5 claves para armar un proyecto para el bicentenario

A raíz de los reiterados pedidos que hemos recibido, pensamos este post para ayudar a los maestros y profesores a armar su proyecto para el bicentenario.

Mis viejos me enseñaron que hay que enseñar a pensar, que hay que poder valerse por uno mismo, aunque a veces haya que pedir ayuda. Todo tiene que ver con una cuestión de actitud, cómo enfrento las situaciones complicadas o las cosas que no conozco: como trauma-dificultad o como desafío.

Cuando era chica siempre le preguntaba a mi papá las palabras que no entendía cuando leía y mi papá me  respondía cada vez, con una definición exacta del término, sus sinónimos y antónimos. Hasta que un día, mi papá no me respondió. Caminó hacia la biblioteca, me señaló los 4 tomos de la Enciclopedia Sopena y me dijo: «acá vas a encontrar todas las respuestas (se refería a las palabras desconocidas), sólo tenés que saber buscar» y me enseñó a buscar en un diccionario.

Al principio no comprendí mucho ese cambio de estrategia, pensé que lo había cansado con tantas palabras que desconocía (nunca me caractericé por leer libritos de cuento). Pero con el tiempo comprendí la grandeza de mi viejo: me estaba enseñando a ser independiente, a buscar mis propias respuestas. Hoy que soy madre comprendo el valor que esa acción tiene, correrse del rol de super-padre para que tu hijo pueda crecer en compañía, pero libre. Aprender a buscar en el diccionario significó tener a la mano un nuevo universo de palabras, significó también el signo de que estaba creciendo y que ese hecho era comprendido por mis padres.
Esta semana en Twitter me llegó esta frase vía @j4vl : «El aire solo levanta a los que tienen alas»… mi papá y mi mamá me dieron alas.

Esto lo cuento porque es importante que se entienda que lo que trato de darles con este post no es un proyecto definido listo para usar, sino más bien una guía para que puedan armar el suyo propio, con su inteligencia, creatividad y ganas de emprender.

  1. Pararse a observar el bosque: Muchas veces nos embalamos tratando de buscar las respuestas tan cerca del tema en cuestión que se nos pierde la perspectiva y nos llevamos por delante el árbol sin poder contemplar el bosque. Aquí resalto tres aspectos a considerar:
    A) Tiempo histórico no es tiempo absoluto. Cuando se habla de bicentenario no se hace referencia sólo al 25 de mayo de 1810… se está hablando de 200 años de historia, 200 años de luchas por la independencia, (de distintos tipos de independencia), de cambios de territorio, de variedad de estilos literarios, de avances científicos, de aprendizajes por ensayo-error, de aciertos y logros. Cada área del conocimiento ha madurado en estos 200 años, sólo hay que poder recrear ese recorrido intelectual, procedimental y actitudinal.
    B) Sumar, siempre es mejor que restar. Se debe comprender la necesidad de adquirir una mirada panorámica de lo que se está hablando, correrse de la comodidad de lo conocido, de mi materia en particular, ponerse en los zapatos del otro, es decir, pararse desde otra área de conocimiento y tratar de comprender la propia desde allí. Armar proyectos trasversales entre distintas áreas parece ser una de las decisiones institucionales más coherentes: aunar esfuerzos e inteligencias, trabajar en red.
    C) Trabajamos con seres en construcción. Recordar el nivel evolutivo de los niños-adolescentes a los que está dirigido el proyecto, no sólo por edades, sino por etapas. Por ejemplo pensar el bicentenario desde el presente en retrospectiva, es una buena opción cuando trabajamos con niños pequeños que se encuentran en los primeros estadíos (de acuerdo a Jean Piaget). Recién cuando se incorpora el esquema de abstracción (dado en el estadio de operaciones formales) podemos plantearlo desde el pasado absoluto y lograr que los chicos se  vinculen con el proyecto.
  2. Aprovechar los recursos que están a mano: No se necesitan grandes inversiones de dinero para generar buenos proyectos. Hay que poder mirar a nuestro alrededor y resignificar los objetos y recursos que nos rodean. Aprovechar las redes sociales y los blogs para crear valor y comprometer a los alumnos en la generación del proyecto. Disfrutar el proceso es la clave para transmitir el valor de su puesta en marcha. Si nosotros estamos entusiasmados y hemos tenido en cuenta aspectos fundamentales (como por ejemplo a quiénes está dirigido el proyecto), es muy probable que tenga una buena recepción.
  3. Desarrollar la creatividad: Cuando uno se traba buscando la solución a un problema, o no puede ver las cosas desde otro lugar es bueno pedir ayuda o salir a «ventilarse», hablar con gente de diferente profesión, edad, expertise… plantearles el tema y escuchar lo que tienen para decir. Hacer una brainstorm (lluvia de ideas)  entre colegas o amigos; muchas veces los chicos mismos son fuente inagotable de ideas. Correrse desde el lugar de siempre, innovar es mirar las cosas conocidas desde otro lugar, es permitirse jugar. Algunas formas que ayudan a cambiar la perspectiva pueden ser: navegar por internet teniendo por finalidad la investigación; plantear un tema determinado en las redes sociales y acopiar su desenvolvimiento, visitar muestras, ir al teatro, buscar alguna película de época… re-aprender a ver, a escuchar, a oler, resignificar los saberes, dotarlos de sentido.
    Les doy un ejemplo: Voy caminando por la calle, pensando una idea para el proyecto sobre el bicentenario, paso por una casa  de empanadas, el olor  me trae recuerdos de  infancia: mañanas en la cocina, preparando las empanadas para celebrar el 25 de mayo en familia, de repente la idea  del proyecto toma forma: puedo encararlo desde el alimento, cómo ha cambiado con los años, cómo ha sido la preparación  de los mismos, ingredientes (flora y fauna autóctona o foránea), influencias culturales,  usos y costumbres, cómo ha influido la alimentación en la salud o enfermedad de las personas, etc.
  4. Involucrar a los alumnos, docentes y comunidad: Para que un proyecto pueda ser viable y exitoso tenemos que pensar hacia quienes está dirigido. Involucrar a todos los actores educativos parece ser la forma de generar mayores expectativas y entusiasmo. Empoderar al factor humano es la clave para generar proyectos con valor agregado, proyectos que puedan saltar el aula y continuarse en la comunidad. Proyectos que pueden mutar y crecer hasta convertirse en algo más. La suma de voluntades crea una fuerza centrífuga que agrupa y potencia cualquier idea. Y aquí otra vez la cuestión de actitud. Plantear el proyecto como desafío, y no como obligación curricular.
  5. Evaluación de proceso: Para que los proyectos puedan tener buenos resultados tienen que tener una cualidad: ser flexibles.  Para ello  hay que  poder evaluar durante el proceso para hacer los reajustes necesarios. No enamorarse de las ideas propias, tratar de generar diálogo, integración, multidisciplinariedad. Los egoísmos y las estrecheces mentales solo llevan a la mediocridad. El camino es lo suficientemente ancho para poder recorrerlo en compañía. Cuando somos varios  caminando hacia un mismo objetivo, algunos pueden distraerse contemplando el paisaje, otros el cielo  mientras otros están mirando por dónde se va… para eso sirve la complementariedad, para nutrirnos y enriquecernos de las miradas de  todos.

Decires de aquí y de allí

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