Historias anónimas

Torres García: América InvertidaPara muchos países latinoamericanos – incluida Argentina– se cumplen 200 años desde la revolución que desencadenó su independencia.

En nuestro espacio hemos iniciado una reflexión sobre este tiempo de celebración y oportunidad, pero es nuestra intención continuarla durante todo este año (al igual que los festejos por los 10 años! ja ja) .

2010, año del bicentenario. Un año para recordar la valentía, la inteligencia, la templanza y la esperanza de un puñado de hombres y mujeres que supieron interpretar la urgencia por la libertad; que pusieron, además, el cuerpo y el alma en la consecución de sus objetivos. Seres humanos que  llenaron de pasión y coraje sus corazones, con un amor más grande que ellos mismos.

Con sus virtudes y defectos: un grupo magnífico de héroes, una generación de emprendedores.

Hubo también otros héroes, menos recordados por los libros de historia, cuyas hazañas a veces increíbles, a veces minúsculas, también construyeron nuestro presente.

América latina: una aproximación a las realidades actuales
En medio de una paradoja historica, latinoamérica se debate entre corrientes contrapuestas. ¿Cómo reconstruir nuestra identidad?
Por: Cintia Vanesa Días(*)
¿Ante el fin de la historia?
Edgar Morin afirmó que más que el fin de la historia estamos presenciando cómo la incertidumbre se apodera de ella. No creo que esto sea del todo cierto: la historia se mueve en espiral. No es ninguna novedad, de las recurrencias históricas nos hablan desde Cicerón hasta Gianbattista Vico. Cambian los actores, el entorno, los medios… pero no los hechos.
Cada generación trae en sus entrañas el gen de la lucha, de la utopía… Aunque durante el trascurso de la vida se desgasta hasta semejar una articulación artrósica, nos queda siempre la esperanza de su renacer, con el advenimiento de la generación siguiente.
Cada 30 años hay sucesos que nos despiertan, basta con revisar la historia. Por ese motivo, no es de extrañar que estemos frente a uno de esos ciclos de cambio… sucedió antes … y está sucediendo ahora.
Latinoamérica late
Latinoamérica se ha caracterizado por tener un nexo especial, un halo etérico de similitudes idiosincrásicas, de sufrimientos gemelos, de alegrías en cadena. Somos un solo pueblo dividido por nimiedades geográficas y especulaciones políticas.
No es necesario ser especialista, alcanza con leer avispadamente el devenir histórico para comprobar un baile cíclico de giros y contragiros.
Si hiciéramos una lectura analógica, observaríamos cómo Latinoamérica se encuentra atravesada por encrucijadas de urgencia, semejantes a las de la etapa fundacional de su vida independiente. Se siente, se vive; el presente iberoamericano está sometido a tensiones globales de inconformismo y violencia.
Hoy, casi a 200 años de la revolución, comienza a brotar un sentimiento de hartazgo, una necesidad de expresión, una desesperación por ser escuchados y hacer valer lo poco de humanidad que aun nos queda
Hay fenómenos puntuales que nos indican cómo Latinoamérica se cansó de la injusticia, de la corrupción, de la postergación histórica, de la exclusión, del silencio. Nos enfrentamos a una reacción de masas. Un acto reflejo ante el hambre. Hambre de justicia, de igualdad de oportunidades, de existencia… pero también un hambre más elemental y primario: hambre de alimentos.
América se volvió orgánica; la gente tomó la palabra como pudo a través de protestas singulares: piquetes, clases y conciertos en la vía pública, velorios simbólicos, ambulariazos; se aventuró a la calle con banderas kilométricas, con sentadas, con silencios, con gritos. … pero aun debe soportar las reacciones aleatorias por parte de gobernantes que eligen suspender sus actividades en el horario de la novela de “la fea”, o desestimar el grosor de la demanda por pequeñeces técnicas.
La incredulidad es un veneno que se ha ido filtrando en la sangre del pueblo, la gente no se afilia a un partido político, ni siquiera a una agrupación sindical. Los sujetos se unen por una causa común pero descreen de aquellos que dicen ser sus dirigentes. ¿Por qué?
Los políticos no son creíbles, se pavonean de todo lo que son capaces de hacer criticando a su adversario, y luego, se paralizan, renuncian al primer escollo, o pierden el control absoluto de su dignidad por unas migajas de poder.
Los dirigentes sindicales no son creíbles, se han enquistado en un pasado de gloria y se niegan a despertar a una realidad invadida por la tecnología, el desempleo, la comunicación y la necesidad. Hacen oídos sordos a todo lo que no conocen y menosprecian al que no comparte sus ideas.
Los intelectuales no son creíbles, se regodean en sus teorías economicistas, en sus especulaciones ajenas a la vivencia cotidiana… se enrolan en las contiendas desde la lejanía del discurso y si las cosas fallan le arrojan la culpa al otro.
El comienzo del fin
