que decía, se la pasaba rezando e implorando la bendición del cielo cada vez que tenía que enfrentarse a algún desafío mundano- pero no logré hacerme un tiempo para venir.
– Pero hoy has podido, siempre debe haber tiempo para Dios hija. –hizo una pausa incómoda para ambos- reza 50 Padre Nuestros en voz alta, para que te ayuden a reforzar la fe.
– Bien, como Ud. diga Padre. Pero mi consulta se debe a una situación desesperada.
– Cuéntame hija, se sincera conmigo
– Verá Padre – le costaba respirar – no puedo hablar.
– Confía en mí hija, habla con tranquilidad esto es entre tú, el Señor y yo– el cura miró su reloj pulsera y se tragó un suspiro, esa confesión se perfilaba de larga duración.
– No Padre, no, le hablo sin metáforas, me cuesta hablar… cada vez que hablo siento una revolución interior, como si un eco que nunca se calla me llenara los órganos. Sólo estoy en paz en el silencio.
– Continua hija – el párroco se rascaba la cabeza mientras repetía mentalmente el Ave María – explícate mejor.
– Verá Padre, hoy amanecí con un eco en el pecho, no sabría definirlo mejor… sólo se que cada vez que respiro siento como si el aire se multiplicara dentro de mi cuerpo.
– Aha… ¿y esa sensación continua ahora?
– Si Padre, la peor parte viene cuando hablo. Cuando hablo las palabras salen de mi boca, pero es como si se volvieran a meter a mis pulmones… la sensación no es exactamente en mis pulmones, es más bien en medio de mis pulmones, como si tuviera un tercer pulmón, un hueco o una bolsa… y cuando esa bolsa se llena siento como si un eco se reprodujera dentro de mi cuerpo y me hiciera vibrar.
-¿Y que le dice ese eco querida?
– No me dice nada, pero me obliga a estar en silencio, porque en el silencio no siento el eco… sólo el aire.
– Aha, eso quiere decir que seria casi imposible que repitiera en voz alta las oraciones que le recomendé.
– Si, Padre… el vacío es muy grande… no se cómo explicárselo, es como si no tuviera cuerpo, como si me abriera al medio, como si no fuera yo… como si estuviera a punto de quebrarme, de resquebrajarme…. de evaporarme –su voz sonaba temblorosa.
-Mmmmhhh- el cura se restregaba el mentón– esto es obra de Satán! –exclamó- sin lugar a dudas quiere que Ud. se pierda para la Iglesia de Dios.
– Oh por Dios!!! – la mujer estaba espantada – no me diga!! ¿Está seguro Padre?
– Si hija, no hay duda de esto.
Una brisa helada se escabulló por los pasillos de la capilla… había empezado a llover.
– Deben ser todos estos años que no estuve viniendo, es claro que un domingo por mes no es suficiente para huir del demonio… para huir del demonio…. Para huir del demonio…
– Ya lo creo – el Padre comenzaba a inquietarse- pero quédese tranquila hija, no vamos a dejar que se apodere de Ud., tenga fe, Dios es misericordioso y sabrá comprender sus pecados.
– Mis pecados… -repitió- ¿sabrá perdonar todos mis pecados? ¿Ud. cree Padre?
– Si hija, así lo creo…
– ¿Todos Padre?- le interrumpió
– Todos los pecados te serán perdonados, pero debes hacer lo que te indico.
– Perdonados todos mis pecados…– se persignó aterrada – lo que Ud. diga Padre.

“Ave María Purísima” pertenece al quinteto “La caverna de la espalda” y representa a la Pistis

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