Uno podrá comulgar o no con su visión del mundo y la política, podrá estar a favor o en contra de su accionar gubernativo y educativo. Podrá entender o despreciar su pensamiento y sus ideas. Pero lo que no es posible es mantenerse indiferente ante la fuerza arrolladora de un hombre que tenía claro lo que quería y era consecuente con su pensamiento.
Particularmente -y no porque sea pariente lejano mío- lo admiro por sus convicciones, su productividad, su ingenio y su tesón. Puede que haya ideas que no comparta, pero tengo desarrollado el principio de ambivalencia. Principio que nos da la posibilidad de considerar aspectos positivos y negativos en una misma persona; principio que ayuda a evitar la divinización o la demonización; principio que huye del maniqueísmo que tan mal le ha hecho a la historia de la humanidad.
Va hoy mi humilde homenaje a un tipo que supo jugarse por sus ideales, al igual que tantos otros sin rostro que hoy pueblan nuestro querido suelo argentino.
A aquellos maestros y maestras que hacen patria con su ejemplo: ¡Salud!
Himno a Sarmiento
Fue la lucha tu vida y tu elemento
la fatiga, tu descanso y calma;
la niñez, tu ilusión y tu contento,
la que al darle el saber le diste el alma.
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Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tu luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
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En su pecho, la nuñez, de amor un templo
ta ha levantado, y en él sigues viviendo.
Y al latir su corazon va repitiendo:
¡ Honor y gratitud al gran Sarmiento!
¡ Honor y gratitud, y gratitud !
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¡ Gloria y loor ! ¡ Honra sin par
para el grande entre los grandes
Padre del aula, Sarmiento inmortal !
¡ Gloria y loor ! ¡ Honra sin par !
Letra y música: Leopoldo Corretjer
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