Como americanos y habitantes de esta realidad geográfica e idiosincrática estamos traspasados por dos corrientes adversas: la del “hombre light”, que engloba al mundo conocido, y la del “ya basta” que nos incumbe como hijos de esta tierra. La una se caracteriza por el descompromiso, la superficialidad, la indiferencia, la información, el hedonismo y el egoísmo exacerbado; la otra por una necesidad imperiosa de hacerse oír, de participar, de comprometerse en la lucha de lo que se cree justo.
Nos hallamos enfrentados a una paradoja de la historia.
Cabalgamos entre una nueva edad media ( prisioneros de nuestro propio feudo por miedo al robo al secuestro y a la violencia externa, creyentes exclusivos del mercado a quien elevamos nuestras plegarias en una concepción mercadocentrica del mundo) y un periodo preindependentista (de agitación y confusión, en donde la potencia dominante ha demostrado sus problemas de solvencia electoral, entre otras cosas)
A esta altura del análisis debería escribir como Domingo F. Sarmiento (en carta a Juana Manso, fechada en 1865) “Este hecho me hace creer que no estamos tan lejos del comienzo del fin, como parecen creer los que de cerca miran sin ver”
¿El fin de los oídos sordos y los ojos vacíos? ¿El fin de la impunidad? Como manotazos de ahogado la corrupción y la injusticia hacen más ruido… pero la gente ya no calla.
Eso siempre es bueno.
Dijo HPB, “no hay religión superior a la verdad” y esto debería ser nuestra bandera, no como slogan publicitario, sino como sentimiento arraigado en lo profundo de nuestra conciencia de pueblo, de seres humanos, de habitantes del planeta Tierra.
El principio del fin nos platica de un Apocalipsis de mentalidades, de ideas obsoletas; una revolución de las conciencias.
Dicen los filósofos que hay tres situaciones que llevan a que el sujeto reflexione sobre su realidad y su entorno: la capacidad de asombro, la curiosidad, y las situaciones limites.
Hoy estamos frente a una situación limite.
Hacia la reconstrucción de nuestra identidad latinoamericana
La historia es cíclica, pero el circulo se desplaza con un dejo de superación. El espiral es la figura que nos habla de cambio, de una evolución contraria al determinismo. El espiral reacciona a favor de la esperanza, así como la lluvia sacia la sed de las raíces.
No se puede crecer ignorando el origen, es como querer reconstruir un edificio sin cimientos.
Nuestro destino es común, somos pueblos latinoamericanos. Hemos sufrido los mismos males y atesorado las mismas esperanzas. Poseemos idénticas necesidades, luchamos de formas similares.
Nuestro pasado está signando nuestro futuro.
Es en América latina, a comienzos del siglo XIX, donde se define el concepto más avanzado de democracia. Porque no nos engañemos, la idea de democracia de la revolución francesa o de la revolución de americana del norte era “libertad, igualdad, fraternidad”, desde lo político; sin olvidar que además definía a una parte de los seres humanos como menos que humanos. En Estados Unidos la “libertad, igualdad, fraternidad” era para los blancos. Los negros, esclavos alcanzaron su calidad de ciudadanos recién en 1965.
En cambio en América latina Hidalgo, Morelo, Bolivar, San Martín, sólo por nombrar a algunos, creyeron en un concepto de democracia integral, político y como modelo de sociedad. Aquí es el primer continente donde, no sólo se elimina la esclavitud y la servidumbre feudal, sino que además se les reconoce a todos los ex esclavos, indígenas, mestizos, mulatos, el carácter de ciudadanos plenos.
Tristemente comprobamos como en los comienzos del siglo XXI, nuestras democracias se asemejan más a la lucha de intereses que a la igualdad de oportunidades sociales, políticas, económicas y humanas.
Aun nos falta crecer, aun nos falta tomar el control de nuestra vida y hacernos cargo de nuestros actos. Reencontrarnos con glorias pasadas de culturas naturales, sintonizarnos con nuestras raíces telúricas y dejar de pretender ser lo que no somos.
Abandonar la segregación al diferente, engrandecernos de nuestras heterogeneidades y aprender de nuestros errores.
La censura colectiva a toda forma de corrupción, y el cultivo de valores como la solidaridad, el diálogo; la superación de las discriminaciones, la responsabilidad colectiva y el respeto a la dignidad del ser humano dañada por la pobreza, son algunos de los valores que nuestra cultura debe fortalecer para ver realizado el sueño de aquellos grandes que creyeron que un futuro glorioso era posible.
La hora a sonado. Fiat Lux!

Por eso desde TuRemanso vamos a rescatar alguna de esas historias de la mano de Rogelio Díaz Costa y su “Nosotros los sanjuaninos”, un compendio de relatos basados en  recopilaciones de  archivos  históricos de Argentina y Chile.

Este viernes la primera entrega de la serie: “El vestido de la Juanita” + ideas para trabajar en el aula.


Decires de aquí y de allí

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2 comentarios, y contando... → “Historias anónimas”

  1. santita 7 años hace  

    Saben como docente me interesa saber sobre estos relatos que enriquecen el saber de los alumnos. Voy a esperar noticias.

  2. veronica 6 años hace  

    amo voces anónimas, es estupendo!! besos!!

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