La gestapo del 127

boleto

Hoy venía viajando en el 127.  Sentada, con  la ventanilla abierta, disfrutando de una breve brisa anterior al chaparrón. Todo era perfecto, o eso creía yo. En un momento del recorrido, 10 cuadras antes de llegar a mi destino final, sube el  tipo que controla los boletos: el inspector. Yo creía que esa era una especie en extinción, pues hacía añoooossss que no veía uno.

Me entró como una especie de emoción, un arranque de nostalgia.  Agradecí que en el transcurso de la mañana había tirado los boletos de la semana (boletos que se acumulaban en mi cartera), así que fue muy simple acceder al boleto solicitado por el tipo de barba, el inspector.

– Boleto, por favor – dijo con voz potente. Le estiré la mano con el papelito impreso. -Gracias – dijo mientras analizaba el boleto detenidamente y lo tildaba con una fibra roja .

Un poco decepcionada (¿Dónde estaba el famoso “sacabocado” de antaño? Ya nada es lo que era: el boleto es blanco y aburrido, nadie colecciona el “capicúa” y ahora esto; el tipo te marca el boleto con una fibra… que bajón!) guardé el papelito impreso en la cartera, mientras ideaba un futuro post (ESTE, claro).

De pronto me asaltó otro pensamiento: “soy un aparato …” interrumpido por la voz del tipo que dice:

– Esto está mal, usted debería haber sacado un boleto de $1.

El hombre/mujer (no se bien que era) le dice con voz nerviosa que siempre le cobraron $0,90  para ir a ese lugar. El tipo le dice que va a tener que pagar la diferencia ($ 0,10).

A estas alturas yo ya me tenía que bajar. No se bien qué pasó pero el hombre/mujer baja en mi misma parada.

Al descender del último escalón escucho la voz del tipo que dice, desde el fondo del colectivo:

– ¿Hasta dónde va usted? …

De pronto el recuerdo nostálgico del inspector de boletos, se había transformado en una realidad poco agradable de un sujeto que hurgaba papelitos impresos en busca de la falla  -consciente o inconsciente- de pasajeros desacostumbrados al control.

Curiosamente esta semana vi al menos 5 colectivos fuera de servicio; tirados por ahí, como ballenas que van a morir a la playa (de concreto). Justo ahora que aumentó el boleto… aunque el servicio sigue siendo tan malo como de costumbre y  los simpáticos personajes de la infancia se convierten en viles cuidadores de centavos.

Decires de aquí y de allí

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