A raíz del artículo publicado acerca de si existe la educación 2.0; y como es un tema que vengo madurando hace tiempo (aún antes de gestar con Fer y Pablo el proyecto de Edutuiter): investigando, leyendo y pidiendo la colaboración de la comunidad (en concordancia con la temática actitudinal del siglo XXI) a la que solícitos acudieron @Sursum y @Gusz (luego publicaré más extensamente sus aportes), llegué a la conclusión de que las nuevas competencias de aprendizaje son algo que se encuentra en permanente cambio y apertura.
Basándome además en el pensamiento de Edgar Morin y su idea de los mares de incertidumbre se que hay un archipiélago que tengo claro: “solo sé que nada se” y que todo está por hacerse.
Siguiendo el paradigma de esta nueva manera de conectarse con el conocimiento y apelando a la cooperación y la solidaridad de materias grises presento este post como un conjunto de ideas sueltas que deberán ser fundamentadas o rebatidas, en el fragor de los comentarios y los enlaces.
Para los que trabajamos en educación formal o no formal queda bastante claro que uno de los desafíos que nos toca es lograr un equilibrio entre acomodación y asimilación; adaptarnos, sin renunciar a nuestra esencia. Entre tanta globalización, hegemonía, pensamiento único; también se encuentra solidaridad, heteronomias, pensamiento lateral. Rasgos de este mundo que fluctúa entre el 0.0 y el 2.0. Un panorama que nos sugiere flexibilidad, audacia y prudencia.
Frente a esta realidad la educación se nos presenta como una de las herramientas fundamentales de comprensión, operatividad y creatividad. Ya no la escolarización, que remite a un tipo de enseñanza-aprendizaje pautado y estandarizado; sino la educación planetaria, social, responsable, flexible. La educación en y para el mundo.
Nosotros y la educación. En los tiempos ese nosotros es más abarcativo que nunca, ya que educar no es sólo enseñar a leer y escribir o utilizar un ordenador. En este nosotros deberíamos involucrarnos todos. Para reflexionar sobre estas realidades elegí a pensadores como: Platón, Montessori, Foucault, Freire, Morín.
El café filosófico es un lugar de encuentro y reflexión. La idea no es escupir saberes, sino gestar -entre todos- una nueva mirada. Poder sorprendernos de nuestra cotidianeidad, reconstruir las formas de vincularnos y accionar sobre ella; relacionarnos, enriquecernos unos de otros.
La cita es en la Escuela Plenitud.
El sábado 17 de mayo de 16 a 18 hs
Es necesario pre-inscribirse.
Eso me pregunto yo… ¿dónde está la gente? Porque con los únicos que me cruzo son con los zombis de siempre.
Llueve a cántaros, me olvido el paraguas porque soy una colgada. Trato de refugiarme bajo los techos de la city pero me cruzo con los zombis.
Los zombis, por no decir bolu…. son personajes que caminan [...]
Cuando la realidad política nos abruma con mezquindades, odios y cegueras… busco la contención de las viejas y bellas historias de Disney. Esta vez desde la pluma del genial Lewis Carroll.
¿Da para pensar no? En especial la letra de la canción “en mi país de ilusión”.
¿Se han preguntado alguna vez por qué películas como “Gladiador”, “El último de los mohicanos” o “Corazón valiente” despiertan ese sentimiento especial en nosotros? Inflamados de honor, de dignidad, de esperanzas... creemos que vale la pena intentarlo.
Salimos del cine con la idea de que, quizás, aun es posible cambiar las cosas; pretendemos canjear nuestra forma de comprender y actuar en el mundo... aunque más no sea durante el viaje hasta el café, y la charla de rigor criticando a algún político de turno.