América latina y el bicentenario: reconstruir nuestra identidad

En medio de una paradoja historica, latinoamérica se debate entre corrientes contrapuestas. ¿Cómo reconstruir nuestra identidad?


bicentenario¿Ante el fin de la historia?

Edgar Morin afirmó que más que el fin de la historia estamos presenciando cómo la incertidumbre se apodera de ella. No creo que esto sea del todo cierto: la historia se mueve en espiral. No es ninguna novedad, de las recurrencias históricas nos hablan desde Cicerón hasta Gianbattista Vico. Cambian los actores, el entorno, los medios… pero no los hechos.

Cada generación trae en sus entrañas el gen de la lucha, de la utopía, y si bien durante el trascurso de la vida se desgasta hasta semejar una articulación artrósica, nos queda siempre la esperanza de su renacer, con el advenimiento de la generación siguiente.

Latinoamérica late

Latinoamérica se ha caracterizado por tener un nexo especial, un halo etérico de similitudes idiosincrásicas, de sufrimientos gemelos, de alegrías en cadena. Somos, en realidad,  un solo pueblo dividido por nimiedades geográficas y especulaciones políticas.

Si hiciéramos una lectura analógica, observaríamos cómo Latinoamérica se encuentra atravesada por encrucijadas de urgencia, semejantes a las de la etapa fundacional de su vida independiente. Se siente, se vive; el presente iberoamericano está sometido a tensiones globales de inconformismo y violencia.

Hoy,  a 200 años de la revolución, se hace más fuerte el sentimiento de hartazgo, la necesidad de expresión, la desesperación por ser escuchados y hacer valer lo poco de humanidad que aun nos queda. Basta leer las noticias para darse cuenta que Latinoamérica se cansó de la injusticia, de la corrupción, de la postergación histórica, de la exclusión, del silencio. Nos enfrentamos a una reacción de masas. Un acto reflejo ante el hambre. Hambre de justicia, de igualdad de oportunidades, de existencia… pero también un hambre más elemental y primario: hambre de alimentos.

América se volvió orgánica; la gente toma la palabra como puede a través de protestas singulares: piquetes, clases y conciertos en la vía pública, velorios simbólicos, ambulariazos; se aventura a la calle con banderas kilométricas, con sentadas, con silencios, con gritos. … pero aun debe soportar las reacciones aleatorias por parte de gobernantes que eligen suspender sus actividades en el horario de la novela, o desestimar el grosor de la demanda por pequeñeces técnicas. La incredulidad es un veneno que se ha ido filtrando en la sangre del pueblo.

El comienzo del fin

Como americanos y habitantes de esta realidad geográfica e idiosincrática estamos traspasados por dos corrientes adversas: la del “hombre light” , que engloba al mundo conocido, y la del “ya basta” que nos incumbe como hijos de esta tierra. La una se caracteriza por el descompromiso, la superficialidad, la indiferencia, la información, el hedonismo y el egoísmo exacerbado; la otra por una necesidad imperiosa de hacerse oír, de participar, de comprometerse en la lucha de lo que se cree justo, de defender su medio ambiente, de ayudar al que menos tiene.

Nos hallamos enfrentados a una paradoja de la historia. Dos formas de percibir y relacionarse con la realidad. Dos presentes que gestan dos futuros completamente distintos. Creo que estamos no ante el fin de la historia, sino ante el principio del fin. Y esto no debería por qué ser apocalíptico, todo lo contrario. Creo firmemente en un agotamiento de las mentalidades e ideas obsoletas… considero la necesidad de una revolución de las conciencias.

Dicen los filósofos que hay tres situaciones que llevan a que el sujeto reflexione sobre su realidad y su entorno: la capacidad de asombro, la curiosidad, y las situaciones limites.

Hoy estamos frente a una situación limite.

Hacia la reconstrucción de nuestra identidad latinoamericana

La historia es cíclica, pero el circulo se desplaza con un dejo de superación. El espiral es la figura que nos habla de cambio, de una evolución contraria al determinismo. El espiral reacciona a favor de la esperanza, así como la lluvia sacia la sed de las raíces.

No se puede crecer ignorando el origen, es como querer reconstruir un edificio sin cimientos.

Nuestro destino es común, somos pueblos latinoamericanos. Hemos sufrido los mismos males y atesorado las mismas esperanzas. Poseemos idénticas necesidades, luchamos de formas similares.

Es en América latina, a comienzos del siglo XIX, donde se define el concepto más avanzado de democracia. Porque no nos engañemos, la idea de democracia de la revolución francesa o de la revolución de americana del norte era “libertad, igualdad, fraternidad”, desde lo político; sin olvidar que además definía a una parte de los seres humanos como menos que humanos. En Estados Unidos la “libertad, igualdad, fraternidad” era para los blancos. Los negros, esclavos alcanzaron su calidad de ciudadanos recién en 1965.

En cambio en América latina Hidalgo, Morelo, Bolivar, San Martín, sólo por nombrar a algunos, creyeron en un concepto de democracia integral, político y como modelo de sociedad. Aquí es el primer continente donde, no sólo se elimina la esclavitud y la servidumbre feudal, sino que, además, se les reconoce a todos los ex esclavos, indígenas, mestizos, mulatos, el carácter de ciudadanos plenos.

Tristemente comprobamos cómo en los comienzos del siglo XXI, nuestras democracias se asemejan más a la lucha de intereses que a la igualdad de oportunidades sociales, políticas, económicas y humanas.

Aun nos falta crecer, aun nos falta tomar el control de nuestra vida y hacernos cargo de nuestros actos. Reencontrarnos con glorias pasadas de culturas naturales, sintonizarnos con nuestras raíces telúricas y dejar de pretender ser lo que no somos. Abandonar la segregación al diferente, engrandecernos de nuestras heterogeneidades y aprender de nuestros errores.

La censura colectiva a toda forma de corrupción, y el cultivo de valores como la solidaridad, el diálogo; la superación de las discriminaciones, la responsabilidad colectiva y el respeto a la dignidad del ser humano dañada por la pobreza, son algunos de los valores que nuestra cultura debe fortalecer para ver realizado el sueño de aquellos grandes que creyeron que un futuro glorioso era posible.

Hagamos de este año del bicentenario una oportunidad para homenajear con nuestra conducta a aquellos que dieron la vida en pos de un sueño.

Decires de aquí y de allí

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2 comentarios, y contando... → “América latina y el bicentenario: reconstruir nuestra identidad”

  1. […] nuestro espacio hemos iniciado una reflexión sobre este tiempo de celebración y oportunidad, pero es nuestra intención continuarla durante […]

  2. […] La incertidumbre es demoledora. La pregunta es:  ¿Qué hacés con ella? ¿Cómo la integrás a tu vida? ¿Te acomodás, te adaptás, combatís, te dejás vencer…? […]

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